lunes, septiembre 14, 2026

Domingo Faustino Sarmiento- Algunos apuntes sobre su vida, en el mes de la educación y al cumplirse 225 años de su nacimiento

Datos familiares: Nace  en San Juan el 14 de febrero de 1811, pero es anotado un día después por lo que quedo  el 15 como su dìa de nacimiento, falleciendo en Asunción, Paraguay,  el 11 de septiembre de 1888, fue un político polémico por sus ideas, que no tuvo ningún reparo en difundir sin preocuparle demasiado las opiniones contrarias, escritor, docente, periodista, militar y estadista;  entre los cargos que desempeñó podemos citar: gobernador de la provincia de San Juan (1862-1864), presidente de la Nación Argentina (1868-1874), senador nacional por su provincia (1874-1879) y ministro del Interior (1879), entre otros.

Hijo de  Don José Clemente Cecilio Quiroga Sarmiento Funes y Morales y de Paula Zoila de Albarracín Irazábal, hija de  Juana Irazábal y Cornelio Albarracín, descendiente de nobles españoles. Sus abuelos paternos eran  José Ignacio Quiroga Sarmiento y Acosta y Juana Isabel Funes y Morales. El verdadero nombre de bautismo de Domingo Faustino Sarmiento era Faustino Valentín Quiroga Sarmiento, luego su familia comenzó a llamarlo Domingo porque su madre era muy devota de Santo Domingo y aunque no figuraba en su partida de bautismo inicial, él adoptó y firmó toda su obra pública y política como Domingo Faustino Sarmiento; el matrimonio entre Clemente Sarmiento y Paula Albarracín tuvo la suma de 15 hijos, lamentablemente, producto de la época, las enfermedades y las pocas herramientas, solamente cinco pudieron llegar a adultos: Paula, Bienvenida, Rosario, Procesa y el propio Domingo Faustino. La primera en nacer  a los 4 meses de contraer matrimonio fue Francisca Paula, posteriormente Vicenta Bienvenida de Jesús, Manuel Fernando de Jesús de la Trinidad, Honorio María, Faustino Valentín (Domingo Faustino), María del Rosario, Juan Crisóstomo, Procesa del Carmen, Petrona, Antonio, Jesús, Cleofé y Toribia.  Su padre fue un ferviente  adherente a la Revolución de Mayo y en el año 1812 realizo una colecta en San Juan para apoyar al Gral. Manuel Belgrano, fue  soldado del mismo en la Batalla de Salta y luego al mando de San Martin con el grado de Capitán de Milicias, fue organizador  de un Regimiento de Milicianos de San Juan con el cual cruzó los Andes, fue guía y arriero de ganado, además participó en la Batalla de Chacabuco de 1817, y tuvo la misión de traer los prisioneros realista a San Juan luego de la misma,  tambien en Chacabuco estuvo uno de los tíos de Domingo Faustino, el Presbítero José de Oro, capellán del Ejército de los Andes, quien le contó a su joven sobrino en 1826, cuando compartieron el destierro en San Francisco del Monte en San Luis, sobre esas memorables jornadas. En  1829 en el marco de la guerra entre Federales y Unitarios se da la Batalla del Pilar, en Mendoza, padre e hijo combate frente a las tropas del Gral. Félix Aldao, derrotados  salvan sus vidas gracias a la intervención de un pariente lejano, un tal Facundo Quiroga, en esa oportunidad Aldao furioso por la muerte de su hermano hace una gran matanza de prisioneros y entre ellos un amigo de la familia Sarmiento, Francisco Laprida, el presidente del Congreso  de Tucumán al momento de la  declaración de la Independencia.

 

San Martin  y los Sarmientos:

Por influjo directo de su familia, Sarmiento creció con un vívido interés por la figura del Gran Capitán. Es por ello que no resulta extraño que, cuando el sanjuanino debió iniciar su carrera como periodista en Chile, dos de sus primeros artículos fueran sobre las grandes batallas del Ejército de los Andes; más tarde,  al partir de Chile en octubre de 1845 hacia Europa, tuvo como uno de sus principales objetivos conocer a San Martín. Para ello logró que el General Juan Gregorio de Las Heras le escribiera una carta de presentación. El historiador sanjuanino Eduardo Brizuela en su libro José de San Martín y Domingo Faustino Sarmiento ha demostrado, basándose en fuentes documentales, que ambos se entrevistaron dos veces. La primera, y más recordada, fue el 24 de mayo de 1846; duró casi todo el día, donde pudieron conversar a solas. Hablaron sobre la campaña del Ejército de los Andes, la entrevista de Guayaquil con Simón Bolívar y el rol de los sanjuaninos dentro de su gobierno en Cuyo, entre otros temas. Sarmiento resaltó que lo recibió «sin las reservas que pone de ordinario para con los americanos en sus palabras cuando se trata de América». También recordaron gratamente al padre de Sarmiento. Esto último,  escribió «Hizo más franca y cordial nuestra primera entrevista, una feliz reminiscencia del General:

“Conocí un Capitán de milicias de San Juan, don Clemente Sarmiento, a quien entregué después de la batalla de Chacabuco, los prisioneros españoles que debían llevarse a San Juan.”

“Es mi padre, señor, y yo vi llegar los prisioneros…»

Poco después, el propio San Martín le escribió a Las Heras, describiendo de buen agrado el encuentro con Sarmiento a quien  le auguraba «que tendrá un porvenir distinguido». La segunda entrevista tuvo lugar el 18 de julio de 1847 y fue de un carácter diferente, pues San Martín estuvo acompañado por familiares y al parecer fue más corta y tensa.  Debido a que Sarmiento en su presentación para intentar ingresar como miembro del Instituto Histórico de Francia, el 22 de julio de 1847 abordo el tema  «San Martín y Bolívar», donde el sanjuanino ensayó una descripción e interpretación del encuentro que tuvieron ambos Libertadores en Guayaquil en julio de 1822. Pese a que fue invitado a la presentación, San Martín no asistió, ni validó posteriormente su contenido, manteniendo un rígido silencio sobre ese acontecimiento fundamental de la historia de la independencia americana.

Más allá de las discrepancias o distancias finales, su encuentro no solo cruzó los destinos personales de dos personajes fundamentales, sino que dejó asentado un capítulo indispensable para comprender cómo la Argentina comenzó a relatar y valorar su propia historia.

 

Sarmiento y la educación

Por el pueblo en el que nació y creció, el barrio Carrascal, uno de los más humildes de San Juan, Sarmiento no pudo ir a ninguna escuela y sus primeros maestros fueron su padre, José Clemente y su tío José Eufrasio Quiroga Sarmiento. De este modo, quien luego fuera docente aprendió a leer por sus propios medios a una corta edad. Entre 1815 y 1821, Sarmiento cursó estudios en la Escuela de la Patria de su ciudad natal. En 1823, luego de tratar vanamente de ingresar al Colegio de Ciencias Morales en Buenos Aires, trabajó como asistente del ingeniero Víctor Barreau, en la Oficina de Topografía de San Juan. Su tío, el presbítero José de Oro -a cargo de los estudios de Domingo- fue desterrado en 1825, por exhibirse contra las reformas eclesiásticas. Allí mismo y con  15 años funda su primer escuela, la victoria federal en 1831 y el triunfo posterior de Facundo Quiroga al reconquistar las provincias andinas, provocaron el primer destierro de Sarmiento, quien emigró a Chile hasta 1836. En el país trasandino hizo distintas actividades para subsistir. Estudió por su cuenta inglés, francés, alemán, leyó sobre historia y derecho. Trabajó como profesor en una escuela de la provincia de Los Andes, donde tuvo una relación amorosa con la alumna María Jesús del Canto, con quien tuvo a su única hija, Ana Faustina, quien lo acompañó durante toda su vida. En 1836, mientras se desempeñaba como minero, contrajo fiebre tifoidea y, a pedido de su familia, el entonces gobernador, Nazario Benavídez, le permitió volver a su ciudad natal.  Allí fundó el Colegio de Pensionistas de Santa Rosa, instituto secundario para señoritas. Se inició en el periodismo con la creación del periódico El zonda. Creó y dirigió en 1842 la Escuela Normal de Preceptores, primera institución Chilena especializada en preparar maestros. Su labor como pedagogo fue reconocida por la Universidad de Chile, que lo nombró miembro fundador de la Facultad de Filosofía y Humanidades; y en 1845, el presidente Manuel Montt Torres le encomendó la tarea de estudiar los sistemas educativos de Europa y Estados Unidos, hacia donde viajó. En 1848 se casó con Benita Martínez Pastoriza, viuda de su amigo Domingo Castro y Calvo, y adoptó al hijo de ellos, Domingo Fidel (Dominguito), quien al estallar la guerra contra Paraguay y pese a la oposición de su madre, se alistó en el ejército argentino donde obtuvo el grado de capitán. Dominguito murió a los 21 años, en 1866, su muerte lo afecto profundamente. Siendo Ministro Plenipotenciario del Presidente Mitre, partió en misión  a Estados Unidos donde se vinculó con Docentes y pedagogos de aquel país  fue invitado a dar conferencias en Nueva York y nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Michigan y a su regreso convoco a un grupo de maestras estadounidenses, y fundó las primeras escuela Normales de Maestros, con las cuales creo el sistema de formación docente que tuvo vigencia por más de 100 años en nuestro país. Durante la inauguración de la Academia Nacional de Ciencias en Córdoba, ante un salón colmado solo por hombres, Nicolás Avellaneda le cedió la palabra y Sarmiento presagió que en el futuro las universidades tendrían más mujeres que hombres, casualmente dicha academia fue creada un 11 de setiembre del año 1869.

 

Sarmiento y Juana Manso

La relación entre Juana Manso y Domingo Faustino Sarmiento fue una de las alianzas intelectuales y educativas más importantes de la Argentina del siglo XIX. Compartieron una convicción profunda: la educación era una condición indispensable para transformar la sociedad y construir una nación más libre. Pero la historia de este vínculo no puede reducirse a la coincidencia de ideas. Hubo trabajo compartido, debates, reconocimiento, diferencias, proyectos, cartas, publicaciones y una confianza intelectual que se sostuvo durante años. Y hay algo más: muchas veces es el propio Sarmiento quien permite recuperar la dimensión de Juana Manso. Sus palabras muestran hasta qué punto reconocía en ella una educadora excepcional, capaz de comprender y sostener una obra que encontraba enormes resistencias. Cuando Juana Manso regresó a Buenos Aires en 1853, buscó incorporarse a la enseñanza. Su pedido fue rechazado y volvió a Río de Janeiro. Tiempo después, con el apoyo de Bartolomé Mitre y José Mármol, regresó nuevamente a Buenos Aires. En esos años, la educación de las niñas se encontraba principalmente bajo la órbita de la Sociedad de Beneficencia. La enseñanza mixta constituía una experiencia particularmente controvertida y encontraba una fuerte oposición social. En 1859, cuando Sarmiento estaba al frente del Departamento de Escuelas,  impulsó la creación de una escuela de ambos sexos para que Juana Manso pudiera dirigirla. La elección no fue casual. Era necesario encontrar una mujer dispuesta a asumir públicamente aquella experiencia y a sostenerla frente a quienes consideraban inconveniente o incluso inmoral la educación conjunta de niños y niñas. Años después, Sarmiento lo recordaría en una carta a Mary Mann en  1866:

“Yo creé una escuela de ambos sexos para colocarla a ella, a fin de aprovechar de su conocida instrucción, y honrar en ella el talento.”

La incorporación de Juana resultó decisiva para hacer posible aquella experiencia de enseñanza mixta. La relación entre ambos fue creciendo alrededor de la educación. Sarmiento encontró en ella a alguien que no solo comprendía sus ideas, sino que estaba dispuesta a llevarlas a la práctica y a defenderlas públicamente.

En esa misma  misiva a Mary Mann  expresaba Sarmiento: “Es la única persona que se ha apasionado por llevar la cruz sobre sus hombros; y u67sted ve que con decisión y resignada a sufrirlo todo.”,… “Mis cartas, que ella publica, le hacen mucho bien, y la revisten de autoridad.”

En otro de sus textos dejó una frase que se convirtió en una de las expresiones más contundentes sobre Juana: “La Manso, a quien apenas conocí fue el único hombre en tres o cuatro millones de habitantes en Chile y Argentina que comprendiese mi obra de educación y que inspirándose en mi pensamiento, pusiese el hombro al edificio que veía desplomarse. ¿Era una mujer?”  La pregunta final no es casual. En el lenguaje de la época, Sarmiento estaba señalando precisamente aquello que encontraba excepcional en Juana: su capacidad intelectual, su decisión y su disposición para comprometerse con una obra que consideraba fundamental.

Cuando Sarmiento asumió la presidencia, el proyecto educativo adquirió una dimensión nacional. Entre 1868 y 1874 se fundaron alrededor de 800 escuelas, se crearon las  normales, colegios nacionales y otras instituciones. Se impulsaron las bibliotecas populares, se realizó el primer censo nacional y se promovieron instituciones científicas y educativas como el Observatorio Astronómico de Córdoba, la Academia de Ciencias y la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas. La matrícula escolar pasó de alrededor de 30.000 a 100.000 alumnos durante esos años. En ese proceso, Juana ocupó distintos espacios desde los cuales pudo desarrollar su tarea. En 1869 fue designada vocal del Departamento de Escuelas. En 1870 participó de la primera Conferencia de Maestros. En 1871 se convirtió en la primera mujer integrante de la Comisión Nacional de Escuelas y fue nombrada vicedirectora interina de la Escuela Graduada Nº 1. El reconocimiento de Sarmiento hacia Juana convivió con una sociedad que muchas veces la rechazó por aquello mismo que la hacía excepcional.

En una carta dirigida a la misma  Juana Manso desde Nueva York, el 5 de abril de 1866, Sarmiento vuelve sobre los primeros años de la relación entre ambos. Recuerda las dificultades que había encontrado en Buenos Aires y cómo de allí surgió su incorporación a la primera escuela de ambos sexos:

“De ahí vino su colocación de Ud. en la primera escuela de ambos sexos y su posterior vocación a la enseñanza.”

Habla luego del talento de Juana y de la dificultad de reconocerlo cuando la sociedad lo mantiene en la oscuridad:

“Esos son los humildes; pero el talento desconocido por la obscuridad creada en torno suyo, no es despreciable.”

“¿Es culpa del metal precioso o útil, que está a la vista en la superficie de la tierra, oro o hierro, que el hombre que lo pisa al pasar, no baje la vista para que el brillo de uno le revele su presencia, o sea tan ignorante que se imagine que ese ocre rojizo que crece vil tierra, es el duro acero con que han forjado los rayos de la civilización?”

“Existe en Buenos Aires una institución para honrar a las mujeres. ¿Por qué no está la Manso en su seno? Porque es ocre. Verdad es que lo demás es pobre barro; pero todos hemos sido hechos de barro.”

La relación entre ambos no fue, entonces, solamente una amistad intelectual. Se desarrolló en el terreno concreto de las instituciones, las escuelas, las publicaciones y las políticas educativas.

 

Sarmiento en la literatura

Aunque existen textos y autores previos en la historia literaria del país, la crítica coincide en que “Facundo o civilización y barbarie” (1845) de Domingo Faustino Sarmiento es  la obra fundacional de la literatura argentina. Esta obra establece las bases de la identidad, los debates políticos y la tradición narrativa de la Argentina. Incluso literatos como Jorge Luis Borges, han llegado a afirmar que el destino de la literatura y la historia del país habrían sido distintos (y quizás mejores) si se hubiera adoptado al Facundo como el poema nacional en lugar del Martín Fierro. Son opiniones que cada lector sabrá valorar.

Entre las razones por las que es la obra fundacional se destaca:

Sarmiento introduce la fórmula «civilización contra barbarie». Esta tensión define no solo la literatura, sino todo el pensamiento político y social argentino del siglo XIX y XX.  El libro no pertenece a un solo género, mezcla biografía, ensayo político, sociología, geografía y ficción. Esta forma de escribir inauguró una tradición de textos híbridos muy propia de la literatura hispanoamericana.  A través de la figura de Facundo Quiroga, Sarmiento retrata al gaucho con una mezcla de rechazo y fascinación. Describe su psicología, su entorno (la pampa) y su modo de vida, sentando el precedente para la literatura gauchesca posterior.  Rompe con las estructuras rígidas del español peninsular de la época para adaptar la escritura al pulso, la urgencia política y el paisaje rioplatense.

Como podemos apreciar Sarmiento fue una figura influyente en su época y no en vano es parte de nuestra historia.

 

Elìas Almada

Correo electrónico: almada-22@hor¡tmail,com

 

Fuentes: www.Juana Manso.org, Museo histórico Sarmiento, Diario de Cuyo, Presidencia de la Nación, TN y Clarín,  entre otros textos sobre historia Argentina