No es nada nuevo lo señalado sobre libertades, tolerancia y respeto al otro/a. Tiene un extenso recorrido a lo largo de nuestra historia, pero nunca está de más recordarlo. Más en tiempos donde el que piensa distinto es tratado de “excremento humano” y se categoriza a quienes apoyan determinadas ideas como “argentinos de bien”, descalificando a quienes no lo comparten – subhumanos quizás -; trayendo a nosotros categorías propias de la terminología utilizada por del nazismo; agitando un peligroso camino que solo conduce al horror.
Quienes protagonizan actos de esta naturaleza, quienes los alientan y quienes los apañan, deberían ser individualizados. No por el mero castigo social que merecen hechos como los apuntados, sino porque ponen en riesgo valores que nos constituyen, como ciudadanos/as y como país.
El anonimato y el amparo de una fría noche podrá envalentonar a los cobardes y violentos. Podrán – mandados o por propia iniciativa – ocultar pintadas o borrar consignas. Lo que seguro no podrán es ocultar la brutal pérdida del salario docente en Entre Ríos – quien quiera interiorizarse recomiendo los impecables informes del colega Víctor Hutt – en lo que va de 2024.
Quizás bien vendría recordar las palabras de Miguel Unamuno en respuesta al grito de “viva la muerte” del fundador de la franquista Legión Española, Millán de Astray: “Venceréis pero no convenceréis. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta, pero no convenceréis porque convencer significa persuadir. Y para persuadir necesitáis algo que os falta en esta lucha, razón y derecho”.

Dos de las pintadas que fueron cubiertas por listones negros.




