Editorial: El «ojo vecinal», el aliado invisible de la justicia

 

El reciente esclarecimiento del asalto a una despensa de calle Suipacha, ocurrido en plena víspera navideña, no es solo el resultado de la pericia policial. Detrás de cada detención exitosa y de cada allanamiento con resultados positivos, existe hoy un factor tecnológico que está cambiando las reglas del juego: la colaboración ciudadana a través de las cámaras de seguridad privada.

En tiempos donde la prevención parece no alcanzar frente a la audacia delictiva, las cámaras domésticas y comerciales se han convertido en los «testigos perfectos». A diferencia del ojo humano, que puede fallar por los nervios, el miedo o la velocidad de un asalto, el lente de una cámara no parpadea. Graba la marca de una moto, el color de un casco, una vestimenta particular o la ruta de escape que los delincuentes creían segura.

Sin embargo, este avance tecnológico pierde fuerza sin el compromiso civil. Cuando un vecino o comerciante pone a disposición de la División Investigaciones sus registros fílmicos, está haciendo mucho más que entregar un video: está acortando los tiempos de la justicia. En el caso del robo en calle Suipacha, la celeridad para identificar al autor de 21 años fue clave; en el mundo delictivo, cada hora que pasa es una oportunidad para que el botín se licue o el sospechoso desaparezca.

Es fundamental entender que la seguridad es una construcción colectiva. La cámara que hoy apunta a la vereda de un vecino, mañana puede ser la prueba que resuelva un hecho propio. Fomentar una red de vigilancia solidaria, donde el privado colabore estrechamente con la Policía y la Justicia, no es «hacer el trabajo de otros», es proteger el barrio. La tecnología está en nuestras manos; la voluntad de usarla para vivir en una ciudad más segura, también.

Pablo Bianchi/03442