Un grave episodio de violencia se registró en el marco de un campeonato nacional e internacional de baby fútbol que se disputa en la ciudad de Colón y derivó en la decisión del Club Atlético Juventud Unida de retirarse del certamen, priorizando la integridad física y emocional de sus jugadores.
Los hechos ocurrieron durante un partido correspondiente a la categoría 2014 frente al Club Cerro de Montevideo. Según informó a EL TELEGRAFO la directora técnica del equipo, Soledad Cuello, el episodio tuvo lugar el jueves sobre las 18 horas, en el tercer encuentro disputado por su equipo en el torneo.
“Ellos ya de entrada agredieron un poquito a los niños cuando nosotros estábamos cantando el himno, que es una costumbre que tenemos en Juventud. Todas las categorías cantan el himno, es una arenga que tienen ellos”, relató. Tras finalizar el canto, señaló que padres del club rival comenzaron a gritar desde afuera del campo de juego, aunque decidieron no responder.
Cuello explicó que el partido transcurrió con normalidad hasta los instantes finales, cuando restaban apenas segundos para el cierre. “Faltaban creo que tres segundos para que termine el partido y uno de mis nenes se cae en una falta. Se cae, se va la pelota y le digo que se tire así podía entrar a atenderlo”, indicó.
El jugador obedeció la indicación debido a un fuerte dolor en la mano. “Se había torcido el dedo y en esa caída lo hizo mal y se lo quebró. Empezó a gritar y a llorar del dolor. Avisé al juez, me dijo que entrara, y en eso un jugador de Cerro me dice ‘estás haciendo tiempo’. Le contesté: ‘No, mi amor, tengo un niño quebrado’”, expresó.
La entrenadora aclaró que su forma de dirigirse fue siempre respetuosa y acorde a su trayectoria en el fútbol infantil.
“Hace 16 años que soy entrenadora, nunca me echaron, nunca agredí a nadie. Siempre trato de ser lo más tranquila posible”, afirmó. Sin embargo, el árbitro le indicó que no podía dirigirse a los jugadores rivales y la sancionó con tarjeta amarilla, ante lo cual pidió disculpas y explicó que “en Paysandú hablamos con los rivales”.
La situación se agravó cuando, según su testimonio, el director técnico del Club Cerro comenzó a insultarla de manera violenta. “Empezó a gritarme cualquier disparate que no debería decirse, menos con niños alrededor. Le contesté que tenía un nene quebrado y en eso se vino corriendo a querer pegarme”, relató. El entrenador fue contenido por su ayudante, pero en ese momento “los jugadores de Cerro empezaron a pegarle a mis niños, y los míos empezaron a defenderse”.
Cuello señaló que su esposo, quien oficiaba como delegado, intentó resguardar a los chicos. “Logró arrinconar a todos mis gurises contra el muro para que no se peleen más. Cuando lo hace, se le viene el técnico encima a querer pegarle, le tiró trompadas y patadas. Por suerte no le pegó ninguna. Mi esposo solo le decía que se calmara, que no quería pelear”.
El clima de violencia continuó escalando. “Se me vino encima a mí también, pero por suerte lo sacaron. Entraron los organizadores, cinco o seis personas, a sacarlo para afuera. Estaba totalmente endemoniado”, describió. Asimismo, indicó que los organizadores también retiraron a los niños de Cerro, quienes “estaban en un estado de violencia, queriendo pegar”.
En medio del caos, los accesos a la cancha fueron cerrados con candado ante la posibilidad de que una avalancha de personas ingresara al campo. “Empezaron a mover el portón y el muro. Yo arrinconé a mis niños en un rincón y me quedé con ellos”, contó.
Mientras tanto, el niño lesionado fue asistido con la ayuda de otros chicos y un juez. “Dos niños se hicieron cargo del nene quebrado y lo llevaron a un rincón. Lograron que la mamá entrara y se quedara con él”, detalló.
La delegación permaneció cerca de 40 minutos dentro del campo de juego, soportando insultos y amenazas. “Tuvimos que llamar a la Policía, que no llegaba nunca. Nos gritaban que nos iban a esperar afuera. Fue una locura total. A uno de los nenes le dio un ataque de pánico, otro lloraba, todos estaban asustados”, recordó.
Finalmente, y ante el retiro del equipo rival, la delegación de Juventud Unida logró abandonar el predio por una salida alternativa. “Sacaron los autos por otro portón y cuando estaban en fila salimos corriendo. Nos fuimos prácticamente para que no nos maten a palos”, expresó.
El grupo se dirigió a las cabañas donde se encontraban alojados, con varios niños “en estado de shock”. Cuello subrayó que nunca había vivido una situación similar. “En 16 años en el baby fútbol jamás vi algo así. Ver a ese técnico endemoniado fue horrible”, afirmó.
Pese a haber ganado ese partido y los anteriores, quedando encaminados a la final de la Copa de Oro, el club resolvió retirarse del torneo. “No nos importó ni a mí ni a los padres. Decidimos bajarnos. La seguridad de los niños está primero”, sostuvo.
Actualmente, la delegación permanece en Colón hasta su regreso, intentando que los niños puedan distenderse tras lo ocurrido. “Trabajamos todo el año para traerlos, gastamos mucha plata para que vivieran esta experiencia. Es muy triste que se vivan estas cosas en el fútbol. Por suerte en Paysandú las penas son más severas; acá es un relajo bárbaro”, concluyó.




