Montoneros, Aramburu y la religión a medida de sus pensamientos

Para los inicios de la década del 70´, hacía un tiempo ya que la izquierda latinoamericana en gran parte había entrado en una fase de pregonar y proponer la guerra revolucionaria como  forma de lucha para lograr  la “liberación”. Por su parte, luego  del concilio Vaticano II, dentro de la Iglesia católica surge el movimiento de curas tercermundistas, que en algunos lugares de nuestra América como en Europa tenía antecedentes, a partir de pensamientos y teorías tales como  la Teología dialéctica, la Teoría de la dependencia y Pedagogía del oprimido, Teología del hombre. Comienza a desarrollarse, a partir de estos pensamientos, la Teología de la liberación, que es impulsada por dichos sacerdotes, e incluso con el tiempo llegará a ser de algún modo “aceptada” por un Papa conservador como Juan Pablo II. Estos movimientos religiosos “tercermundistas” comienzan a influir en las juventudes católicas, que en una interpretación sesgada y antojadiza del nuevo pensamiento teológico viran desde posturas  conservadoras a otras contrapuestas y más radicalizadas que poco o nada tienen que ver con ese nuevo pensamiento, a saber:

  • Opción preferencial por los pobres.
  • La salvación cristiana no puede darse sin la liberación económica, política, social e ideológica, como signos visibles de la dignidad del hombre.
  • La espiritualidad de la liberación exige hombres nuevos y mujeres nuevas en el Hombre Nuevo Jesús.
  • La liberación como toma de conciencia ante la realidad socioeconómica latinoamericana y de la necesidad de eliminar la explotación, la falta de oportunidades e injusticias de este mundo.
  • La situación actual de la mayoría de los latinoamericanos contradice el designio histórico de Dios y es consecuencia de un pecado social.
  • No solamente hay pecadores, sino que hay víctimas del pecado que necesitan justicia y restauración.
  • El método del estudio teológico es la reflexión a partir de la práctica de la fe viva, comunicada, confesada y celebrada dentro de una práctica de liberación.

Como vemos, la liberación de la que hablan estos nuevos teólogos nada  tiene que ver con emprender una lucha armada.

Nuestro país de ninguna manera podía ser una isla. Las nuevas corrientes llegaron y la violencia también: en la década del 60 hubo varios intentos de conformar agrupaciones guerrilleras, con escaso éxito; quizás la de mayor repercusión fue la organizada por Dardo Cabo, Descamisados, que en junio de 1969 asesina a Augusto Timoteo Vandor y que luego sería absorbida por Montoneros. Precisamente esta comenzó a integrarse a fines de la década del 60, a partir de un grupo de compañeros del Colegio Nacional de Buenos Aires, vinculados a la acción católica, que viraron a un pensamiento más de izquierda o revolucionario.

El fracaso de los intentos de instalar un foco guerrillero se basa sustancialmente en el apego a la paz del pueblo, y a que además este ansiaba el regreso de Perón más que una revolución. Por eso, como lo ha descrito en alguna oportunidad el filósofo José Pablo Feimann, militante de la Juventud Peronista de aquellos años, a los sectores de la izquierda revolucionaria no le quedaba otra alternativa que incorporarse o infiltrarse en el peronismo, y desde ese lugar participar de las luchas por el regreso del líder, captar militantes para su causa; nada podía suceder si no era desde dentro del movimiento peronista o en contra de este. Por ello sin dudas podemos aseverar sin demasiado margen de error  que el secuestro y asesinato del Gral. Aramburu  tenía por objeto congraciarse con el líder y su movimiento, como de alguna manera sucedió posteriormente.

Aramburu era una prominente figura del anti peronismo, responsable junto a otros altos oficiales del golpe militar que derrocara a Perón y la posterior asonada contra el Gral. Lonardi a quien acusaba de ser demasiado blando con el peronismo depuesto, responsable también del fusilamiento del Gral. Valle y de otros militares y civiles en  Lanús, La Plata, José León Suárez, Campo de Mayo, la Escuela de Mecánica del Ejército y la Penitenciaria Nacional. El coronel Cabanillas, antiperonista fanático, sería convocado para matar a Perón en Caracas, haciéndose pasar por un peronista. Fue el máximo responsable de la desaparición del cadáver de Eva Perón e inició además una tarea de persecución contra todo aquel que estuviera vinculado o simpatizara con Perón, de la que no escaparon ni siquiera deportistas como el remero olímpico Eduardo Guerrero, todos los campeones mundiales de básquet de 1950, el campeón sudamericano de bochas Roque Juárez, el maratonista Delfor Cabrera y hasta los corredores Walter Lemos y Osvaldo Suárez. La tenista María Luisa Beatriz Terán logro  que  la Federación de Tenis la protegiera pero debió abandonar su carrera. Con todos estos antecedentes, y otros que no son necesarios detallar, era un blanco perfecto para congratularse con Perón.

Pero además este militar también tenía fuerte  vínculos con la iglesia, sobre todo con la cúpula conservadora que en 1955 apoyó y participó del derrocamiento de Perón. Salvo Monseñor Caggiano, obispo de Rosario, y el riojano Ferreira Reinafe, los demás miembros de la curia no veían con buenos ojos como resolvía el gobierno la cuestión de la pobreza, sobre todo porque ellos junto a la Sociedad de Beneficencia eran quienes se encargaban hasta ese momento, recibiendo importante donaciones, a tal punto que  existieron en nuestro país 3 Condesas Vaticanas (Título nobiliario con que la iglesia distinguía a sus mayores aportantes). Esos sectores más conservadores, mantuvieron fuertes vínculos con la Revolución Libertadora de la que Aramburu era parte, los cuales se mantuvieron en el tiempo. En el seno de la iglesia, por ese tiempo, y en cuanto a la aplicación de la Doctrina Social, se produjo una fuerte crítica de los sacerdotes a la cúpula, que derivó en alguna medida que un número importante de los responsables de las parroquias se vinculara la peronismo.

Aramburu fue secuestrado el  29 de mayo de 1970 y ejecutado el 1º de junio de ese año, mientras  impulsaba un golpe de estado contra el Gral. Onganía (Dictador de turno). Fernando Abal Medina era el encargado de dispararle. Nadie confirmaría después si fue el único en hacerlo o si el encargado de rematarlo fue otro, lo cierto es que  le dispararon con dos pistolas diferentes, de similares calibres o denominaciones, una 9mm y otra 45. El relato posterior  de Firmenich y algún otro participante cuenta que Abal, luego de dispararle giró, apoyó el brazo contra la pared y en él su rostro, como en un gesto de pesadumbre ante la situación.  Era la irrupción pública de la organización terrorista Montoneros, que sin ser de origen peronista de algún modo se arrogaban su representación y el derecho de actuar en su nombre. El 1º de julio de ese año en La Calera, provincia de Córdoba, en un tiroteo cae Emilio Mazza (uno de los secuestradores), es herido y muere horas después. En dicho operativo es detenido el  actual director del INCUCAI,  Carlos Alberto Soratti  y otros miembros de la banda. Abal Medina morirá en un enfrentamiento con la policía (aunque se sospecha que eran efectivos del ejército con uniforme policial) el 7 de septiembre de ese mismo año en el bar “La Rueda”, a poca distancia de la estación de trenes de William Morris. Es decir, a pocos días y meses de su irrupción la organización pierde a sus dos primeros jefes.

Decididamente la violencia ganaría espacio en la vida política argentina, y como casi siempre sucede, la justicia ausente y la indignación presente, Aramburu nunca pagó por sus crímenes, nunca fue enjuiciado. Es más, luego de dejar la presidencia que usurpara el Congreso Nacional, aprobó una iniciativa del presidente Frondizi, que le concedió el grado de Teniente General, y en 1979 le impusieron su nombre a la Escuela de Caballería del Ejército. No nos podemos olvidar que José de San Martin era oficial de caballería, Rudecindo Alvarado, Juan Lavalle, Manuel Dorrego,  Juan Gualberto Gregorio de La Heras, Mariano Necochea, y muchos otros héroes de la independencia  y caudillos provinciales también lo fueron, y merecen mucho más que un asesino ser homenajeados con tamaño honor.

Muchos de  los miembros de la organización Montoneros tampoco fueron juzgados: muchísimos murieron en la tortura y fusilamientos o atentados de la organización terrorista, también como ellos Triple A, o a manos de la dictadura, lo que no se condice con el status de una Nación. Debió intervenir en todos los casos la Justicia y  castigar con el Código Penal a los responsables de todo acto que mereciera ser juzgado. Y por si fuera poca toda esta ignominia, sus propios jefes Firmenich, Vaca Narvaja y Perdía, entregaron a un número importante de ellos a los militares luego de reunirse en París con el almirante Massera, con quien también compartieron el botín por el secuestro de Jorge Borg,  que también queda aún sin respuesta,  porque el único integrante del ala de inteligencia de Montoneros que quedó vivo es Horacio Verbitsky, ex prisionero de la ESMA.

La iglesia no resultó indemne a este enfrentamiento y perdió a varios de sus miembros, mientras otros compartieron gustosos la mesa de los dictadores.

Demasiados “olvidos” que me permito recordar, porque sin memoria no hay verdad y sin verdad no hay justicia. Perdón por tener memoria.

“¡AY PATRIA MÍA!”

Manuel Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano

Prócer de la Independencia Americana

 

Elías Almada

Corree electrónico: almada-22@hotmail.com

Fuentes: medios periodísticos de 1970, Infobae (mayo 2022), Carlos Altamirano (historiador)