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Mientras transcurren los pocos minutos que demanda leer esta nota, en algún lugar de la Argentina al menos seis personas habrán ingresado a una sala de hemodinamia para someterse a un procedimiento cardiovascular por cateterismo. Dos de ellas quizás llegaron con un infarto en evolución y un dolor intenso en el pecho. Otras tres, en una intervención programada, probablemente necesitan conocer el estado de sus arterias coronarias después de una prueba que despertó sospechas. Y la sexta es posible que sea un paciente que está por recibir un reemplazo de una válvula cardíaca que, no hace tanto tiempo, solo habría podido resolverse mediante una cirugía a corazón abierto. Detrás de cada una de estas historias existe una realidad poco conocida: la cardioangiología intervencionista se convirtió en una de las especialidades que más transformó el tratamiento de las enfermedades cardiovasculares durante las últimas décadas. La incorporación permanente de nuevas tecnologías, dispositivos cada vez más sofisticados y personal médico rigurosamente entrenado han permitido que -mediante técnicas mínimamente invasivas- se logre modificar el pronóstico de miles de pacientes y ampliar de manera extraordinaria las posibilidades terapéuticas. Pero estos avances cobran todavía mayor dimensión cuando se observa el peso que continúan teniendo las enfermedades cardiovasculares sobre la salud de los argentinos. Según las últimas estadísticas oficiales disponibles, durante 2024 fallecieron en el país 105.130 personas por este grupo de enfermedades, que representaron el 30,3% de todas las muertes por causas definidas. Es una cifra muy superior a la registrada para las enfermedades respiratorias, responsables de 77.523 fallecimientos (22,3%) y también por encima de la sumatoria de todas las patología oncológicas, que ocasionaron 62.572 muertes (18,9%). En otras palabras, prácticamente una de cada tres personas que fallecen en la Argentina lo hace como consecuencia de una enfermedad cardiovascular. “En este contexto, cada avance que permita diagnosticar precozmente una obstrucción arterial, restablecer rápidamente la circulación durante un infarto o tratar enfermedades complejas sin necesidad de una cirugía mayor tiene un enorme impacto sanitario. Precisamente, para poner en valor esa evolución, desde el CACI nos sumamos a la conmemoración cada 16 de septiembre del Día Internacional de la Cardiología Intervencionista, una fecha que recuerda el desarrollo de una disciplina que revolucionó la forma de diagnosticar y tratar un sinfín de enfermedades cardiovasculares”, afirmó el Dr. Alfredo Bravo, presidente del Colegio Argentino de Cardioangiólogos Intervencionistas (CACI). Con motivo de esta conmemoración, el CACI difundió una proyección nacional -elaborada a partir de su Registro de Procedimientos- que permite dimensionar la magnitud que alcanzó hoy esta disciplina en el país. La estadística indica que cada año se realizan más de 250.000 procedimientos cardiovasculares por cateterismo, una cifra que equivale, en términos prácticos, a un procedimiento cada dos minutos. De ese total, aproximadamente 150.000 corresponden a estudios diagnósticos destinados a conocer con precisión el estado de las arterias coronarias o de otras estructuras cardiovasculares, mientras que entre 100.000 y 115.000 son intervenciones terapéuticas realizadas para resolver una enfermedad ya diagnosticada. «Muchas veces se piensa en la cardioangiología intervencionista únicamente cuando una persona sufre un infarto. Sin embargo, la realidad es que -además de la atención del infarto- hoy nuestra especialidad participa del diagnóstico y del tratamiento de un número cada vez mayor de enfermedades cardiovasculares. Esa evolución fue posible gracias a la investigación científica, al desarrollo tecnológico y al compromiso permanente de los equipos de salud con la capacitación y la mejora continua», agregó el Dr. Diego Grinfeld, cardioangiólogo intervencionista y expresidente del CACI. La angioplastia transluminal coronaria (ATC), considerada el procedimiento emblemático de la cardiología intervencionista, es una técnica que consiste en introducir un catéter a través de una arteria -habitualmente de la muñeca o de la ingle- hasta llegar al corazón. Una vez identificada la obstrucción, un pequeño balón permite reabrir el vaso sanguíneo y restablecer el flujo de sangre. A continuación, en la mayoría de los casos se implanta un stent, una diminuta malla metálica que mantiene abierta la arteria y disminuye el riesgo de que vuelva a estrecharse. Todo ello se realiza mediante una técnica mínimamente invasiva que, en muchos casos, permite al paciente recibir el alta en poco tiempo y retomar su vida cotidiana mucho antes que con una cirugía convencional. “Los registros del CACI muestran que cada año se realizan en la Argentina entre 65.000 y 75.000 angioplastias coronarias. Como en promedio se implantan 1,38 stents por procedimiento, se estima que anualmente se colocan en nuestro país alrededor de 105.000 stents, el equivalente a uno cada cinco minutos”, indicó el Dr. Omar Santaera, cardiangiólogo intervencionista, expresidente del CACI. El stent corresponde a un desarrollo del médico argentino, el Dr. Julio Palmaz, quien lo patentó en 1988 en Estados Unidos junto al Dr. Richard Schatz. Desde ese entonces, se estima que casi 50 millones de personas en todo el mundo se beneficiaron con la implantación de este dispositivo en sus arterias. Pocos años después, se desarrollaron los stents liberadores de drogas, que permiten evitar el estrechamiento de la arteria posprocedimiento mediante la liberación paulatina de una medicación específica. Para el Dr. Alejandro Palacios , médico cardioangiólogo intervencionista y expresidente del CACI, «el mejor tratamiento para un infarto sigue siendo evitar que ocurra. Sin embargo, cuando el evento ya se produjo, el tiempo pasa a ser el factor más importante. Cuanto antes logremos restablecer la circulación de la arteria obstruida, mayores serán las posibilidades de preservar el músculo cardíaco y reducir las secuelas. Por eso insistimos tanto en reconocer los síntomas y consultar de inmediato». “En cardiología existe una frase que resume esa realidad: «el tiempo es músculo». Cada minuto durante el cual una arteria permanece obstruida significa una mayor pérdida de tejido cardíaco. Esa es una de las razones por las que la organización de redes asistenciales, los sistemas de derivación y la disponibilidad de equipos entrenados para realizar angioplastias de urgencia durante las 24 horas tienen un impacto directo sobre la supervivencia de los pacientes”, advirtió por su parte el Dr. David Vetcher, también expresidente del CACI. Adicionalmente, en los últimos años las salas de hemodinamia se especializaron en el tratamiento de numerosas enfermedades estructurales del corazón, como reemplazar válvulas cardíacas mediante cateterismo, tratar patologías de la aorta, intervenir sobre arterias periféricas o corregir determinadas cardiopatías congénitas. Muchos de estos procedimientos eran impensados hace apenas una generación y, cuando podían realizarse, requerían cirugías de gran complejidad, internaciones prolongadas y recuperaciones mucho más extensas. “La expansión de la especialidad no estuvo dada solamente por el crecimiento de las angioplastias, sino fundamentalmente por la posibilidad de ofrecer tratamientos mínimamente invasivos para enfermedades cada vez más complejas en diferentes territorios vasculares, más allá del corazón. Hoy podemos intervenir no sólo sobre las arterias coronarias, sino también sobre válvulas cardíacas, la aorta y otros territorios vasculares, ofreciendo alternativas terapéuticas a pacientes que antes tenían opciones mucho más limitadas. El gran avance es que podemos resolver patologías complejas con procedimientos menos invasivos, lo que permite una recuperación más rápida, menor tiempo de internación y, en muchos casos, una mejor calidad de vida y pronóstico a largo plazo”, concluyó la Dra. Amalia Descalzo, vicepresidenta del CACI.
Acerca de CACI CACI desarrolla una amplia actividad científica en el país. Desde el año 1990 realiza un congreso anual de Cardioangiología Intervencionista en distintas ciudades del interior, con una importancia cada vez mayor y una creciente concurrencia. Participa, anualmente y en forma permanente, de los congresos internacionales más importantes de la especialidad en América Latina, Estados Unidos, Europa y Asia. CACI cuenta con la primera y más antigua carrera de Especialista en Cardioangiología Intervencionista del mundo, de tres años de duración, llevada a cabo conjuntamente con la Universidad de Buenos Aires. Ya ha formado a más de 500 cardioangiólogos intervencionistas de Argentina y del mundo. CACI participa, junto a distintas organizaciones de Salud, en el desarrollo de nuevas regulaciones y guías de trabajos, así como en la aceptación de la tecnología de reciente lanzamiento; y es el encargado de supervisar a los médicos y a los centros asistenciales que practican la especialidad en la Argentina.
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