lunes, julio 13, 2026

El “cortito” no hubiese tenido dudas

“Trionda”. Así se llama el tecnológico balón, fabricado por la marca de las tres tiras, para el mundial que nos tiene en vilo. Explican los entendidos que la pelota incorpora un chip de movimiento capaz de transmitir datos, en tiempo real, al sistema de videoarbitraje para detectar con mayor precisión los contactos y definir jugadas polémicas.

Cada cita mundialista renueva el asombro. Las piruetas con la “Pulpo”, rebotándola contra una pared, es el cándido recuerdo que nos queda de la infancia. Cuando las inimaginables novedades las asimilábamos en la artesanal animación de los “Supersónicos”. Atrapados en el interés de la reconfortante merienda.

Entonces amábamos los domingos del Zonal, con la atmósfera de la ruralidad futbolera, tardes de sol que acaricia, cantina de campo y el efluvio del aceite verde que la memoria olfativa resiste olvidar.

Las frondosas ramas de los eucaliptos de la cancha del Atlético Colonia Elía volcaban hacia el campo de juego, que no era otro que la placita del pueblo. Postal de añorables recuerdos.

Ahí el “Cortito” Quaroni nunca tuvo dudas.

Mandaba a repetir el córner cada vez que la pelota se estrellaba en el tupido follaje (alguna vez hasta tuvimos que apelar a una caña para recuperar la pelota).

Sábado 11 de julio en Miami: Jude Bellingham concede exquisita forma estética al empate de Inglaterra frente a los vikingos de Noruega, con la gravitante colaboración del cable de la spidercam que el flemático colegiado francés no advierte.

Ni el chip de la Trionda, Ni el registro de la sofisticada “frecuencia cardíaca” (evidencia que la FIFA exhibe para la gilada), pudieron dar fe del absurdo.

El “cortito” no hubiese tenido dudas.

Desde el presuntuoso perfil, de “petiso agrandado”, con enérgica determinación, hubiese ordenado: “bote a tierra”.

Como manda el reglamento.

Por Eduardo Gradizuela