EDITORIAL: El valor de la ilusión en tiempos difíciles

Credito imagen Diario Femenino

Este 6 de enero, como ocurre desde hace generaciones, el silencio de la madrugada en Entre Ríos se verá interrumpido por el crujir de algún papel de regalo, el galope imaginario de unos camellos y el asombro de los más pequeños. La llegada de los Reyes Magos no es solo una fecha en el calendario litúrgico o comercial; es, ante todo, un refugio de inocencia que resiste el paso del tiempo y las crisis.

En este 2026, el contexto nos encuentra en una realidad compleja. Las noticias de siniestros viales, estafas y dificultades económicas (que lamentablemente llenan nuestras páginas a diario) parecen atentar contra esa capacidad de asombro. Sin embargo, es precisamente en estos momentos cuando la figura de Melchor, Gaspar y Baltasar cobra un sentido más profundo.

Más allá del regalo

A menudo caemos en el error de medir la magia por el tamaño del paquete o el valor de la etiqueta. Pero para un niño, la verdadera magia reside en el ritual: preparar el pasto, el agua, dejar los zapatos y acostarse con esa mezcla de ansiedad y esperanza que solo se siente en la infancia. Esa capacidad de esperar algo bueno es un músculo emocional que debemos cuidar.

Los Reyes Magos nos enseñan que, incluso en los caminos más largos y áridos, hay una estrella que seguir. Para muchos padres entrerrianos, llegar a este día ha sido un esfuerzo titánico, una carrera contra la inflación y la incertidumbre. Por eso, el juguete —por humilde que sea— se convierte en un símbolo de resistencia del amor frente a la adversidad.

Solidaridad: El cuarto Rey Mago

No podemos ignorar que, en muchos hogares de nuestra provincia, los zapatos quedarán vacíos. Es allí donde aparece el «cuarto Rey Mago»: la comunidad. Durante estos días, hemos visto a bomberos, peñas, merenderos y grupos de vecinos de Concepción del Uruguay, Gualeguaychú, Villaguay y tantas otras ciudades, recolectando juguetes para que la magia no distinga códigos postales ni realidades económicas. Esa es la verdadera «epifanía»: descubrir que el bienestar del otro es nuestra propia recompensa.

Mantener la estrella encendida

Como adultos, nuestra tarea es proteger esa llama. En un mundo hiperconectado y a veces cínico, permitir que un niño crea en lo invisible es darle herramientas para que, de grande, crea en lo posible.

Que este 6 de enero nos encuentre brindando no solo por los regalos recibidos, sino por la posibilidad de seguir soñando con una sociedad donde la infancia sea siempre sagrada y la esperanza, el motor que nos haga caminar, tal como aquellos sabios de Oriente, hacia un futuro mejor.

¡Feliz Día de Reyes para todos!