Recurro a las palabras para homenajear a este excelente profesional porque le da sentido a este recordatorio. Aclaro que no fui amigo aunque me hubiera gustado serlo, tampoco estaba vinculado al mundo académico y a su equipo formado en esa excelente facultad de la cual los uruguayenses nos sentimos orgullosos la Universidad Tecnológica Nacional (UTN).
Mi relación provenía del mundo del derecho, donde descubrí las excelentes condiciones científicas de este Ingeniero, modesto, honesto y amante de la verdad. Se desempeñó durante muchos años como auxiliar de la justicia tanto provincial como federal en el cargo de perito Ingeniero Mecánico y Accidentológico, teniendo una excelente actuación como Perito oficial y de parte. Va a ser muy difícil reemplazarlo por la calidad de sus dictámenes, sus fundamentos científicos, compromiso, y responsabilidad.
Creo que en el fondo al Ingeniero Rossini le gustaba el derecho, en la especialidad en que era perito, participaba de muchos de sus principios y de su razonamiento, de la ciencia y la experiencia. Destaco su rigurosidad, ética y su capacidad para desentrañar fallas complejas y encontrar la verdad detrás de cada uno de los hechos y a la hora de valorar sus trabajos era garantía de seriedad y certeza en sus conclusiones, siendo especialista en una materia en la que su intervención aseguraba claridad y fundamentos en las decisiones judiciales a las que finalmente se arribaba, evitando aventuras jurídicas en juicios de gran volumen económico. Estas cualidades eran ampliamente conocidas en el Poder Judicial y en el mundo de los abogados, por lo que su desaparición física nos deja un hondo vacío muy difícil de llenar.
Dr. Hector Fidel Rodriguez




