Editorial: Entre el compromiso de unos y el desprecio de otros

La crónica diaria de una ciudad como Concepción del Uruguay suele ser un mosaico de realidades opuestas. En las últimas 72 horas, las noticias han transitado por dos carriles que merecen una pausa para la reflexión: la solidez de las instituciones que nos cuidan y la fragilidad del respeto por lo que es de todos.

Por un lado, nos encontramos con la indignante postal del vandalismo en el Colegio Superior del Uruguay. Que cuatro jóvenes decidan utilizar las paredes del «Histórico» como lienzo para el daño no es solo un delito menor; es un ataque a la identidad misma de la ciudad. El Colegio Urquiza no es solo ladrillos y cal; es el símbolo de la educación laica argentina y un Monumento Nacional. Verlo profanado por la madrugada nos obliga a preguntarnos qué estamos transmitiendo como sociedad sobre el valor del patrimonio y el respeto por la historia.

En la vereda opuesta, la actualidad nos muestra la cara del compromiso. Los operativos policiales que lograron frustrar robos en La Soñada, interceptar a sospechosos con herramientas delictivas en el centro y recuperar vehículos robados en tiempo récord, hablan de una fuerza de seguridad que está alerta. Pero no están solos.

Mención aparte merece la figura del Bombero Voluntario, cuya labor reseñamos recientemente. Ellos representan el punto más alto del contrato social: ciudadanos comunes que, sin cobrar un centavo, deciden profesionalizarse para arriesgar su vida por la nuestra. Mientras unos dañan monumentos en la oscuridad, otros se visten de héroes en el km 161 de la Ruta 12 para asistir a adolescentes heridas en un accidente.

Sin embargo, el esfuerzo de las fuerzas de seguridad y de los bomberos no es magia. El reclamo de los vecinos del Barrio Las Quintas pone el dedo en la llaga sobre una realidad innegable: la seguridad también es infraestructura. Sin iluminación adecuada, el esfuerzo de prevención se multiplica y la vulnerabilidad de las familias crece. La seguridad es una mesa de tres patas: el compromiso policial, la inversión tecnológica y la presencia del Estado en los servicios básicos.

Concepción del Uruguay es una ciudad que se enorgullece de su historia. Para honrarla, no basta con recordar las batallas de antaño; es necesario dar las batallas de hoy: la de la educación para evitar el vandalismo, la del reclamo ciudadano para iluminar los barrios y la del reconocimiento a quienes, de bota y casco, nos cuidan mientras dormimos.

Cuidar lo que es de todos no es solo tarea de la policía o de los bomberos; es el ejercicio diario de ser ciudadanos. Pablo Bianchi/Redacción de 03442