Llegaba a la cancha como le gustaba andar y como tantas veces lo sorprendieran sus compañeros de curso, transitando solo las calles del pueblo, al que había regresado junto a parte de su familia.
Entonces, casi todo en la vida uruguayense, también el fútbol, estaba pasado por el tamiz del Colegio inspirador, digno legado de la visión estratégica de un hombre importante.
Algo habrá tenido que ver el “Heredero del General” en la vida del “Flaco Arturo”, muy a pesar de un boletín escuálido, incompatible con la estampa de estadista que la historia le reservaría.
La historiografía futbolera nacional lo ubica en los años 20, en la función de rudo marcador central de Almagro, al que entregó su dedicación de hincha, jugador y redactor del documento constitutivo, aún vigente. Club del barrio porteño que moldeó la personalidad del “zorzal criollo” y refugio clandestino de radicales yrigoyenistas, en la década infame.
Pero cómo no creerle al estimado Prof. Manuel Macchi, que en su invalorable investigación sobre la adolescencia del futuro presidente, narra las circunstancias del retorno del “Flaco Arturo” a la ciudad, junto a su padre y sus hermanos Silvio y Oreste, hacia fines del 21.
_”El fútbol era ya pasión de todos los chicos y adolescentes. Los Frondizi no escaparon a la regla. Todos ellos lo practicaron en potreros, en la calle y en cualquier espacio libre: Pero también lo hicieron en una institución hoy tradicional de Concepción del Uruguay, el club Gimnasia y Esgrima”_, cuenta el _Profe_.
Como manda la tradición deportiva argentina, un club no es tal sin su propio escenario. Mientras tanto, la peregrinación es el invariable camino que la ilusión empuja.
Tal vez en algún baldío del Puerto (que en el 59 lo recibiría con la pompa de primer mandatario) o del Cerrito, tránsito de los primeros pasos del “mensana” (evocación de la opaca tradición oral), el “Flaco Arturo”, de boina a lo Severino, asomaba como un clásico central. Por imposición de biotipo y de los recios cruces. A la sombra de Silvio, que recibiera la distinción de capitán de la cuarta.
Según los memoriosos, es el único expresidente argentino que jugó oficialmente. También cuentan que una quebradura lo alejó de la práctica activa, pero no de su compromiso con el fútbol. Si hasta la actualidad _”canalla”_ se habría colado en el mítico encuentro con el barbado joven revolucionario.
La esquelética figura de Arturo Frondizi (que en su tinta, Landrú y Lino Palacio magistralmente caricaturizaran) no pasaba inadvertida, de regreso a la casa del Puerto Viejo. A tranco de alpargatas.
Ningún pasatiempo lo atraía más que el fútbol.
Ni las escapadas a La Salamanca, ni los paseos de campo.Tan de moda por entonces.
Por: Eduardo Gradizuela
Foto extraida de internet




