El Supremo Granadero: General Mariano Pascual Necochea.

 

175 años de paso a la inmortalidad: Mariano Pascual Necochea, nacido en Buenos Aires, el 7 de setiembre de 1792, fallece en Miraflores, Perú, el 5 de abril  1849), participó en la guerra de independencia de Argentina,  Chile y Perú. Hijo de padres españoles, del rico vasco navarro Casimiro Francisco Necochea y de María Mercedes Saraza. Viajó a España en los primeros años del siglo XIX, yendo a estudiar matemáticas, humanidades e idiomas a Sevilla. Regresó a Buenos Aires en 1809, a la muerte de su padre, para hacerse cargo de los negocios de este. No participó en la Revolución de Mayo, y se mantuvo ligado al comercio exterior.

Con 20 años, en 1812, y de forma sorpresiva, se suma al Regimiento de Granaderos, con el grado de Alférez. Estará presente en San Lorenzo, y por su cultura, es el escribiente del Parte del Combate, según dictados de San Martín. Por un breve tiempo formó parte de la Guarnición Militar Santa Fe. Se unió a la expedición al Alto Perú comandada por José Rondeau, al frente de un escuadrón de Granaderos, con el grado de capitán. Fue el único hombre que se salvó de la sorpresa de El Tejar — algo al norte de Humahuaca — en que fue tomado prisionero el general Martín Rodríguez, a esa acción se referiría de la siguiente forma, “Jamás di tal sablazo, que le partí la cabeza hasta el  pescuezo a ese pobre infeliz”, hablando del soldado español que quiso  interponerse para evitar su huida. Combatió en la batalla de Venta y Media y en la terrible derrota de Sipe Sipe, en la que fue herido de cierta gravedad; no obstante, logró reunir a los Granaderos y otros soldados del ejército derrotado. Llegó en camilla hasta Chuquisaca y fue trasladado a Tucumán. En 1816 fue el jefe de la escolta del recién nombrado Director Supremo, Juan Martín de Pueyrredón.

Cruzó los Andes, como jefe de escuadrón del Regimiento de Granaderos a Caballo que comandaba el Cnel. Josè Matías Zapiola. Luchó en Las Coimas durante el cruce, donde demostró su coraje , “Asegurada la garganta de Achupallas tras el combate librado por el teniente de granaderos Juan Lavalle, el 7 de febrero de 1817, Necochea se adelanta hacia San Felipe con 140 granaderos a caballo comprobando en Las Coimas la presencia de una agrupación realista compuesta por 300 infantes, 400 jinetes y 2 piezas de artillería a órdenes del mayor Atero, que ocupaba una fuerte posición. Sin esperar la llegada de refuerzos, Necochea dividió a sus fuerzas en tres columnas. Mientras mantenía oculta a una de ellas, con las otras dos simuló un ataque seguido de una retirada al galope. Tal como esperaba, la caballería realista se lanzó en persecución de aquellas, siendo entonces cargada por las tres fracciones patriotas que la derrotaron. En su fuga, la caballería realista arrastró a su infantería, que huyó en desorden hacia San Felipe sin haber disparado un solo tiro” (Del Regimiento de Granaderos a Caballo). Estuvo presente en Chacabuco, como parte de la caballería de la División Soler, siendo jefe del  Escuadrón Escolta; también combatió en  Gavilán, Talcahuano y Cancha Rayada, donde fue herido en una mano. Por ese motivo, no estuvo en Maypo.

Hizo la Campaña del Perú. Combatió en Nazca y Cerro de Pasco. Participó del Sitio del Callao.

Fue uno de los Jefes de la caballería patriota en Junín, en donde fue herido gravemente, siendo lanceado en el pecho, herida que le atravesó un pulmón y un sablazo le inutilizó el brazo. Catorce heridas se contaron en su cuerpo. Fue capturado por los realistas, pero un oportuno contraataque, logró liberarlo. Nunca jamás podrá ser el mismo después de Junín. Las numerosas heridas afectaron su salud. Fue nombrado Director de la Casa de la Moneda, por Simón Bolívar, luego acusado de participar de un complot en contra del mismo, sin pruebas concretas, se  encontró  enemistado con el Libertador y abandonó el Perú, no sin antes pronunciar una famosa frase: «…del Perú solo quiero llevarme las heridas”. Volvió al país. Al llegar, el presidente Bernardino Rivadavia lo nombró jefe de todas las reservas de Buenos Aires y le negó el permiso para hacer la campaña de la Guerra del Brasil a pesar de su insistencia. Ofendido por esa actitud, regresó al Perú, donde participó en la Guerra gran colombo-peruana comandando la caballería peruana en la Batalla del Portete de Tarqui. Volvió a Buenos Aires a la caída del gobierno de Bernardino Rivadavia. Fue sancionado por el gobernador Manuel Dorrego por pretender volcar una elección en favor de los unitarios, votando con todo su regimiento. No obstante, algunos autores citan el episodio como la intervención de Necochea en contra de un oficial partidario de Dorrego, que pretendía hacer votar a sus soldados en su favor. Apoyó a Juan Lavalle en la revolución de diciembre de 1828, pero no tomó parte en la guerra civil que siguió. Abandonó Buenos Aires  poco después de la caída de Lavalle. Tras pasar un tiempo en Montevideo y en Chile, regresó al Perú en 1831. Nuevamente fue puesto al frente de la Casa de Moneda. Fue ascendido al grado de mariscal por el gobierno peruano en 1834, pero durante la Confederación Perú-Boliviana dirigida por Andrés de Santa Cruz, se exilió en Chile. Tras la derrota de este en la batalla de Yungay pasó a Montevideo. A principios de 1840, como parte de la campaña contra los federales, el presidente uruguayo Fructuoso Rivera lo envió a Entre Ríos a recoger algunas vacas —es decir, robar ganado— para alimentar su ejército. Tras un período en Montevideo, regresó al Perú y retomó sus actividades en la Casa de Moneda. Tuvo una salud delicada y con dolor en sus últimos años. Falleció en su casa de Miraflores el 5 de abril de 1849. Fue enterrado en el Cementerio Presbítero Matías Maestro, pero posteriormente sería trasladado al Panteón de los Próceres en el Cercado de Lima, donde descansa hasta el día de hoy. Su casa fue demolida a mediados del siglo xx. Argentina intento  en 1949 repatriar sus restos pero el Perú no lo permitió. La respuesta del gobierno peruano fue que Necochea había vivido mucho más tiempo en el Perú que en la Argentina, que se había transformado en ciudadano del Perú por voluntad propia, que el pueblo del Perú lo amaba y que había sido mariscal de sus ejércitos, por lo que no aceptaba el traslado propuesto por la Argentina. Es Héroe Nacional del Perú, con el grado de Gran Mariscal del Perú.

La vida amorosa de un soldado romántico

Después de la acción del Tejar, librada el 19 de febrero 1815, el entonces Sargento Mayor Mariano Necochea contrajo enlace con una joven potosina: María Dolores Puentes, de quien se había enamorado dos años antes, y con quien se convertiría en padre de una niña, Benjamina. Las continuas campañas y luego el destino de Necochea a la ciudad de Mendoza, motivaron el traslado de su esposa junto a la niña,  a la casa de los padres del sargento, en Buenos Aires, luego de la despedida Mariano ya no podría regresar con ellas y el amor entre él y Maria Dolores se fue apagando. Luego de Chacabuco y mientras se hallaba en persecución de soldados realistas, se encontró con un carruaje empantanado atacado pro salteadores, luego de ponerlos en fuga, comprobó que un soldado español (el conductor del carruaje) estaba herido y de que dentro del mismo se encontraba un bella dama y su doncella,  la dama resultó ser  la esposa del Cnel. Morgado, conocido jefe español por su prestigio y crueldad. Accediendo al pedido de la dama de atender al soldado y quizás prendado por su belleza Necochea la invito a descender  tendiendo su capote militar en el barro para que ella no ensuciara sus pies. Dicen historiadores y biógrafos que ahí comenzó su nuevo amor, que ya nunca más pudieron separarse; Josefa Sangra Morgado, “Pepita” Morgado vio en Mariano en principio la oportunidad de liberarse de su desagradable esposo, y terminó profundamente enamorada,  a tal punto que sabiendo lo mucho que Necochea extrañaba a su hija, no dudo en cruzar la cordillera y  raptar a Benjamina para llevarla a Chile con su padre y que este estuvo muy feliz, pero consiente de que la niña debía estar con su madre al momento de regresarla fue nuevamente Pepita quien se encargó de traerla a Buenos Aires.  Y después de Junín fue la misma Pepita la que se encargó de cuidarlo y curar sus heridas,  y  dicen también que cuando Mariano volvió a Buenos Aires, ella quedo en Lima aguardándolo  y nuevamente en Perú se reencontraron  y que lo acompaño hasta su muerte.  El Mariscal Necochea  dejo este mundo el 5 de abril de 1849 y de Pepita nada más se supo.

Elìas Almada

Correo electrónico: almada-22@hotmail.com

Fuentes: Granaderos Bicentenarios, Reg. De Granaderos a Caballo, Zeta Noticias Chascomús, Canal 26.