A 50 años del “gran superclásico”

La disputa de las últimas fechas del campeonato  con Boca Junior como principal protagonista y la despedida de Marcelo Gallardo de River Plate, ocuparon la centralidad de las noticias del futbol, pasando desapercibido en aniversario número 50 del gran superclásico de la historia del futbol Argentino, según la opinión, entre otros, de Enrique Macaya Marquez, sin dudas el periodista que más futbol ha visto. Seguro que hubo otros que quizás se recuerdan permanentemente porque definieron campeonatos o copas, como las finalísimas del Nacional de 1976 en la cancha de Racing y la de la Copa Libertadores de 2018 en Madrid, pero este, si bien es en un comienzo de campeonato, no se puede comparar con ningún otro. Eran tiempos en que la mayoría de los técnicos  hacían ir a sus equipos para adelante, pensando más en el arco del rival que en el propio, como que no importaba cuantos goles recibían pues siempre  creían que podían hacerle más al contrario. Se jugaba  a ganar, a veces con mucha enjundia, fuerza, coraje y hasta torpeza, pero a ganar yendo al frente.

Aquel 15 de octubre de 1972 salieron a  la cancha de este modo:

River dirigido por Juan Eulogio Urriolabeitia, un técnico platense que había jugado en el club en la década del ’50,  formó con “Perico” Pérez, Zuccarini, Dominichi, Daulte y Giustozzi; Juan José López (Ghiso), Merlo y Alonso (Carlos López); Mastrángelo, Morete y Más.

Boca por su parte alineó a Rubén Sánchez; Suñé, Mouzo, Blanco y Marzolini, Peracca (Alberto Romero), Pachamé y Potente, Ponce, Curioni y Ferrero, bajo la dirección de José Varacka.

Ya habían jugado dos veces en lo que iba de 1972 por el campeonato Metropolitano, en el Monumental, Boca había goleado 4 a 0 a River con dos goles de Ponce y otros de Curioni y en la Bombonera, habían igualado 2 a 2 (Curioni y Potente para Boca, Joaquín Martínez y Néstor Scotta para River), la tarde en la que el legendario Antonio Roma defendió por última vez el arco xeneize. Era la primera fecha del Nacional que se había dividido en dos zonas de trece equipos cada una, volvieron a enfrentarse por el clásico interzonal, y lo hicieron en el estadio de Velez Sarfield.

Desde inicio, las personas que ese domingo 15 de octubre de 1972 atestaron el estadio de Vélez (se vendieron 43.044 entradas generales), tuvieron la sensación de que serían testigos de un partido inusual, destinado a hacer historia. Tal como lo describe Daniel Guiñazú para Página 12 “movió River, recibió la pelota Norberto Alonso y con el revés de su zurda mágica, le tiró un caño redondo a Oscar Peracca, el volante de Boca que corrió a su marca”.

Ernesto Mastrángelo al minuto de juego y Oscar Más a los 9 pusieron el 2 a 0,  Hubo un penal  para Boca (José «Perico» Pérez, el arquero de River, saltó con la pierna derecha extendida en plancha sobre Hugo Curioni, el centro delantero cordobés de Boca, y el árbitro Luis Pestarino cobró la falta) que el propio «Perico» Pérez le detuvo a Rubén Suñé. Pero Boca no se desanimó, sino todo lo contrario: siguió atacando y transformó el 2 a 0 en 4 a 2 con goles de Curioni, Ramón Ponce de tiro libre y dos de Osvaldo Potente. Más pese a la remontada boquense  River no se entregó, atacó con juego y potencia, descontó a los 12 minutos del segundo tiempo de otro gol de Más y empató a los 17 por intermedio de Carlos Morete. El 4 a 4 después de dos vuelcos espectaculares parecía más que suficiente para un partido tan emotivo. Pero aún quedaba algo, sobre el final  llegó la última sorpresa de esa tarde, tiro libre para River a un costado del área de Boca, Jorge Dominichi lo ejecutó pasado contra el segundo palo, Mastrángelo metió la pelota al medio y Morete rompió el arco con un derechazo rabioso que le bajó el telón a los corazones.  Aplaudieron todos, los de River que ganaron y los de Boca que perdieron. Había terminado el mejor superclásico de todos los tiempos y uno de los partidos emocionantes de la historia: River 5-Boca 4. Nunca antes y ni  después  tampoco se hicieron nueve goles en el partido más grande del fútbol argentino.

Más allá del resultado, del ganador o del perdedor es más que justo recordar a los protagonistas de este partido único, entre ellos  había algunos ya reconocidos como Mas o Marzolini, Dominichi o Pachamé, otros que trascenderían en el futuro más o menos cercano, como Ferrero, Alonso, J.J. López, Mastrángelo o “Perico” Pérez  y varios que solo serían uno más que vistió alguna vez una de esas dos camisetas, pero ese día se consagraron por su amor y respeto a la que vestían,  por las ganas, el empeño en  buscar la victoria, y fundamentalmente el  respeto al hincha, no solo fue el mejor superclásico de la historia , fue uno de los  mejores partidos de la historia del futbol argentino.

Elías Almada / Correo electrónico: almada-22@hotmail.com