
La Isla del Puerto se torno, como sucede siempre en una creciente del Río Uruguay, en el refugio de diversos animales, que buscan protección, tierra, descanso y comida en ese bello lugar que siempre fue de ellos, antes de ser convertido en un paseo y playas públicas. Por estos días, con el río volviendo a crecer, tomando para si la Camba-Cuá, carpinchos y algún que otro ciervo se pueden ver seguido en las costas de la Isla del Puerto. Siempre cercanos a la orilla, arropados por la frondosa vegetación del lugar, los carpinhos, los cuises, las pavas del monto, las gallinetas, las tortugas y los teros (estos de manera permanente), se van adueñan del lugar que otrora fue de ellos en su totalidad, hoy compartido con el ser humano.
En estos tiempos, donde todo se mercantiliza, donde los vivillos de siempre buscan sacar rédito a todo, desde el juego hasta hoteles supuestamente sustentables, tiempos en los que vuelven a verse las caras de aquellos que terminaron vendiendo el patrimonio de instituciones centenerias, patrimonio que costo el esfuerzo de generaciones de vecinos para luego irse como si nada, cuidar la Isla del Puerto es un compromiso de todos. La amenaza del fenómeno climático denominado Niño, con precipitaciones en el sur de Brasil y el norte argentino, el río Uruguay es el más reactivo y nuestras costas quedan expuestas a crecidas repentinas y sudestadas, obliga a diversas especies a buscar refugio en ese lugar, debido a su altura artificial que le brinda cobijo.
Por eso, a pasear por el lugar, disfrutarlo, pero con atención y cuidado, manejar con precaución, sobre todo en el camino largo que lleva hasta el bulevar de las playas.




