Introducido en el país a principios del siglo XX por Pedro Luro para cotos de caza en La Pampa, el jabalí se adaptó con alarmante facilidad, ya que al no tener depredadores naturales suficientes (salvo pumas en ciertas regiones), su presencia genera un impacto devastador en tres frentes que pueden ser terrlbles para el medio ambiente.
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Destrucción del suelo y la producción: Posee el hábito de «hozar» (remover la tierra con el hocico para buscar raíces e insectos). Esto destruye pasturas nativas, arruina alambrados, daña silobolsas y devasta cultivos enteros de maíz, soja y girasol.
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Peligro para la fauna nativa: Es un animal omnívoro y oportunista. Come huevos y crías de aves que anidan en el suelo (como el ñandú), pequeños mamíferos (como ser crías de carpinchos), reptiles y compite directamente por el alimento con especies autóctonas como el pecarí.
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Transmisión de enfermedades graves: Es un vector de patógenos peligrosos tanto para los animales de producción como para el ser humano. Transmite la triquinosis (por consumo de su carne sin analizar), la brucelosis porcina y la peste porcina clásica.

¿Qué está pasando actualmente en Argentina?
El jabalí ya se encuentra arraigado en más de diez provincias, incluyendo toda la región pampeana, la Patagonia y el Litoral. La situación actual se caracteriza por:
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Expansión descontrolada: Su población crece a un ritmo geométrico. Se los ha visto ingresar a cascos urbanos, parques nacionales (como el Palmar de Colón en Entre Ríos, donde genera estragos en los renovales de palmeras) y provocar graves accidentes de tránsito en rutas provinciales y nacionales.
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Flexibilización de la caza: Debido a la emergencia agropecuaria, provincias como Buenos Aires, La Pampa, Río Negro y Córdoba permiten su caza bajo la modalidad de «control de especie exótica invasora» durante todo el año, sin límite de piezas.
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El debate del manejo: Parques Nacionales implementa planes de control con jaulas trampa y cazadores registrados, pero los esfuerzos siguen siendo insuficientes ante la altísima tasa de reproducción del animal.
La situación en Brasil y la tensión fronteriza
En Brasil, el panorama es tanto o más crítico que en Argentina, y ha tomado una dimensión política y sanitaria muy fuerte:
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La prohibición y el mercado negro: En 2023, el gobierno brasileño (Ibama) suspendió temporalmente las autorizaciones para la caza de jabalíes con armas de fuego para reestructurar el sistema de permisos. Esto frenó el accionar de los “controladores” (cazadores autorizados) y provocó una explosión demográfica del animal en el sur de ese país (Río Grande del Sur y Santa Catarina).
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La amenaza de la Peste Porcina Africana (PPA): Brasil es una potencia mundial en la exportación de carne de cerdo de criadero. Los productores industriales brasileños están aterrorizados de que el jabalí salvaje contraiga y disemine la Peste Porcina Africana, lo que destruiría la economía ganadera de exportación de la región.
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Preocupación en la frontera (río Uruguay): Al ser excelentes nadadores, los jabalíes cruzan constantemente el río Uruguay entre Brasil, Uruguay y Argentina. La falta de un criterio unificado y coordinado entre los países del Mercosur hace que los esfuerzos de control de un lado del río se diluyan si del otro lado se frena la caza o el monitoreo.




