Hoy vi la noticia y se me partió el alma mil veces más de nuevo. Ayer, 15 de septiembre, la Justicia de Rosario condenó a 16 años de prisión efectiva a Agustín López Gagliasso, el tiktoker que mató a Tania Gandolfi y a su hija Agustina de 17 años. Iba a más de 120 km/h por el centro. Lo condenaron por homicidio simple con dolo eventual. 16 años preso. Una de las penas más altas del país. Y está bien. Es lo que corresponde cuando matás al volante.
Ahora miren mi caso.
A mis hijos, Brian (31) y Lucas (26), junto a Axel Rossi y Leandro Almada, los mató Juan Enrique Ruiz Orrico, ex presidente del Instituto Portuario de Entre Ríos.
No iba a 120, nunca se pudo comprobar mágicamente. Iba borracho, con 1,59 gramos de alcohol en sangre, en un auto oficial del gobierno, un Volkswagen Passat del Estado, volviendo de una fiesta a la madrugada del 20 de junio por la ruta 39. Se cruzó de carril y los chocó de frente. Ellos iban a trabajar esa madrugada de un feriado al frigorífico.
Cuatro pibes laburantes muertos.
¿Saben cuánto le dieron a él? 5 años y 8 meses. Y por homicidio culposo, no por dolo. Y sigue en libertad hasta que la condena quede firme.
16 años para un pibe de 21 sin poder. 5 años y aún en libertad para un funcionario con poder.
Esa es la diferencia. Cuando hay poder, todo se dilata. Las pericias, los juicios, las apelaciones. Las familias pedimos justicia y nos contestan con silencio. «El silencio del poder aturde más que los llantos que me guardo», dije una vez y lo sigo sintiendo.
No pido venganza. Pido igualdad.
Si 2 muertes por correr a 120 valen 16 años, ¿cuánto valen 4 muertes por manejar borracho un auto del Estado siendo funcionario?
Mis hijos no eran menos. Eran laburantes de Basavilbaso que salían en la madrugada a ganarse el pan.
Pido que la condena de Ruiz Orrico quede firme y que vaya preso. Que no haya más fueros para el alcohol y el volante oficial.
Justicia por Brian, por Lucas, por Axel y por Leandro. Y justicia igual para todos.




