Cada 11 de junio se busca sensibilizar a la población sobre una enfermedad que, detectada en sus fases iniciales, tiene una tasa de curación superior al 90%. Los especialistas insisten en la importancia de los controles anuales a partir de los 50 años.
El cáncer de próstata es el crecimiento anormal de células en la glándula prostática, un órgano del tamaño de una nuez del sistema reproductor masculino. A nivel global, representa una de las principales causas de mortalidad por cáncer en hombres, pero cuenta con una ventaja crucial: es una enfermedad silenciosa que avisa a tiempo si se realizan los estudios adecuados.
Dado que en sus estadios iniciales no suele presentar ningún tipo de síntoma, la medicina insiste en que la prevención es la mejor herramienta.
¿Quiénes deben testearse y cuándo?
Las pautas médicas generales recomiendan iniciar los controles anuales según el perfil de cada paciente:
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A partir de los 50 años: Todos los hombres sin antecedentes familiares.
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A partir de los 45 años: Hombres con antecedentes familiares directos (padre, hermanos) de cáncer de próstata, o varones de ascendencia afroamericana (quienes estadísticamente tienen una mayor predisposición).
Derribando mitos: ¿Cómo se realiza el control?
Uno de los mayores obstáculos para el diagnóstico temprano sigue siendo el prejuicio social. Hoy en día, la evaluación médica es sencilla, rápida y combina dos herramientas fundamentales:
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Análisis de sangre (PSA): Se mide el Antígeno Prostático Específico. Un valor elevado puede ser una señal de alerta (aunque no siempre significa cáncer, ya que puede deberse a infecciones o crecimiento benigno).
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Tacto rectal (Tacto urológico): Es un examen físico que dura apenas unos segundos, es indoloro y le permite al urólogo detectar zonas duras o irregularidades que el análisis de sangre no muestra. Ambos estudios son complementarios; uno no reemplaza al otro.
Síntomas de alerta (en etapas avanzadas)
Cuando la enfermedad avanza, pueden aparecer los siguientes signos, ante los cuales se debe consultar de inmediato al médico:
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Dificultad para orinar, flujo de orina débil o interrumpido.
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Necesidad frecuente de orinar, especialmente por la noche.
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Dolor o ardor al orinar.
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Presencia de sangre en la orina o en el semen.
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Dolor persistente en la parte baja de la espalda, las caderas o los muslos.
Nota importante: Muchos de estos síntomas también coinciden con la Hiperplasia Benigna de Próstata (un agrandamiento natural por la edad), por lo que siempre se requiere diagnóstico médico para diferenciarlos.
Desde ALCEC renovamos nuestro compromiso de seguir promoviendo conciencia, cercanía y prevención.
Cuidarse también es un acto de responsabilidad. ✅

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