Este domingo 10 de julio, se realizó una ceremonia en homenaje al Gral. Francisco Ramírez, al cumplirse 201 años del asesinato del caudillo entrerriano en Río Seco, provincia de Córdoba.

El acto a realizó en la esquina de 9 de Julio y Bv. Montoneras, con la participación del Intendente Oliva, acompañado por distintas autoridades políticas, civiles y militares, donde se entonaron el Himnoa Nacional y la Marchade Entre Ríos, con la colocación de ofrendas florales y la lectura de palabras alusivas.
El General José Francisco Ramírez hace 201 años se convirtió en una víctima mas de un período de sangre y violencia que ha cubierto a la historia argentina con un velo de tragedia; fueron años de lucha exaltada, de ultrajes horrendos, de muertes que el paso del tiempo, registraría como magnicidios.
Murió Ramírez como han muerto la mayoría de los caudillos del interior; fue asesinado por un grupo de soldados que lo seguían luego de una batalla; allí entra en la historia. Pero quienes escriben la historia, por muchísimo tiempo, rescatarán solo el episodio de su muerte, que fue tratada como escena romántica que devino en un crimen, cuando fue el acto propio de un guerrero valiente en ayuda de quien era uno de sus mas fieles laderos, pero además la compañera en la que encontró momentos de sosiego y confidencia, en su tránsito terrenal tan intenso como breve.
En San Francisco Viejo del Río Seco, a escopetazos y sablazos el 13 de julio de 1821, se puso fin a una vida que tuvo la fugacidad de un relámpago. Apenas treinta y cinco años habían pasado desde que naciera en una villa fundada tres años atrás, y de la que fue designado alcalde con sólo 17 años, destacando una singularidad más de estos hombres que desde muy jóvenes comprendieron los problemas del momento, y se entregaron a ellos con fervor: San Martín a los 34 años era vencedor en San Lorenzo, a los 38 Libertador de Chile; y con 32 años Mariano Moreno era el secretario de la Primera Junta.
De Ramírez por mucho tiempo solo se recordó su muerte; no se podía reclamarles algo distinto quienes olvidaron su accionar, al cabo eran y son, quienes comulgaban con un centralismo exacerbado, con una hegemonía que el paso de los años no ha logrado revertir y que ha mostrado su eficacia para servir a un sector determinado y minoritario de la sociedad.
Por fortuna la historia es un testimonio vivo, en permanente construcción, es dinámica, cobra fuerza en la trasmisión de generación en generación; y muchas vidas hechas de luchas, coraje, pasión, y también pérdidas y dolor, pudieron salir en los últimos tiempos de la opacidad a la que fueron sometidos y escarnecidas por la historia oficial; quienes no solo guerrearon e hicieron del campo de combate un lugar de su mundo, sino que –además- mostraron que eran inteligentes, que tenían sabiduría, que eran organizados y que no eran desclasados. La generosidad con que se entregaban a una causa los convertía en líderes. Ramírez fue uno de ellos. Cayó luchando en defensa de un sistema federal de gobierno, en una lucha que libraba todo lo que hoy es el interior argentino. Su punto cúlmine, de máxima gloria, tal vez pueda ser ese 1° de Febrero de 1820, en la cañada de Cepeda, en “la batalla de un minuto”, que significó el triunfo sobre Buenos Aires y brindó la posibilidad de firmar el Tratado del Pilar, uno de “los tratados pre-existentes”, referidos en el texto constitucional “con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino”.
En Pilar se deja establecido que el único sistema de gobierno que la Nación admite debe ser el federal, es decir Buenos Aires deberá organizarse como una provincia , en igualdad a todas las demás, comprometiéndose a la reunión de un Congreso en 60 días, invitando a todas las provincias a enviar representantes; el artículo 2° pone fin a las hostilidades y en el 3° no olvidan a la hermana hostigada, la Banda Oriental.
Sin abandonar sus convicciones federales, creó en septiembre de 1820 la República de Entre Ríos de la que formarán parte, además de nuestra provincia, Corrientes y Misiones. Podría decirse que es una integración regional en la que muestra su capacidad de organización y revela que los caudillos eran intelectualmente capaces y que utilizaban su coraje y bravura en el combate para defender convicciones fuertemente arraigadas. Esa república efímera no tuvo otro inspirador mas que el Supremo Entrerriano; él le dio una organización política, militar, jurídica y fue un adelantado al establecer en 1820, la enseñanza primaria obligatoria, al determinar que cada Comandante en su departamento dispondrá el establecimiento de una escuela “obligando a los padres de familia que envíen sus hijos de menor edad”. Sesenta y cuatro años después, se sancionó la histórica ley 1420 de educación común, gratuita y obligatoria.
Su República de Entre Ríos, murió con él; el Supremo Entrerriano murió en combate; unos dicen por amor, pero también porque era un valiente y tenía convicciones.
El ultraje que sufrieron sus restos constituyen el testimonio tenebroso de una época fratricida, superada con el sacrificio de vidas valiosas, que seguramente hubieran aportado mucho mas a la causa por la que luchaban. Finalmente la organización nacional se logró, nuestra ciudad ha jugado un rol relevante que nos enorgullece y que le ha valido el título de Capital Histórica y Cuna de la Organización Nacional. Pero la organización y la unidad debe plasmarse en hechos y en espíritu; el federalismo que establece la Constitución es cada vez mas flácido, generando desigualdades irritantes y la unidad aparece como una utopía, si nos atenemos a los enunciados discriminatorios y cargados de odio hacia quienes piensan distinto.
Es tarea de todos y todas , recuperar la esperanza, volver a los sueños; porque tenía esperanza, porque tenía sueños, porque creía en la utopía, luchó y murió José Francisco Ramírez.-




