Cuando una actividad fracasa nadie indaga en los verdaderos motivos del estropicio. El camino más sencillo es endilgarlo al aparato informativo que falló. Y en él se enfoca la fulminante recriminación para un predecible destinatario.
«Muchachos, el tema no está instalado…” es el desafiante reclamo que, arqueándose hacia atrás en el sillón giratorio, de brazos cruzados y filosa mirada oblicua, dispara el curtido alcalde. La ansiedad anticipatoria obra como gesto de responsabilidad en su aguda perspicacia.
Qué son 35 años!
Sencillo resultaba promocionar hasta una modesta kermese barrial en el periódico de la rancia estirpe o en alguno de los populares programas de la emisora que celebra al “Supremo”.
“Déjemelo nomás…, si no es mañana, pasado seguro lo sacamos”, era la respuesta del bonachón redactor de canyengues desplazamientos y al otro día el anuncio de la bailanta podía apreciarse en un destacado recuadro de la sección locales.
Los tradicionales medios domésticos eran algo así como el espejo en el que se miraba la sociedad, cincelado por recordados artesanos del oficio de periodista. Entrañables personajes.
Y los resultados eran óptimos. Nadie en la comunidad podía considerarse excluido del convite, por desconocimiento.
Concepción del Uruguay 2026…
“De nada sirve una gacetilla extensa. Leen el título, el copete y pará de contar…” comenta alguien en la redacción para rendirse ante una realidad evidente.
El segmento sub 30 ya no se informa por los medios tradicionales, que quedan reservados para quienes hemos encarado la recta final, al doblar el codo de los 60. Es una certeza que no necesita la ratificación de expertos.
La atención se ha vuelto en la actualidad un insumo que “garpa oro” ante la plenitud arrolladora del entorno digital.
El deslizamiento del dedo por la pantalla (“scrollear…” me aclara la joven compañera de la oficina) opera como un estímulo sin pausa. El celular ocupa la centralidad de la vida. Hasta la insensatez del chofer que atraviesa la esquina sometido por angustia a la tiranía del móvil. Absolutamente naturalizada.
Ante la insistencia del alcalde (*_“El tema no está instalado”!!!*_) el hombre de la Comunicación decide defenderse. “Mire, el tema está hasta en la sopa…” y se envalentona “en Facebook, Instagram, hemos hecho un video promocional por YouTube y los muchachos de Cultura han recorrido las radios y el canal…, si no me cree mire el teléfono…”.
Nada garantiza que la saturación de los mensajes asegure el éxito de una interesante propuesta.
Pero al alcalde no lo persuade el convincente argumento del agotamiento cognitivo.
Y por la tarde la rodante retumba en las calles de la ciudad, conducida por el jubilado empleado de la División Sonido.
Eduardo Gradizuela
Setiembre de 2026




