Asentamiento del Arrollo de la China  (12-5-1778)

 

Entre los arroyos “de la China” y “del Tala” se asentaron numerosas familias que fueron expulsadas violentamente de las cercanías del arroyo “El Gato” por el terrateniente Justo García de Zúñiga, marcharon hacia el norte y por la costa del río Uruguay, localizándose a orilla  del arroyo “de la China”, sumándose a los ya radicados en ese lugar, el capellán  decidió gestionar antes el Virrey Vértiz en 1773 el traslado de la gente del arroyo de la China más al sur exponiendo: “que el vecindario vivía en forma irregular allí, se cometían robos de caballos, y se carecía de vigilancia policial”; pero el pedido no encontró respuesta favorable,  Poro sí el cabildo de Santa Fe designa comisionado en ese paraje al estanciero León Almirón. Los primeros pobladores de las cercanías del arroyo de la China vivían en grandes estancias (establecimiento ganadero de Juan José Castro, vecino de Buenos Aires, la estancia de Pedro Marzo,  las de Juan Mármol y don José Osuna, entre otras). Don Pedro Pablo Almirón, por esos tiempos tenía  su estancia entre los arroyos de la China y “El Curro”, entre las tierras de este y las de su hijo León se formaría una nueva villa.

Esta ubicación les impedía asistir a los oficios religiosos que se celebraban por lo menos desde 1764 en la capilla de Gualeguaychú y solo recibían asistencia espiritual cuando el capellán de la misma se trasladaba hasta el asentamiento.

Como intérprete de los intereses y necesidades del vecindario afincado en esta zona, Almirón eleva un oficio al Cabildo Eclesiástico de Buenos Aires. En el mismo, informa que el vecindario del Arroyo de la China y parajes aledaños asciende a más de treinta familias españolas y otras tantas de naturales. En sus argumentos sostiene  que desde hace ocho años, García de Zúñiga los había expulsado de sus campos. Estas familias han carecido de “sustento espiritual”, por lo cual solicita el permiso correspondiente para construir una capilla y obtener las licencias para que se designe un capellán.

El permiso fue concedido 12 de mayo de 1778, el virrey Ceballos  dio su licencia el 27 y autorizó el 3 de junio como teniente cura al padre Fray Pedro de Goytia. El 5 de diciembre de 1778 se celebró la primera misa en la villa. Anteriormente habría existido un oratorio más cercano al arroyo Molino

Autorización en mano, procedió a edificar la capilla de barro y paja, que se concluyó en 1779, esta fue la que encontró en muy mal estado, Rocamora  en 1783.

La visita que en 1779 hizo al Partido, el Obispo Malvar y Pinto, alentó el espíritu de este y otros vecindarios para que formalizaran un pueblo.

Cuando los pobladores se consideraban seguros en ese lugar, el Dr. Pedro Garcia intentó desalojarlos de las tierras, con el pretexto de haberlas denunciado en compra. Los vecinos pidieron a las autoridades, se los amparase y se les formalizase  como pueblo o villa.

Los máximos funcionarios españoles de entonces, decretaron el 6 de abril que debía ampararse al vecindario en la posesión que se solicitaba y advirtieron al Dr. Garcia que no adelantara su propósito de adquirir tierras realengas, en las que debía ser preferida la población.

En 1781, el nuevo Comisionado Colman insiste en la conformación de un pueblo. Para ello informa a las autoridades sobre la población del lugar “entre los arroyos de la China y Vera donde antes había 27 vecinos a la sazón, había 52; esto fuera de 18 ubicados desde el Vera hasta el Palmar y de 42 entre el Tala y el arroyo de la China que en total componían 103, cargados de hijos y que  por solo el antojo de un individuo, perderían todos su bienes.

El pedido del comisionado, detuvo por un tiempo las aspiraciones del particular.

El 25 de junio de 1783, por encargo del virrey rioplatense Juan José de Vértiz y Salcedo, el entonces comandante general de los partidos entrerrianos Tomás de Rocamora fundó la Villa de Nuestra Señora de la Inmaculada Concepción del Uruguay, levantando el primer cabildo al norte de la población existente.

PRIMEROS EDIFICIOS PUBLICOS DE VILLA DEL ARROYO DE LA CHINA Y CONCEPCION DEL URUGUAY

Después de repartido los lotes de terrenos a los primeros pobladores de  la VILLA DEL ARROYO DE LA CHINA, Don TOMAS DE ROCAMORA, propuso la construcción,  de los siguientes edificios necesarios para la nueva villa:

Una Iglesia de 40 a 45 varas de largo;  un cementerio de 35 a 40 varas;-

Un Hospital capaz de contener a 12 enfermos y ubicado de inmediato a la iglesia, una escuela con banco y mesa, cuarto y cocina para el maestro, considerando indispensable el edificio para el Cabildo -de buen material y decente vista-

Todas estas obras, como tambien la cárcel y algunos puentes y caminos, estimaba ROCAMORA que se podían solventar con el tercio correspondiente al Rey para no agravar a la población muy pobre y recién llegada.

En  1792  probablemente la población tiene su  primer maestro, se le atribuye al presbítero Juan Estanislao De la Motta dicha tarea.

LA  REVOLUCION DE MAYO (Por Gregorio Troncoso Roselli)

Cuenta el escritor Gregorio Troncoso Roselli, descendiente de la familia Calvento, que en la vieja casona de los Calvento (Hoy Museo Delio Panizza), donde él asistía de niño con su familia, vivía doña Manuela Céspedes y su esposo Fulgencio López. Manuela Céspedes era pariente de su padre. Recuerda que en la casona aún se conservaban un candelabro de tres velas que pertenecieron a Narciso Calvento y un óleo pintado por Victorica de don Mariano Calvento, hijo de Narciso.

En una habitación de huéspedes –que luego se transformó en el aposento de Norberta Calvento–, se hospedaron el Gral. Martín Rodriguez, Díaz Vélez y el Dr. Manuel Belgrano. Según el autor allí se habría discutido en tertulia privada de vecinos el reconocimiento a la Primera Junta de Gobierno, aprobada oficialmente el 8 de junio de 1810.

El escritor Gregorio Troncoso Roselli en su libro «Evocaciones a la distancia» (Recuerdos de Concepción del Uruguay), evoca aquel momento:

Es tradición, tía Dolores me lo refirió muchas veces, allí en la casona de su abuelo Don Narciso Calvento (actual Museo Delio Panizza) en reunión de notables de la villa, se discutió y se acordó reconocer a la Junta de Mayo, el día 7 de Junio. Al día siguiente fue reconocida en sesión especial del Cabildo…. Al anochecer comienzan a llegar los primeros convocados: Miguel Díaz Vélez, José Aguirre, Belisario Céspedes, Joaquín, Agustín Urdinarrain, Domingo Morales, Melitón González, Octavino Benítez, Domingo Calvo, Mariano López; Francisco Ramírez, Antonio Salvatella, Juan José Irigoyen, Ramón Olivera y muchos otros. La asamblea contó con una treintena de asistentes, que ocupó la amplia sala de la casa…»Al día siguiente,8 de Junio, viernes, el Cabildo de nuestra ciudad, en sesión especial, reconoce al Primer Gobierno Patrio, librando a la misma, el siguiente oficio: «Exmo. Señor: Acabamos de recibir con oficio de V.E del 1 del corriente, los impresos que manifiestan los justos motivos y fines de la instalación de la Junta Provisional Gubernativa de las Provincias Unidas del Río de la Plata, a nombre del señor Fernando Séptimo, y quedan dadas todas las disposiciones para que se lleven a debido efecto en el distrito de esta jurisdicción, cuanto V.E. se sirve prevenirnos. El más pronto envío del diputado de ésta villa y el puntual cumplimiento a las presentes y sucesivas órdenes de V.E. acreditan el celo y patriotismo de este vecindario a cuyo nombre tenemos el honor de felicitar a V.E. Nuestro Señor guarde de la vida de V.E. muchos años. Villa de la Concepción del Uruguay, 8 de junio de 1810. Exmo. Señor José Miguel Díaz Vélez, Domingo Morales, Agustín Urdinarrain, José Aguirre. Señores de la Junta Provisional Gubernativa de las Provincias Unidas del Río de la Plata»…»… (Edición: Civetta, maría Virginia y Ratto, Carlos Ignacio. Texto: Gregorio Troncoso Roselli, Evocaciones a la distancia (Recuerdos de Concepción del Uruguay), 1957.)

Por otra parte, y de acuerdo a un trabajo del genealogista Arturo Alberto Pozzo, en asamblea abierta el 30 de julio constituida por “cuarenta y cuatro caracterizados vecinos”, entre los que se encontraba Don Juan Almada  Y Billalba o Villalba padre del Apolinario Almada, futuro General de los ejércitos entrerrianos, eligieron al cura vicario José Bonifacio Redruello, como representante ante la Junta  de  Buenos Aires. Pero este  no solo que no llegó a incorporarse a la Junta, sino que además, se pasó al bando realista.

 

JOSE MIGUEL DIAZ VELEZ  (San Miguel de Tucumán, Virreinato del Río de la Plata, 1773 – Paysandú, Uruguay, 1832)

Hijo de Francisco Díaz Vélez, comerciante español y de María Petrona Aráoz, perteneciente a una aristocrática familia tucumana, quienes poco después de su alumbramiento se radicarían con su familia en Buenos Aires. De ese matrimonio nacieron doce hijos, siendo José Miguel el segundo. Fue hermano de Eustoquio Díaz Vélez, séptimo hijo, -luego nombrado «Benemérito General de la República»- , uno de los oficiales más destacados al mando del Gral. Manuel Belgrano, y también de Manuel Díaz Vélez, octavo vástago, joven teniente del Regimiento de Granaderos a Caballo que perdiera la vida el 20 de mayo de 1813 a raíz de las heridas recibidas en el combate de San Lorenzo el 3 de febrero de ese mismo año. José Miguel estudió en el Colegio de San Carlos de Buenos Aires y se recibió de abogado en la Universidad de Córdoba. Contrajo matrimonio en Buenos Aires, el 13 de octubre de 1796, con María del Tránsito Inciarte Montiel con quien tuvo once hijos: José María, José Ciríaco, María Luisa -quien posteriormente fuera la esposa del general Gregorio Aráoz de Lamadrid-, María de Tránsito, Dolores, Agustina, Manuel, Mercedes, Francisco, Justiniano y Nicolás. Su suegro era el Piloto de la real armada Juan de Inciarte. Este había ocupado hacia 1779 las tierras entre el arroyo “El Cordobés” (hoy Arroyo Urquiza) y el arroyo «Perucho Berna»; en 1785 las había comprado a sus propietarios, la rica y patricia familia santafesina de los Larramendi (vale recordar en nombre de Gregoria Pérez y Larramendi de Denis), a través de don José Teodoro de Larramendi. El casamiento con la hija de Inciarte lo relacionó con la costa entrerriana del río Uruguay y al fallecer su suegro se hizo cargo de las mismas. En la villa de Concepción del Uruguay José Miguel Díaz Vélez colaboró con la Parroquia de la Inmaculada Concepción y fue elegido alcalde de primer voto del cabildo de esa villa para el año 1810, por orden del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros. Desde allí apoyó la Revolución de Mayo, y por su influencia, ese cabildo estuvo entre los primeros en reconocer la autoridad de la Primera Junta. Díaz Vélez fue el mentor del apoyo de todo Entre Ríos a la Revolución, y la Junta le dio el cargo de coronel de milicias. La Primera Junta dispuso el 5 de septiembre de 1810 que los partidos de Entre Ríos dependieran de la Tenencia de Gobierno de Santa Fe. Al pasar por Paraná la Expedición al Paraguay comandada por el general Manuel Belgrano, este nombró a José Miguel Díaz Vélez comandante general de los partidos de Entre Ríos, el 19 de octubre de 1810, en reemplazo del comandante Josef de Urquiza, padre de Justo José de Urquiza. Como comandante general albergó en Paraná los campamentos de Belgrano, tuvo a su cargo la formación de milicias populares, aportó víveres e incorporó más de 750 caballos que serían utilizados en la Expedición Libertadora al Paraguay. En fecha incierta, aunque posiblemente al ser trasladado Belgrano a la capital, Díaz Vélez se trasladó a Buenos Aires. Durante las jornadas de los días 31 de marzo y 2 y 3 de abril de 1812 José Miguel Díaz Vélez fue elegido por el Cabildo de Buenos Aires elector de los miembros bonaerenses que constituyeron la efímera Asamblea General que comenzó a sesionar al día siguiente. El cuerpo, el 4 de abril, como consecuencia de la vacante producida por Juan José Paso como miembro del Triunvirato, eligió en su reemplazo a Juan Martín de Pueyrredón, y en su ausencia, a José Miguel Díaz Vélez, como suplente de aquel. El Triunvirato desconoció su nombramiento designando a su Secretario Bernardino Rivadavia hasta la llegada de Pueyrredón. Como respuesta a la decisión del Triunvirato la Asamblea se proclamó «Suprema» de todas las demás autoridades de las Provincias Unidas ejerciendo la representación soberana del pueblo de las Provincias Unidas del Río de la Plata. El Triunvirato dispuso inmediatamente la disolución de la Asamblea General, declarando ilegal su intento de declararse «Suprema» ya que atentaba contra el derecho de soberanía del pueblo, la autoridad del Gobierno y del Estatuto Provisional. Fue miembro de la Cámara de Apelaciones creada como consecuencia del dictado del «Reglamento de Institución y Administración de Justicia del gobierno Superior Provisional de las Provincias Unidas de Río de la Plata», del 23 de enero de 1812 —que reemplazó a la Real Audiencia de Buenos Aires y cuyos miembros ya habían sido cambiados por hombres vinculados a la revolución y participó en la elección de los diputados a la Asamblea del Año XIII. Todo ese tiempo, retuvo el cargo nominal de comandante de Entre Ríos, hasta ser reemplazado por el coronel Hilarión de la Quintana a principios de 1814.

Ejerció cargos diplomáticos, incluyendo una misión a Río de Janeiro, donde se entrevistó con Lord Strangford. En 1818 fue elegido diputado por Tucumán en el Congreso Nacional que sesionaba en Buenos Aires; fue uno de los redactores de la Constitución Argentina de 1819. Luego de la Batalla de Cepeda, el 1 de febrero de 1820, y frente a la exigencia del jefe del ejército de campaña de Buenos Aires, Miguel Estanislao Soler y sus oficiales que conminó la disolución del Congreso Nacional y la renuncia del Director Supremo, José Rondeau, José Miguel Díaz Vélez presidió la última sesión del Congreso Nacional que finalizó con la disolución del cuerpo legislativo. Además se ocupó de asistir a Belgrano en sus últimos días de vida. En octubre de 1820, cuando el general Martín Rodríguez fue elegido gobernador de la Provincia de Buenos Aires, el doctor José Miguel Díaz Vélez fue designado como miembro del Consejo de Gobierno que la Junta de Representantes creó como órgano de consulta y que integró junto con el doctor Manuel Antonio Castro y el general Marcos Balcarce. Luego de  algunos años durante los cuales José Miguel Díaz Vélez se dedicó a la abogacía en forma privada, fue secretario del Congreso General de 1824. Después de la batalla de Ayacucho, fue enviado como representante de dicho Congreso al Alto Perú, con el cargo de ministro plenipotenciario y enviado extraordinario del Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata, en una legación conjunta con el general Carlos María de Alvear en la que actuó como secretario de la misma Domingo de Oro. La misión  tenía dos importantes propósitos. El primero era reincorporar a las provincias altoperuanas al territorio de las Provincias Unidas, al haber concluido el proceso de emancipación de la Corona española. El segundo tratar de convencer al libertador general Simón Bolívar para que prestara su colaboración militar en la inminente Guerra contra el Imperio del Brasil por los territorios de la actual República Oriental del Uruguay y parte del actual estado brasileño de Río Grande del Sur ya que la Provincia Oriental del Río de la Plata quería quedar unida a las demás de este nombre en el territorio de Sud América. Díaz Vélez se entrevistó por más de tres meses con Bolívar. Como las provincias del Alto Perú decidieron independizarse, Díaz Vélez convenció al general que devolviera el territorio de Tarija a la provincia de Salta, integrante de las Provincias Unidas. Bolívar aceptó la propuesta de Díaz Vélez y el 17 de noviembre de 1825 ordenó al mariscal Antonio José de Sucre la entrega de Tarija pero tras un breve período de subordinación a las Provincias Unidas, el 26 de agosto de 1826 se incorporó a Bolivia. Respecto a la cuestión de la Banda Oriental, Díaz Vélez fue tenaz y convincente en la información que brindó a Bolívar acerca de los aprestos bélicos del Imperio del Brasil y sobre las consecuencias para las repúblicas del continente americano, si no obraban de común acuerdo para detener el avance imperial. Pero pese a los esfuerzos de la misión, el libertador venezolano tuvo una actitud vacilante respecto a intervenir en un conflicto armado contra el Imperio del Brasil.

A fines de 1828 José Miguel Díaz Vélez apoyó la revolución del general Juan Lavalle contra el gobernador Manuel Dorrego. Fue ministro general del gobierno de Lavalle durante la campaña que llevó a la batalla de Navarro y la prisión del ex gobernador. Intentó convencer a Lavalle de que exiliara a Dorrego, intercediendo por su vida —junto con los inútiles esfuerzos del almirante Guillermo Brown, pero fracasó en el intento. El 7 de febrero de 1829 José Miguel Díaz Vélez otorgó el pasaporte que el general José de San Martín le había solicitado al gobierno tras su arribo sorpresivo al puerto de Buenos Aires con el fin de trasladarse a Montevideo «…en vista del estado en que se encuentra nuestro país, y por otra parte no perteneciendo ni debiendo pertenecer a ninguno de los dos partidos en cuestión…» Tras el pacto de Cañuelas y la retirada de Lavalle, se exilió en el Uruguay. Apoyó los intentos de invasión de Lavalle a Entre Ríos, pero no participó en ellos. Falleció en su campo de Paysandú  el 20 de marzo de 1832.

Elìas Almada

Correo electrónico: almada-22@hotmail.com

 

Fuentes: Revista panorama (1939) y Álvarez, Eduardo Víctor, “La Capilla Almirón”, Diario la Calle, 25 de junio de 1990., Pérez Colman, César B., Historia de Entre Ríos. Época colonial, t. II, Paraná, 1936, Segura, Juan José Antonio:-“Tomás de Rocamora-Soldado y fundador de Pueblos” Ed. S/D. Andrés René Rousseaux,  editado por Jorge Miguel Haidar para su página de Facebook, entre otras