EDITORIAL | Humedales: Mucho más que «agua y barro» en nuestra región

En el Día Mundial de los Humedales, nos enfrentamos a la urgencia de entender que estos ecosistemas no son tierras improductivas, sino nuestra principal póliza de seguro ante un clima que ya no da tregua.

Cada 2 de febrero, el calendario ambiental nos invita a poner la mirada sobre los humedales. Para quienes habitamos la cuenca del Río Uruguay, estas extensiones de agua, juncos y biodiversidad son parte del paisaje cotidiano, tanto que a menudo caemos en el error de la indiferencia. Sin embargo, en un contexto de crisis climática global, Entre Ríos se encuentra en una posición estratégica y, a la vez, de enorme responsabilidad.

Los riñones de nuestra tierra

Llamar a los humedales «los riñones del planeta» no es una metáfora caprichosa. Su capacidad para filtrar contaminantes y purificar el agua es un servicio ecosistémico que ninguna obra de ingeniería humana ha logrado replicar con la misma eficiencia y bajo costo. Pero su función no termina allí: en una provincia marcada por los ciclos de inundaciones y sequías extremas, los humedales actúan como amortiguadores. Son la esponja que nos protege cuando el río crece y la reserva de humedad cuando el sol castiga.

El costo de la desidia

Durante años, prevaleció la idea de que el humedal era «tierra desperdiciada» que debía ser rellenada para la urbanización o drenada para la explotación agrícola. Las consecuencias de esa visión están a la vista: incendios incontrolables en el Delta, pérdida de especies autóctonas y una vulnerabilidad creciente ante las tormentas.

La desaparición de estos ecosistemas es tres veces más veloz que la de los bosques tropicales. No estamos perdiendo solo paisaje; estamos perdiendo nuestra capacidad de resiliencia.

Una deuda política y social

Argentina sigue teniendo una deuda interna: la Ley de Humedales. Un marco normativo nacional que brinde presupuestos mínimos para su protección es una herramienta urgente. No se trata de frenar el desarrollo, sino de garantizar que ese desarrollo no sea el verdugo del futuro. Sin humedales sanos, no hay agua potable segura, no hay equilibrio hídrico y, eventualmente, no habrá producción posible.

Compromiso local

Desde nuestra región, la protección de las islas y las zonas ribereñas de Concepción del Uruguay y alrededores debe ser una política de Estado, pero también un compromiso ciudadano. Evitar los basurales clandestinos en zonas de bañados y denunciar los rellenos ilegales son pasos necesarios.

Los humedales son el patrimonio natural más valioso que tenemos. Es hora de dejar de verlos como «barro y mosquitos» para empezar a verlos como lo que realmente son: la garantía de vida para las próximas generaciones de entrerrianos.