miércoles, agosto 5, 2026

Se celebró ayer el Día del  Párroco

El Día del Párroco se celebra cada 4 de agosto en honor a San Juan María Vianney, conocido como el «Santo Cura de Ars», quien es el santo patrono de todos los sacerdotes y párrocos del mundo.

Juan María Vianney cuando a la edad de 20 años recibió el sacramento de la Confirmación eligió a San Juan Bautista, como su santo patrono. A partir de entonces firmó como Juan María Bautista, o Juan Bautista María, y durante toda su vida el Bautista fue uno de sus santos favoritos. Su humildad, su predicación, su discernimiento y saber espontáneos, y su capacidad para generar el arrepentimiento de los penitentes por los males cometidos fueron proverbiales. Administrador del sacramento de la penitencia durante cuatro décadas a razón de más de diez horas diarias, llegó a hacerlo entre dieciséis y dieciocho horas por día durante trece años, desde 1830 hasta que enfermó en 1843. Se lo considera uno de los grandes confesores de todos los tiempos. Hijo de Matthieu Vianney y Marie Beluze, fue el tercero de seis hermanos, de una familia campesina. Después de una breve estadía en la escuela comunal, en 1806, el cura de Ecully, M. Balley, abrió una escuela para aspirantes a eclesiásticos, y fue enviado a ella. Aunque era de inteligencia mediana, sus maestros nunca parecieron haber dudado de su vocación, sus conocimientos eran extremadamente limitados, acotados a aritmética, historia, y geografía. Encontró dificultades  en el estudio del latín, siendo uno de sus compañeros, Matthias Loras, más tarde primer obispo de Dubuque, quien  le ayudaba en la materia. Como otros muchos seminaristas, hizo una peregrinación al santuario de San Juan Francisco Régis en Lalouvesc  en 1806. Ese mismo año fue dispensado del servicio militar en su calidad de aspirante al sacerdocio. Sin embargo, fue llamado a filas en 1809, el joven recluta ingresó al cuartel de Lyon para ser enviado al ejército napoleónico que invadía España, vía Roanne. El 6 de enero de 1810, Juan María desertó, y con la identidad de Jerónimo Vincent, se ocultó en los bosques del Forez, en los alrededores de Noes. Liberado del servicio militar y de su situación irregular por el enrolamiento anticipado de su hermano menor, el desertor regresó en octubre de 1810 a casa del párroco Balley. Recibió la tonsura el 28 de mayo siguiente. Ingresó finalmente al Seminario Menor de Verriéres a los 26 años, para cursar filosofía en francés. Allí fue compañero de curso de otro santo, Marcelino Champagnat, fundador de los Hermanos Maristas. El 13 de agosto de 1815 fue ordenado sacerdote por monseñor Simon, obispo de Grenoble. Fue enviado a Ecully como ayudante de monseñor Don Balley, quien había sido el primero en reconocer y animar la vocación de Vianney, quien asumió toda la responsabilidad por él, y fue su modelo tanto como su preceptor y protector. En febrero de 1818, tras la muerte de Don Balley, Vianney fue enviado como clérigo a Ars, una aldea no muy lejana a Lyon. Ars no tuvo la categoría de parroquia hasta 1821, siendo  en el ejercicio de las funciones en esta remota aldea francesa en las que se hizo conocido en toda Francia y el mundo cristiano, allí fundó una especie de orfanato para jóvenes desamparadas. Se le llamó «La Providencia» y fue el modelo de instituciones similares establecidas más tarde por toda Francia. El propio Vianney instruía a las niñas de «La Providencia» en el catecismo, y estas enseñanzas llegaron a ser tan populares, que se daban todos los días en la iglesia ante grandes multitudes. Pero la principal labor del Cura de Ars fue la dirección de almas. No llevaba mucho tiempo en Ars cuando la gente empezó a acudir a él de otras parroquias, luego de lugares distantes, más tarde de todas partes de Francia, y finalmente de otros países.

 

Ya en 1835, su obispo le prohibió asistir a los retiros anuales del clero diocesano porque “las almas le esperaban allí”. Desde 1830 hasta que enfermó en 1843, es entonces cuando  pasó de dieciséis a dieciocho horas diarias en el confesonario. Fueron muchos, entre quienes se arrodillaron en el confesonario de Ars, los que aseguraron que Juan María Vianney parecía saber todo de ellos sin conocerlos.

Algunos de nuestros Párrocos:

En Concepción del Uruguay, el Cabildo Eclesiástico de Buenos Aires autoriza levantar la primera Capilla en Arroyo la China el 10 de Mayo de 1778. El crecimiento de la población de Arroyo la China impuso la necesidad de crear una Capilla, “cuyas gestiones en Buenos Aires realizó el vecino Don León Almirón, que viajó a ese efecto”. Finalmente, el 10 de Mayo de 1778, el Cabildo Eclesiástico, resolvió favorablemente el pedido, confirmado por el Virrey del Río de la Plata, Señor Don Pedro de Ceballos, el día 27. El primer Teniente Cura de la Capilla fue el Reverendo Fray Don Pedro de Goitía. La población de Concepción del Uruguay se calculó, en ese entonces, “en treinta familias españolas y otras tantas naturales”. Pero la gestión de Almirón se completa con éxito por  el accionar de Fray Sebastián Malvar y Pinto, quien es nombrado obispo de Buenos Aires y en 1779, en su viaje de España, antes de hacerse cargo de la diócesis y desde Montevideo, emprende una larga gira por Entre Ríos, Corrientes y Misiones, estudiando las condiciones regionales y las necesidades de los vecindarios. Como consecuencia de las conclusiones a que llega, el 19 de junio de 1780, dirige un oficio al virrey Vértiz planificando la creación de varias parroquias, iniciativa que es aprobada por el virrey, el 3 de julio del mismo año, 28 de septiembre de 1780 se erigió de forma oficial la Parroquia.  Tiempo después y años  antes de su participación en la Primera Junta de Gobierno Patrio, Manuel Alberti  fue  párroco en nuestra ciudad.

El reverendo sacerdote Miguel Vidal:

Es quien envió en 1851 la solicitud a Roma a fin de que le fuera otorgada la dignidad de “Filial de la Archibasílica de San Juan de Letrán” a la Iglesia Parroquial del Uruguay. El 23 de noviembre de 1851 se le concede la misma, aunque todavía no se había erigido el nuevo templo que reemplazaría el existente, y que fuera destruido por un incendio el 2 de noviembre de 1849.

Domingo Ereño:

Es otro  párroco destacado de la ciudad nacido en Lemona, Vizcaya, el 6 de mayo de 1811, ha de morir en Buenos Aires el 23 de marzo de 1871. Vistió los hábitos de carmelitas de Lazcano, Guipúzcoa, a los dieciséis años de edad, luego de trasladó a Burgos, y más tarde a Pamplona, donde amplió sus estudios teológicos para ordenarse sacerdote en Logroño e ingresar en el convento de Marquina. Su espíritu combativo le llevó a tomar partido en la guerra entre carlistas e isabelinos, tomando partido por los primeros. En 1839, al firmarse el Convenio de Bergara, que ponía fin a este enfrentamiento y otorgaba el triunfo a los isabelinos, debió exiliarse. Llegó a Montevideo en 1842 y participó del sitio de la ciudad como teniente cura del Cordón. Tomó partido por el general Oribe, para cuya causa militó durante toda su vida. Poco después se trasladó al pueblo del Cardal, más tarde pueblo de la Restauración, donde levantó la primera de las tres iglesias que mandaría construir. Oribe le tomó bajo su protección, nombrándolo párroco de la iglesia de San Agustín. A causa de un motín que se produjo en Montevideo, las fuerzas leales a Oribe —en las que militaba el presbítero Ereño— se vieron obligadas a deponer las armas ante las órdenes del presidente Giró. Ereño tomó el camino del destierro y se estableció en Gualeguaychú, donde obtuvo el amparo del  general Urquiza. Demostró su lealtad a la causa federal manifestando apoyo y devoción por Urquiza y también por el gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas. Fue designado cura y vicario de Villaguay,  donde mandó construir un nuevo templo para la ciudad. Unos años más tarde se estableció en Concepción del Uruguay, donde inició su actuación docente en el histórico Colegio Nacional del Uruguay, junto al doctor Benjamín Victorica. Allí se desempeñó como profesor de latín y vicerrector. Como cura de parroquia, proyectó y realizó la construcción del nuevo templo de la Inmaculada Concepción. En 1857 se establece una correspondencia entre el párroco, Domingo Ereño y el general Urquiza, ya presidente de la Confederación argentina. Se nombró una comisión encargada del proyecto de la construcción del nuevo templo; se encargó al arquitecto Pedro Fossati el plano y el presupuesto de la obra y el 8 de diciembre de 1857 se colocó la piedra fundamental del nuevo templo en el mismo lugar del altar mayor. El 25 de mayo de 1859, fiesta de la Anunciación de María, se inauguró el nuevo y definitivo templo. Éste fue consagrado por Mons. Mario Marini, nuncio apostólico ante el Gobierno Nacional.

Presbítero Andrés Zaninetti:

Nació en Fontaneto D’Agogna, Provincia y Diócesis de Novara, Italia el 22 de febrero de 1881, aunque en algunos documentos y testimonio aparece también el 21 de febrero como fecha de nacimiento. Su padre Battista Zaninetti, hijo de Guisseppe y Domenica Boca, hija de Luigi Boca, nativos de Fontaneto. Su madre Dominga y sus hermanos José, Carlos y Santina. La familia llega a Paraná en 1886. Andrés ingresó, igual que su hermano José al Colegio de “La Inmaculada”, de Santa fe. El 18 de septiembre de 1897 de Manos de Mons. Gelabert; cuando apenas contaba con dieciséis años, recibió Tonsura y cuatro Ordenes Menores en la Iglesia de La Merced de Santa Fe. Llegó al Sub Diaconado el 7 de septiembre de 1902, al Diaconado el 4 de marzo de 1903 y al Presbiterado el 10 de octubre de ese mismo año, todas estas ceremonias celebradas en la Catedral de Paraná , presididas por Mons. de La Lastra. Fue nombrado Teniente de Cura en la Catedral el 26 de diciembre de 1903, ayudando a su hermano José que era el Párroco, hasta 1908. Capellán de Coro, era Cultor de la música sacra y en 1908 viajó a Roma donde estudió con el Abate Perosi. Profundizó sus estudios en Francia y España, en los centros Benedictinos de Solesmes y Silos, respectivamente. Entre 1908 y 1911 se radicó en Italia. El 12 de septiembre de 1910 le escribe a Mons. Salvador Echegaray: “por ahora mis padres aun no quieren saber nada de viajes ultramarinos. Yo pensaba hacer un viaje este mes si mis ocupaciones me lo permitían, pero desgraciadamente he tenido que postergarlo a mejor época ya por varios compromisos, ya por el temor de tener que hacer alguna cuarentena de desinfección en Martin García al llegar a Buenos Aires, por los casos de cólera que se suceden en la baja Italia. Por aquí estamos inmunes del terrible flagelo. Mi primer viaje a la Argentina no será para quedarme; con el tiempo tal vez me decida, según cómo van las cosas y como estén mis padres. En estos días me ruegan para aceptar el cargo de Capellán de la casa del Márquez Leonardi, diputado por este departamento, católico practico y residente en su gran palacio en Gattico donde se encuentra Santina y mi cuñado, el cual es ya médico de la dicha casa. Probablemente aceptaré solo interinamente, pues la ocupación no sería más que decir misa los días festivos y enseñarles religión a los hijos del Márquez, pudiendo siempre ayudar a José en la escuela de Música, pues Gattico dista de esta solo cuarenta minutos…José no tiene descanso con su bendita música, trabaja día y noche, tenemos escuela de canto, treinta niños y otros tantos hombres, saben ya las misas, las vísperas y otros muchísimos cantos… nunca ha gustado tanto la misa como con esta escuela, José sigue siempre componiendo música, la cual es muy aceptada y pedida, solo que la publicaran cuando ya sea vieja para la escuela.” Sigue relatando anécdotas de las fiestas de la Virgen y otras que han tenido en este tiempo y como así también deja otros comentarios en la extensa misiva y le envía sus saludos a los Padres Poyet, Balcala, Borques y un abrazo a su padrino, a quien está dirigida esta carta. A su regreso al país en 1911, ocupó el cargo de Inspector de Parroquias y Capellán de Hospitales en la Diócesis de Paraná, El 4 de marzo de 1911 el Obispo Giuseppe Gamba de la Diócesis de Novara, autorizó su permanencia en la Diócesis de Paraná. Ocupó entonces el cargo de Cura y Vicario de Concepción del Uruguay, en el cual se desempeñó por casi 30 años. dedicándose a las obras económico-sociales y de asistencia social, fundó el Círculo de Obreros, el sindicato de Obreros del Puerto, el Barrio de las Conferencias Vicentinas y los talleres de Barrios, alternando su actividad pastoral con la docencia en la Escuela Normal de Profesores y en el Colegio del Uruguay “Justo José de Urquiza”. Es en esta época que es sinodal por ser Párroco de Concepción del Uruguay, desde el 12 de abril de 1916 a 1939,desde enero de 1921 fue Vicario Foráneo del Distrito Uruguay, existe en el legajo una carta de su hermano José, que desde Borgomanero, adonde han viajado nuevamente; le escribe al Obispo.

–Le cuenta que ha conseguido la mayor parte de las cosas que le ha encargado de Milán. Que en Roma les ha ido bien, han obtenido la audiencia del Santo Padre. Que Andrés se saturó de conferencias sobre altos estudios sociales en que tomaron parte los ases del actual movimiento social italiano y de otros países. Las discusiones eran dirigidas por el Obispo Lombardo, ex Director de la importante Revista Scuola sociale de Milán, Mons. Minoretti, el hombre de ideas más claras que sobre esos temas hablaba en el Congreso. La última noche, fueron obsequiados con un té en la sede de la Federación de las Cooperativas italianas, aprovechando la oportunidad para hablar con el Presidente sobre la Cooperativa Clerical recién fundada en nuestra Diócesis. Esta gente no concibe como en pocos días se pueden subscribir acciones y disponer “statin illico”, como dice Finocchi, de fondos para trabajar inmediatamente… que el 24 salieron de casa, el 25 se embarcaron en el Barceló para Barcelona y el 4 en el Infanta Isabel de Borbón dejaran esas tierras. Que puede imaginar la pena de su gente al ver que ha pasado los meses de la estadía. Y que Andrés no ha sacado del viaje y del descanso el provecho que yo se esperaba, del insomnio no se ha curado no obstante los cuidados de que se le ha rodeado.-

Fue pródigo en iniciativas de carácter social basadas en la doctrina de la iglesia. En julio de 1932 participo con el grupo de jóvenes de la parroquia del 1er Congreso Diocesano de Jóvenes Católicos de Entre Ríos.

 

“El 7 de febrero de 1936 cumplió sus Bodas de Plata con la parroquia de la Concepción del Uruguay. Sacerdote celoso, consagró sus veinticinco años de pastor a la cristianización y fomento de la vida religiosa de la importante parroquia confiada a su solicitud, haciendo llegar su acción sacerdotal no solo al campo religioso sino también al económico, social y cultural de su pueblo. .. Uruguay que lo aprecia sinceramente y que valora con toda justicia su obra, quiso testimoniarle su reconocimiento con demostraciones religiosas y sociales que se realizaron con este objeto”, así dice un artículo del Boletín Eclesiástico de ese año. Resentido su organismo por la gran actividad que ejercía, sintió los primeros síntomas de la enfermedad que debía más tarde llevarlo al sepulcro. Presentó su renuncia a la parroquia, la que fue aceptada el 18 de abril de 1939, permaneciendo en la misma ciudad en una quinta de los suburbios. En noviembre de 1940 la Comisión de Homenaje le entrega un edificio destinado a Oratorio en nombre de la ciudad de Concepción del Uruguay, en gratitud por su larga y fecunda actuación como Cura Párroco por espacio de casi treinta años dirigiendo la parroquia con tanto celo y abnegación. En diciembre de 1947, le escribe a Mons. Zenobio Guilland, haciendo una memoria de lo que ha realizado desde 1911 en su parroquia, el Circulo donde inicia comprando terreno, construcción del edificio y lo deja terminado y funcionando. La biblioteca Buena Lectura que inició con un armario y deja un edificio de tres pisos. Con las Vicentinas, el hogar San Vicente con una cuadra de terreno. La escuela Taller Santa Teresita, la escuela taller San José, la escuela taller María Auxiliadora, Escuela Taller Concepción, todas con terreno y edificio, mucha de las cuales las creo siendo Intendente, (durante un breve lapso de tiempo en el año 1944). Mejoró la casa parroquial, la iglesia. Aquí cuenta que trabajando con el albañil, éste le cuenta que en la pared exterior del Mausoleo del Gral. Urquiza trabajó toda una noche para colocar la urna con los restos del Gral. Más tarde encontrándose con el nieto de Urquiza, el Doctor Luis Maria Campos Urquiza le pregunta si es esto real y se sorprende alarmado porque era un secreto de familia.

“Al templo lo atendí, en sus mejoras, después de encontrarse en pleno desarrollo la obra social cristiana y la feligresía fue entonces generosa y entre instalación eléctrica, bancos, comulgatorio, techos, una refacción que costeo la Sra. Teresa Urquiza de Sans Valiente, veinte mil pesos, el campanario, ornamentos y el soberbio órgano, se han invertido en el templo más de ochenta mil pesos durante mi estadía. Y por último el Oratorio San Andrés que me obsequiara la población”… ”Y en cuanto a la vida religiosa, recuerdo que en un principio era desolador ver un núcleo tan pequeño de fieles que me hacía pensar, aquí hay que vender templo y comprar feligreses y de doscientas comuniones en la fiesta más grande del año se transformaron en dos mil”. En abril de 1948, pidió permiso para visitar a los suyos que residían en Italia y embarcado a fines de mayo, pensaba en el regreso cuando lo sorprendió la muerte después de una brevísima enfermedad. Falleció en Capertongo, Italia el 25 de agosto de 1948. Había dejado a modo de testamento una cartulina o papel de los que se acostumbraba a usar para participaciones de enlace, redactado por el mismo, pero no tenía fecha, ni firma, por lo que quedaba invalidado y fue encontrado entre sus cosas en su casa. En la cláusula más importante determinaba que el inmueble de su residencia con todo lo edificado, clavado y plantado, así como la isla denominada del Canario; pasen a la parroquia de la Inmaculada de esa ciudad para que con la autoridad diocesana a la cual pertenezca se instituya y establezca una colonia de Vacaciones con preferencia de estudiantes de colegio Seminario Diocesano o en su defecto a las huérfanas del Asilo del Sagrado Corazón. Además acuerda que sus servidores María y Jeremías Pratti, permanezcan gratuitamente en la propiedad de su residencia y gozar de los beneficios de la misma.

Como no tenía validez este testamento se inicia un juicio sucesorio del que su hermana Santina es la heredera y da cumplimiento a sus deseos.

Otro sacerdote, sinodal que ha dejado una huella imborrable en la iglesia de Entre Ríos

 

Finalmente hacemos referencia a  la presencia  salesiana en las parroquias  uruguayenses.

El Pbro. José Clemente Silva fue un destacado sacerdote y el primer salesiano local, recordado por su labor pastoral y oratoria a principios del siglo XX. Fue este cura quien abrió el camino para la llegada en 1960 de los curas Juan Bautista Rolando y Pablo Sceliga, quienes a partir de ese momento se hicieron cargo de la Parroquia Santa Teresita del Niño Jesús y fundaron la institución educativa que hoy cubre las necesidades educacionales de un  vasto número de familias, abarcando dese nivel inicial a secundario

 

Elìas Almada

 

Correo electrónico: al,ada-22@hotmail.com

 

Fuentes: Revista de la Ciudad, Historia Hispánica, Infanteria.urquiza, Archivo Histórico Nacional.