El anuncio de Grupo México Transportes (GMXT) de participar en la privatización de los ferrocarriles San Martín y Belgrano Cargas marca un punto de inflexión en el reciente proceso de privatización iniciado por el Gobierno Nacional. Con un plan de inversión que superaría los 3.000 millones de dólares, la empresa propone modernizar infraestructura, material rodante y talleres, buscando integrarse a la red de carga nacional.
Sin embargo, entre los nombres mencionados, hay una ausencia que resuena con fuerza: El Ferrocarril Urquiza. A pesar de que se había hablado en un principio de un proceso que abarcaría las tres líneas bajo jurisdicción estatal, el Urquiza vuelve a quedar al margen de los planes de inversión, del interés empresario y del debate público.
Esa omisión no es menor. El Urquiza fue históricamente la columna vertebral del Litoral, una vía de comunicación esencial que unía el país con Paraguay, Brasil y Uruguay. Hoy, tras más de una década de abandono, sigue esperando una definición que nunca llega.
¿Será que su destino ya no forma parte del proyecto ferroviario argentino? ¿Puede hablarse de un modelo de desarrollo verdaderamente federal mientras una región entera continúa desconectada? ¿Queremos un ferrocarril que una territorios o uno que sólo transporte rentabilidad?
Creemos que el debate no debe limitarse a quién opera los trenes, sino a qué país queremos construir sobre esas vías. El ferrocarril no es un negocio más: Es una herramienta de soberanía, integración y desarrollo. Y mientras el Urquiza siga en silencio, seguirá también inconclusa la promesa de un país verdaderamente conectado. #FerroclubYMuseoFerroviarioCDU




