En Concepción del Uruguay, donde hay normas vigentes como en toda localidad organizada, está haciendo falta seguramente que se hagan respetar y en muchos casos, los vecinos reclaman a quienes deben ser los responsables de aplicarlas o hacerlas cumplir.
Para vivir en armonía y de manera organizada, todos tenemos que ser respetados en nuestros derechos, pero también debemos saber donde terminan estos y donde empiezan los de nuestros vecinos.
Uno de los tantos casos que se ven en la ciudad es el de los caballos, algunos usados como medio de trabajo (algo que numerosas organizaciones de defensa de los animales se oponen) y otras como mascotas, entre otras, pero que sin dudas demandan que sus dueños sean responsables, no solo cuidando el estado del animal, sino lo que estos representan en una ciudad.
En los últimos tiempos vimos como se retiraban (según los informes oficiales) más de 200 caballos de las calles, pero esto parece no tener fin nunca, ya que cada día aparecen más, y cada jornada se ven equinos sueltos, como ser en el transito pesado acceso a la ciudad, bulevares y Barrios, como se en San Isidro.
Otro problema es que algunos dueños de equinos, los llevan de sus casas o terrenos, a pastorear a otros lotes o plazas, dejándolos “atados” con largas sogas que en muchos casos permiten al caballo bajar a la calzada, poniendo en riesgo a transeúntes, automovilistas y sobre todo a conductores de motos y bicicletas, que en más de un caso “zafaron” de quedar enredados con las sogas atravesando la calle.
Sin dudas los caballos son animales nobles y de mucha utilidad en muchas casos y no son responsables de los riesgos que representan o daños que causan.
La plaza del Barrio 192 Viviendas, es uno de los ejemplos, donde los animales transitan, comen y hacen sus necesidades fisiológicas, donde concurren niños a jugar y cerca de las casas.
Esto también se ve “cada día” en zona de San Isidro, donde viven personas con caballos, que los trasladan al viejo hospital, o espacios verde junto a las casas, generando (sobre todo en estos tiempos de altas temperaturas) fuertes olores con la bosta y el orín, provocando también daños en plantas o árboles, como sucedió este fin de semana en la recientemente inaugurada placita de Las Glicinas y Urquiza, donde con las sogas largas se enredaron en bancos y plantas.
A todo esto se suma el temor de la gente por la encefalomielitis equina, que se complica con la proliferación existente de los mosquitos, sin lugar a dudas en temor que debe ser tenido en cuenta no solo por los dueños de los caballos, sino por las autoridades para limitar la presencia de equinos en zonas de viviendas.
Los vecinos lo ven y lo padecen, los conductores también, al igual que los transeúntes y todo lleva a preguntar lo mismo, ¿Y quienes deben controlarlo?. Sin dudas el trabajo es mucho, pero el vecino necesita una solución y medidas ejemplificadoras para que los propietarios de caballos comprendan que deben ser responsables y tener sus “mascotas” en sus propiedades, no en espacios públicos y menos en lugares de circulación de gente o viviendas.




