Ofensas a la Patria y sus Héroes

Doctor José Pacífico Otero

El Sargento que ha vuelto sin regresar. Con la presencia de la Vice presidente de la Nación y el Gobernador de Corrientes, e importantes anuncios en la prensa  se realizó el acto de recepción de los restos del Sargento Juan Bautista Cabral en Saladas, antigua Yaguareté Corá, cuna del mismo y de Pedrito Ríos, el Tambor de Tacuarí. Ahora bien, ¿Qué llevaron en esa urna?, Huesos o cenizas de la urna que guarda los restos que se pudieron recuperar de los granaderos muertos en San Lorenzo aquel 13  de febrero de 1813, tarea que no fue nada sencilla, como los describe en sus trabajos Roberto Colimodio Galloso (Historiador. Academia Argentina de la Historia, Academia Sanmartiniana e Inst. Nac. Belgraniano). Primeramente en 1945, por orden del entonces Ministro de Guerra de la Nación, coronel Juan Domingo Perón, Presidencia del Gral. Edelmiro J. Farrel, el jefe del Regimiento 11 de Infantería, Tte. Cnel Adolfo Botti, envía a la Sección Zapadores de la Unidad al mando del subteniente Onofre Fabbio a proceder a las excavaciones en el Convento San Carlos con objeto de extraer restos de granaderos muertos en  el combate de San Lorenzo allí sepultados, para agregarlos a la urna que guardarían los restos del Soldado Desconocido de la Independencia. Tras un intento fallido se consulta a Doña Bienvenida Palacios de Roldán, penúltima hija del matrimonio conformado por Nazario Palacios y Paula Rodríguez, nacida en 1856. Nazario junto con otros jóvenes entre  los que nombra a   Tomás Medina, Pablo Rodrigáñez (familia que le regalara al libertador el bayo que montó en la batalla) y otros 17 más se habían presentados como voluntarios ante San Martin en  el anochecer previo la combate y a lo largo del tiempo le fue contado a su hija, seguramente a  toda su familia, pero de la única que hay testimonio es de Bienvenida, distintos aspectos de su experiencia en dicha acción bélica. Contaba doña Bienvenida en una entrevista en 1947. -«Ya habían transcurrido muchos años y era yo una niña cuando le hacíamos relatar, hasta el cansancio, todos esos recuerdos». Del mismo modo su padre le había dicho: «que los españoles intentaron prolongar la resistencia formando cuadros parciales al borde de la costa, y se recurrió a la táctica araucana de atar un lazo a la cincha de dos caballos a los que luego se desbarrancaba, rompiendo por ese medio las últimas formaciones enemigas. «También don Nazario contó a su hija que Cabral «lo abrazó (a San Martín) por la cintura, para sacarle del aprieto», y luego que «seguía el fuego sostenido de los buques y San Martín parecía temer un nuevo desembarco. Lo supone por la frecuencia con que el jefe patriota ascendía al campanario». Debido a la gran  sequía y el intenso calor  los pastos estaban resecos. Por esa causa los cañonazos provocaban grandes incendios en el pajonal del campo, dificultando la tarea de recoger los heridos. Ya por la tarde el hedor de los cadáveres era insoportable y se ordenó a los soldados voluntarios la excavación de una larga zanja destinada a sepultarlos. Para ello, se les arrastraba a la cincha de los caballos, por el estado de descomposición. Doña Bienvenida basada en los relatos reiterados de su padre indico el lugar exacto “a la sombra de los cipreses” y así los militares pudieron cumplir con su tarea y colocar en urnas los restos extraídos, quedando parte de  los mismos en el Convento y una parte menor en la que contiene  los restos del Soldado Desconocido de la Independencia (junto a restos y tierras de otros campos de batalla donde estuvieron presente  soldados argentinos, tales como Tucumán y Salta, Chacabuco y Maypo, e inclusive del Perú y Ecuador), Ubicándoselos junto al Mausoleo que contiene los del Gral. San Martin en 1948. En 1957, más precisamente el  17 de junio de dicho años, en oportunidad de  abrirse las Urnas que están en el Cementerio del Convento de San Carlos Borromeo, en San Lorenzo,  con la presencia de autoridades militares y eclesiásticas bajo la supervisión del Dr. Melitón Hierro, notable médico e historiador local, se retiraron una serie de restos óseos, de los Granaderos caídos en 1813, que son los que están debajo de la Llama Votiva del Monumento a la Bandera en Rosario. Además hubo un retiro posterior, para las urnas de los tres Granaderos Puntanos caídos en el Combate, a saber Juanario Luna,  Basilio Bustos y José Gregorio Franco Fredes, que se encuentran en la Provincia de San Luis, en el año 1990. Igual que en este último caso de Juan  B. Cabral, cabe la misma pregunta, que por supuesto no tiene respuesta, ¿Quién les  aseguró a los puntanos en aquel momento y a los correntinos ahora, que esos restos son los de sus respectivos homenajeados?

Seamos sensatos alguna vez, dejemos descansar a nuestros héroes en paz, ahí donde dejaron su vida, demasiadas miserias vive nuestro pueblo para agregarle además el uso político de los huesos de sus  valientes soldados que nos legaran la Nación que mal o bien hemos intentado y seguimos intentando construir, y no hagamos mal uso de la historia para conseguir unos votos más. Honestamente esto suena más a profanación que a  homenaje.

A Saldas llevaron restos de  los caídos en San Lorenzo, ahora si hay algún hueso de Cabral solo Dios sabrá.

 El Cierre del Instituto San Martiniano. Y mientras  la Vicepresidente  y el Gobernador de Corrientes se encontraban en Saladas con muy pocas horas de diferencia el Gobierno despedía por Whatsapp al presidente del Instituto Sanmartiniano anunciando su transformación en un Museo, no es solo una falta de respeto al presidente del mismo y sus miembros académicos, que cumplen funciones en forma honoraria,  en una clara ofensa al padre de  la Patria y al pueblo argentino, este instituto constituye  la fuente permanente que conserva y alimenta la memoria histórica de los argentinos, con actividades tales como recordaciones, investigaciones y exposiciones que reafirman y profundizan constantemente  el conocimiento de la vida y obra del Gral. Jose Francisco  de San Martin y Matorras, libertador de Argentina, Chile y Perú, impulsor de la Declaración de la Independencia el 9 de Julio de 1816 y de la educación como forma de sostener la libertad lograda por las armas.

El Instituto Nacional Sanmartiniano fue creado en 1933. Entre sus principales objetivos, se destacan la investigación histórica y la difusión del pensamiento del Libertador General Don José de San Martín.  Su misión, difundir un saber sanmartiniano basado en la excelencia, utilizando para ello las herramientas tradicionales y modernas de comunicación. En tal sentido, evocan la herencia del General San Martín cuando decía: “Deseo que todos se ilustren en los sagrados libros que forman la esencia de los hombres libres” y «La biblioteca es destinada a la ilustración universal y más poderosa que nuestros ejércitos para sostener la independencia”.

Principales objetivos:

Desarrollar la investigación y estudios históricos, críticos, filosóficos, militares, políticos, con respecto a la personalidad, y la acción pública y privada del prócer y sus colaboradores.

Propender a la difusión del conocimiento de la vida, personalidad e ideario del Libertador General Don José de San Martín, en sus aspectos militares y especialmente morales y civiles, y su proyección democrática; a través de actividades didácticas y mediante la enseñanza dirigida al público en general, y especialmente a la juventud estudiantil.

Organizar cursos y conferencias en distintas disciplinas, música, artes plásticas, radio, cine, videos, literatura y por toda forma de difusión. En su sede, en establecimientos educacionales, militares, civiles y en centros de cultura de todo el país.

Colaborar con las autoridades nacionales, provinciales, municipales e instituciones oficiales y privadas, con el fin de fijar los objetivos de la enseñanza histórica del prócer dentro y fuera del país; asimismo asesorarlas respecto de la fidelidad histórica de cuanto se relacione con la personalidad del General San Martín.

Realizar publicaciones y artículos periodísticos a fin de difundir el conocimiento de la vida, personalidad e ideario del Libertador General Don José de San Martín.

Coordinar las Asociaciones Culturales Sanmartinianas y los Institutos Sanmartinianos, y promover la fundación de nuevas Asociaciones Culturales Sanmartinianas.

Responder, asesorar y orientar a estudiosos y docentes que consulten la Biblioteca Institucional. Colaborar con historiadores e investigadores históricos que se acercan a la Biblioteca en la sede del Instituto Nacional Sanmartiniano.

Como dijo el Gran Capitán: “Al americano libre corresponde trasmitir a sus hijos la gloria de los que contribuyeron a la restauración de sus derechos”. Esta frase puede resumir el espíritu que anima al Instituto Nacional Sanmartiniano y a quienes trabajan en él.

El 5 de abril de 1933, en fecha coincidente con la conmemoración del 115º aniversario de la Batalla de Maipú, por iniciativa del doctor José Pacífico Otero y en la sede del Círculo Militar, se llevó adelante la fundación del Instituto Sanmartiniano. El doctor Pacífico Otero, historiador especializado en la trayectoria de San Martín, escribió la monumental obra en cuatro tomos “Historia del Libertador José de San Martín”, fruto del esfuerzo de años de investigación y que ha merecido los más elogiosos juicios. Presidió el Instituto desde la fecha de su fundación hasta el momento de fallecer, el 14 de mayo de 1937. En 1941, su viuda, Manuela Stegmann de Otero, donó al Instituto -en memoria de su fallecido esposo- una casa a construir, reproducción de la que ocupara el General San Martín en Grand Bourg, entre 1834 y 1848. La Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, durante la gestión del general Basilio Pertiné, cedió un terreno de 290 m2 en la plaza formada por las calles Sánchez de Bustamante (hoy Mariscal Castilla) y Alejandro Aguado, en la que se concretó la donación, siendo la fecha de inauguración de su nueva sede el 11 de agosto de 1946. El edificio reproducido, diseñado por el arquitecto Julio F. Salas, es un tercio más grande que la casa que el General San Martín compró en Grand Bourg, a 25 km de París, ubicada en las proximidades de los dominios del noble español Alejandro Aguado. Considerando el Poder Ejecutivo Nacional la necesidad de dar carácter oficial a una institución encargada de difundir la gloria, vida y obra del Libertador, dada la magnitud del héroe máximo y la trascendente obra histórica de la entidad, dispuso darle al Instituto la jerarquía que merecía. Por eso el 16 de agosto de 1944, con el decreto N.° 22.131, se oficializó la denominación de “Instituto Nacional Sanmartiniano”. El 27 de junio de 1945, se designó su primer Consejo Superior, presidido por el coronel Bartolomé Descalzo con dependencia del entonces Ministerio de Guerra. En la actualidad depende de la Secretaría de Cultura – Presidencia de la Nación. La preocupación de Pacífico Otero para difundir por todos los medios posibles el mejor conocimiento de la personalidad del Libertador, de su vida y de sus hechos, se proyectó a nivel internacional con la fundación de Institutos Sanmartinianos en los siguientes países: Bélgica (Bruselas); Bolivia (La Paz); Brasil (Río de Janeiro); Colombia (Bogotá); Costa Rica (San José y Puerto Limón); Chile (Santiago); Ecuador (Quito y Guayaquil); El Salvador (San Salvador); España (Madrid, Sevilla y Cádiz); Estados Unidos (Washington DC, Nueva York y Los Ángeles); Francia (París y Boulogne-sur-Mer); Guatemala (Guatemala); Honduras (Tegucigalpa); Italia (Roma); México (México DF); Nicaragua (Managua); Paraguay (Asunción); Perú (Lima y Cuzco); Panamá (Panamá); Uruguay (Montevideo y Colonia del Sacramento) y Venezuela (Caracas). La Academia Sanmartiniana se incluye en la estructura del Instituto y está integrada por miembros de número existiendo, además, miembros correspondientes en el interior y exterior de nuestro país. Las Asociaciones Culturales Sanmartinianas, que funcionan en todo el país, tienen por objeto divulgar entre la población el conocimiento del prócer y propender a su honra y exaltación. Para estimular la investigación histórica, o bien, para reconocer la colaboración extraordinaria prestada a la obra del Instituto, se estableció el otorgamiento de las Palmas Sanmartinianas, máxima distinción que da este Instituto. En diciembre de 2017, el Poder Ejecutivo Nacional, por Decreto N.º 1056/2017, declaró “Monumento Histórico Nacional” al edificio del Instituto Nacional Sanmartiniano y bien de interés artístico nacional al conjunto escultórico denominado “El Abuelo Inmortal”, que representa a San Martín anciano con sus nietas María Mercedes y Josefa, del ingeniero-escultor Ángel Eusebio Ybarra García. Ambos forman parte del Circuito Sanmartiniano de la Ciudad de Buenos Aires.

José Pacífico Otero

El doctor José Pacífico Otero nació en Buenos Aires el 10 de julio de 1874, hijo de padres españoles. Comenzó sus estudios en una escuela franciscana e ingresó al noviciado en 1887. Del convento porteño pasó al de Córdoba donde hizo su profesión religiosa, en cuya Universidad siguió estudios superiores, y en la que obtuvo los doctorados en filosofía y derecho civil y eclesiástico, lo que prueba su dedicación y talento para los estudios. Fue ordenado sacerdote en 1897 y se destacó como escritor y orador. Su formación, su vasta cultura, y oratoria lo llevaron a ocupar la cátedra sagrada en distintas iglesias; su inclinación por el estudio del pasado lo llevaron a publicar la biografía de un hermano suyo de la orden, y destacado patriota Fray Cayetano Rodríguez, cuyos lineamientos habían aparecido como artículo en la Revista Nacional. Obtenido su doctorado en filosofía y derecho en Córdoba  comenzó su carrera intelectual escribiendo sobre figuras religiosas de la época de la emancipación. Estuvo en Mendoza como Predicador Conventual y fue nombrado cronista de la provincia franciscana del Río de la Plata. Continúo escribiendo, esta vez sobre «El Padre Castañeda. Su obra ante la posteridad». Viajó a Europa y Tierra Santa, fue nombrado miembro correspondiente de la Real Academia de la Historia. En esos años, según relató en un libro autobiográfico, comenzó a dudar de su permanencia en la orden y se animó a dejarla pasando al clero secular por poco tiempo, pues hacia 1913 solicitó la secularización. Nombrado por el presidente Roque Sáenz Peña, profesor de historia argentina en el Colegio Nacional Mariano Moreno, abandonando el sacerdocio. Tiempo después contrajo matrimonio con la Sra. Manuela Stegman, viajando a Europa en 1914. Ejerció la profesión de abogado en París, se doctoró en la Sorbona y se dedicó a actividades intelectuales, dictando conferencias en academias y universidades, colaborando incluso con diarios de Buenos Aires. Al mismo tiempo continuó con sus investigaciones sobre el Libertador, tarea a la cual se sintió llamado por el impacto que su figura le había despertado desde hacía tiempo. Y así pudo rescatar valiosos antecedentes y documentos, especialmente en España y en París, donde encontró el testamento ológrafo con fecha de 1844. Durante 18 años, entre 1914 y 1932, logró concretar su monumental «Historia del Libertador San Martín», que publicó en primera edición en Bruselas y luego en Buenos Aires.

Tras su regreso a Argentina, Otero se dedicó a promover la creación del Instituto Sanmartiniano, que se inauguró en 1933. Lamentablemente, falleció el 14 de mayo de 1937, dejando un importante legado en la historiografía sanmartiniana y en la difusión de la vida y obra del Libertador.

La ceremonia de fundación e iniciación de actividades, la palabra de Otero: El Instituto Nacional Sanmartiniano fue inaugurado con solemnidad el día 5 de abril de 1933 a las 18 horas, en la sede del Círculo Militar. Quiso el fundador hacer coincidir ese día con una nueva recordación de la batalla de Maipú. Se destaca que esta ceremonia fue presenciada por numeroso público, por representantes del cuerpo diplomático, altos jefes de las Fuerzas Armadas, delegaciones de los centros culturales y por ciudadanos caracterizados en el estudio de la historia y de las letras. También se recibieron francas y patrióticas adhesiones de ministros del Poder Ejecutivo y presidentes de ambas Cámaras Legislativas. Después de la bienvenida y presentación, que estuvo a cargo del general Esteban Vaccareza (vicepresidente del Círculo Militar), el doctor Otero dictó una conferencia magistral. Se leyeron las Bases Doctrinales y Orgánicas que debían regirlo y luego fue proclamado por unanimidad su Presidente y Miembros de Número que lo integraron inicialmente.

En la conferencia de este acto, el doctor Otero comenzó exponiendo su pensamiento sobre la finalidad del Instituto, recordando para ello la deuda que todos los argentinos mantenían para con el Libertador. «Esta deuda, continuó el orador, no es ni la del mármol, ni la del lienzo, ni la del bronce. Es la deuda del espíritu y que compromete hondamente nuestra sensibilidad y nuestra inteligencia». Esta idea creció en Otero mientras en su gabinete de trabajo estudiaba y escribía la historia del Gran Capitán. A través del estudio de la trayectoria del Padre de la Patria se fue informando de las virtudes que constituyen la grandeza sanmartiniana, fundamentada principalmente en lo moral que es de donde dimana aquello que realza y dignifica a un hombre. Entre esos valores morales recordó el desinterés, la pasión por la libertad, no solo del solar nativo, sino la libertad del continente. Por ello, fue no solo artífice de la independencia argentina, también en parte principalísima de la independencia de América. Todas estas razones eran más que suficientes para crear el instituto, que respondía a una necesidad vital de la patria y de homenaje al héroe que más altamente la simboliza. Recordó el orador el significado del 5 de abril de 1818, como fecha capital y decisiva por la victoria obtenida después de 18 días de una derrota que fue un serio quebranto y cuyas consecuencias fueron determinantes para la guerra por la independencia hispanoamericana. Por eso, Maipú fue elegida como fecha auspiciosa para la fundación del Instituto, cuyo propósito era dar forma a una enseñanza militante de toda la trayectoria del Libertador. En el Instituto a constituir no cabían ni podían caber los que no tenían patria, o los que teniéndola, por estar a tono con la demagogia reinante, la negaban o la postergaban en sus actos. Se incluiría todo lo que perteneciera al orden intelectivo como al orden moral. Abarcaría todo lo que específicamente hablando entra en un programa de acción argentina y democrática y todo lo que se relaciona con la epopeya, con la argentinidad y con el americanismo que fue su complemento. Un programa imponía la docencia, ya sea en forma verbal o escrita. Esta docencia tenía en San Martín, su campo de investigación, de compulsión y de análisis, docencia que no podía ser local ni mezquina. Debía ser generosa y amplia. Los voceros del Instituto deberían decir, dentro y fuera del país, quien fue el Libertador, cuál es su obra y cuales los factores históricos y doctrinales que con ella nos vinculan, abarcándolos en toda su trayectoria, en su gloria y ostracismo. Recordaremos que por lo general los hombres juzgan lo pasado según la verdadera justicia y lo presente según sus intereses, así dejó escrito el Libertador en carta a Guido y este Instituto quería cumplir con ese pensamiento a fin de que figura tan luminosa y radiante fuera conocida y amada por el pueblo, y constituyera la entidad monitora que buscarnos. Estos y otros interesantes conceptos dejó escrito el doctor Otero en esta memorable conferencia, que finalizó agradeciendo la presencia de tan calificado público y el estímulo que significó la hospitalidad y el apoyo del Círculo Militar.

Recordar  las palabras de Otero en este momento es refrendar el necesario compromiso sanmartiniano que los argentinos nos debemos para con la Nación y sus habitantes, el respeto a nuestros héroes, y el rechazo a las manipulaciones políticas del legado que nos dejaron quienes sentaron las bases, ya sea en  los campos de  batalla o de la política para que tengamos Patria.

Elìas Almada

Correo electrónico: almada-22@hotmail.com

Fuentes: Roberto Colimodio Gallos en sus publicaciones y escritos donde referencia además:

«Historia de San Lorenzo» – Marcos Rivas – 1951 // «Soldados de San Martín en San Lorenzo» – Roberto Colimodio y Julio Romay – 2012

Granaderos Bicentenario: Pagina de Facebook del mismo escritor.

Instituto Sanmartiniano,  Roberto L. Elizalde 13.07.2024 para La Prensa