Mar del Plata tiene casi cincuenta kilómetros de costa, pero también tiene sierras, lagunas, cervecerías artesanales y un circuito gastronómico que en los últimos años creció lo suficiente como para justificar un viaje aunque llueva todo el fin de semana. Si buscás micros a Mar del Plata con la idea de hacer algo distinto a la playa, la ciudad tiene más que suficiente para llenar 48 horas sin necesidad de pisar la arena.
Un buen punto de partida puede ser Sierra de los Padres, a unos veinticinco kilómetros del centro. Las sierras forman parte del Sistema de Tandilia, una de las formaciones geológicas más antiguas del planeta —entre 1500 y 2200 millones de años. Aunque no superan los 150 metros de altura, el cambio de paisaje respecto a la costa es total.
En la cumbre, tenés un centro comercial con vista panorámica al valle, la Gruta de los Pañuelos y el Peñón de Santillán. Si el día acompaña, se puede sumar una caminata por los senderos o una cabalgata por los caminos de tierra de la zona.
A pocos kilómetros de ahí está la Laguna de los Padres, una reserva de 687 hectáreas donde se puede hacer picnic, pescar o simplemente caminar sin un destino fijo. En el acceso funciona el Museo Municipal José Hernández, instalado en el casco de la antigua Estancia Laguna de los Padres, construido en 1882.
El museo cumplió 66 años en marzo de 2026 y mantiene una muestra permanente que va desde los pueblos originarios de la región pampeana hasta la vida rural del siglo XIX. Hernández pasó parte de su juventud en esa estancia —hacia 1846—, y el lugar conserva incluso una colección del Martín Fierro traducido a idiomas como vasco, piamontés, japonés, guaraní y árabe. Abre todos los días de 10 a 16, excepto los miércoles.
De vuelta en la ciudad, el barrio Chauvin es la parada obligatoria para quien quiera comer bien. Delimitado por las avenidas Colón, Independencia, Juan B. Justo y la calle Arenales, Chauvin viene transformándose en el polo gastronómico más activo de Mar del Plata.
Ahí tenés restaurantes de cocina de autor como Corte & Confección, que lleva ocho años en Castelli 2720 o el espacio cultural y gastronómico Chauvin en San Luis 2849, con microteatro, galería de arte y rooftop. También está la vermutería La Mercceria, especializada en focaccias y con más de veinte etiquetas de vermú.
Y si lo que buscás es cerveza, Mar del Plata tiene con qué responder. En sus calles, concentra más de dieciocho cervecerías independientes. Antares, fundada en 1998 en un garaje del barrio El Grosellar por el ingeniero químico Leonardo Ferrari, fue la pionera y hoy tiene sesenta franquicias en trece provincias. Además, en la calle Olavarría tenés un circuito cervecero con opciones como La Paloma Brewing Company, Ogham, Cheverry y Glück. Los happy hours arrancan a las 18 y las tablas de degustación te permiten probar entre tres y seis variedades en minipintas.
La cuestión es que Mar del Plata, sin playa, sigue siendo Mar del Plata. Las sierras, la laguna, la cerveza y los restaurantes arman un recorrido que no depende del clima ni de la temporada. Y eso, para una ciudad que vive de la costa, es bastante más de lo que muchos esperan encontrar.




