En la columna de ésta semana continuaremos tal cual lo comentamos en la de la semana pasada hablando de Urbain Jean Le Verrier (lo conocemos como “Leverrier”), trataremos éstos temas históricos pues nos muestran a ciencia cierta cuál es la diferencia (clara, muy clara) entre lo que es una ciencia y las pseudociencias que tanto están de moda hoy día.
El Sistema Solar de los antiguos consistía en el Sol, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno. A raíz del invento del telescopio por Galileo Galilei en 1610 el astrónomo Williamas Herschel descubrió en 1781 un planeta, al que llamó Urano: se tienen datos de que Urano había sido observado muchos años antes, siendo siempre confundido con una estrella debido a su bajo brillo; Herschel mirando la constelación de Géminis (“Los Gemelos”: https://03442.com.ar/2021/11/columna-de-astronomia-seguimos-comparando-estrellas-pollux/ ) vió que una de las estrellas tenía diámetro aparente (las estrellas siempre son puntuales, los planetas tienen diámetro, son pequeños círculos luminosos) y un pequño movimiento propio, de ello, dedujo que era un planeta al que llamó Urano y en el mejor de los casos tenía un brillo correspondiente a una estrella de 6ta. magnitud (a simple vista, con buena visión, se pueden ver estrellas hasta de 5ta. magnitud, la semana que viene trataremos el tema de las magnitudes estelares).
Determinó que Urano tarda 84 años en realizar una revolución alrededor del Sol y está 20 veces más lejos del Sol que la Tierra.
Durante 50 años se observó el planeta y se hizo evidente que no seguía la órbita que el cálculo determinaba; en 1845 la discrepancia había alcanzado 1 minuto de arco (la Luna tiene un diámetro de 30 minutos de arco) ésta diferencia obligó a los científicos de aquella época a buscar la causa de ello.
Dos astrónomos buscaron la explicación: Urbain Jean Le Verrier en Francia y John Couch Adams en Inglaterra, ambos llegan casi al mismo tiempo y en forma independiente a la misma conclusión: había un planeta que atraía de Urano, hasta le dieron nombre: Neptuno, en los cálculos determinaron la órbita aproximada y su masa.
Ambos habían llegado a ésta conlcusión utilizando las leyes de Kepler y de la Gravitación Universal de Newton. O sea: utilizando las matemáticas habían llegado a ésa conclusión.
El asunto era, ahora, encontrarlo.
Le Verrier le escibrió al astrónomo Johan Gottfried Galle, del observatorio de Berlin para que dirigiera su telescopio a un punto determinado del cielo el 23 de septiembre de 1846 y a menos de 1 grado de la posición propuesta Galle encontró al nuevo planeta, Neptuno.
Le cupo a Le Verrier ser reconocido como el descubridor de Neptuno a través de sus cálculos: Le Verrier había “visto” a Neptuno por las matemáticas, a pesar de estar a 2 850 millones de kilómetros de distancia. Como nota curiosa: Le Verrier murió 30 años después sin haber querido nunca ver Neptuno a través de un telescopio.
Neptuno tiene una magnitud de 8, con binoculares de 7 aumentos, si se sabe hacia que parte del cielo mirar es visible; se encuentra a 30 veces la distancia Tierra-Sol y la órbita alrededor del Sol tiene una duración de 165 años.
Bien, aquí no termina la historia. Sigamos.
Con la observación metódica del nuevo planeta y el pasar de los años, se constató que Neptuno también tenía irregularidades en su órbita, tales irregularidades se explicaron nuevamente con que eran producidas por un planeta más allá de él.
Al igual que Adams y Le Verrier en el caso de Neptuno, el Dr. Persival Lowell del observatorio de Flagstatt en Arizona, EEUU, calculó en la década de 1920 la órbita y parámetros del planeta desconocido.
Muchos astrónomos estaban convencidos de que existía éste planeta, así que se realizaba una frenética búsqueda en los principales observatorios de todo el mundo.
El febrero de 1930, Clyde Tombaugh un joven astrónomo del observatorio de Lowell descubrió un planeta en las posiciones predichas por los cálculos al que llamaron Plutón (https://03442.com.ar/2020/10/329054/), el dios del inframundo.
Aquí vemos dos placas fotográficas originales con la posición de Plutón con respecto a las estrellas de fondo con una diferencia de 6 días (encerrado en el círculo rojo):

Ése puntito en el medio del círculo apuntado por la flecha, ése es Plutón, ubicado a unos 6 000 millones de kilómetros del Sol y que tarda 250 años en orbitar el Sol.
Si puso atención: las placas son de enero de 1930, el descubrimiento es en febrero de 1930. Bueno, se fotografiaba el cielo y la comparación entre imágenes era un trabajo manual que se realizaba con un “microscopio de parpadeo”, éste instrumento permite analizar las fotografías en secuencias rápidas o ‘parpadeos’ a través de un ocular. Así es posible descubrir cambios en la posición o brillo de un objeto. Así que hoy en día, no es posible tener dimensión del tiempo que llevaba comparar los cientos de imágenes que analizaban, una por una.
Dato curioso: Clyde Tombaugh falleció en 1997, la NASA puso una onza (28.7 gramos) de sus cenizas en la sonda New Horizons que fué lanzada en 2006 con destino a estudiar Plutón y el cinturón de Kuiper (https://03442.com.ar/2020/11/columna-de-astronomia-el-cinturon-de-kuiper/ ) y en la tapa de la urna espacial, el siguiente texto: «En el interior están los restos del estadounidense Clyde W. Tombaugh, que descubrió Plutón y la tercera zona del sistema solar. Hijo de Adelle y Muron, esposo de Patricia, padre de Annette y de Alden, astrónomo, profesor, aficionado a los juegos de palabras, y amigo: Clyde W. Tombaugh (1906-1997)»
Bien, fin de la historia.
Volvamos a los párrafos iniciales: ésto que relatamos es lo que distingue a cualquier Ciencia de las pseudociencias que pululan actualmente: las Ciencias poseen una estructura matemática y lógica que permite predecir y conocer las cosas antes de que sucedan; las pseudociencias, se basan en supuestos que son libremente interpretados y no tienen certeza en lo que enuncian ó quieren hacer.
Actividad de Astronomía.




