La asonada militar en contra de Perón tiene como antecedentes un intento de
derrocamiento en 1951 encabezado por el Gral. (RE) Benjamín Menéndez apoyado por
elementos de la tres fuerzas armadas, que si bien fue abortado y condenados o sancionados un número de unos 200 oficiales, no impidió que otros siguieran conspirando ya no solo con la idea de derrocarlo sino también de asesinarlo, así sucesivamente se planificaron acciones para concretar sus propósitos en los años 1951 y 1953 fracasando todas, ocupando el principal rol la marina donde Perón no tenía casi adeptos.
Tras los fracasos mencionados lejos de cesar en sus intentos siguieron preparando
acciones para dar un golpe de estado. El empresario Raúl Lamuraglia, financista de las
campañas electorales de la fuerzas opositoras, compro un avión bombardero en E.E.U.U. y lo trajo al Uruguay para ejecutar la acción desde el país vecino, consiguió el apoyo del presidente Batlle Berre, otro empresario argentino Gainza Paz, y cruzo a Buenos aires donde se contactó he incorporó al complot a opositores entre ellos el político Miguel Ángel Zavala Ortiz, el intelectual Américo Ghioldi, Jaime Mejía, Mario Amadeo y el abogado Luis María de Pablo Pardo Mariano Grondona, Carlos Burundarena, Santiago de Estrada, Rosendo Fraga, Felipe Yofré y Marcelo Sánchez Sorondo y por supuesto a militares, un sector de la fuerza aérea el más entusiasta, sin embargo sería en el ejército donde encontrarían poco eco, ello les retraso los planes mientras seguían haciendo contactos y lograban comprometer en la acción a infantes de marina liderados por su comandante Samuel Toranzo Calderón y posteriormente al jefe de la 2ª división de ejército Gral. Bengoa, otros grupos de civiles y algún sector de la curia metropolitana les dio su bendición, sobre todo luego del enfrentamiento entre sectores ultra católicos y fanatizados del peronismo que se produjo tras la procesión de Corpus Cristi del 11 de junio.
El jueves 16 de junio a las 9.30 el presidente se reuniría con todo su gabinete y ese fue el
momento considerado oportuno, Toranzo Calderón llamaría a las 10 para intimar la rendición y de inmediato comenzar el ataque con sus fuerzas de infantería y de la aviación naval, era la oportunidad de matarlos a todos, algunas unidades del ejército avanzarían por orden de Bengoa y la fuerza aérea tenía como misión neutralizar la reacción de la CGT , de esa forma al propósito inicial de derrocar y matar a Perón, le sumaban el de producir una masacre que evitara todo tipo de reacción.
El ataque de los aviones navales fue furibundo, y desde el ministerio de marina se tiroteó
la casa de gobierno, como así también desde las terrazas de otros edificios, comandos civiles hicieron lo propio, el histórico regimientos de Granaderos a Caballo fiel sus tradiciones honró su historia con una defensa estoica, es justo mencionar que entre sus soldados conscriptos había varios entrerrianos, en tanto que la fuerza aérea desde la base de Morón envió sus unidades a interceptar las de la aviación naval, logrando derribar uno de ellos, pero al momento de su aterrizaje sus pilotos fueron apresados y remplazados por otros sublevados, la CGT convoco al pueblo a la plaza a defender el gobierno, esta resistencia inicial le permitió al ministro de guerra Gral. Lucero organizar la defensa y por la tarde sofocar completamente el golpe, acciones que contaron con la participación de un gran número de obreros acompañando al líder.
Los sublevados en su mayoría huyeron vía aérea al Uruguay, (más de 30 aviones se
llevaron), no lograron el propósito de derrocar y matar a Perón, pero si produjeron la masacre que pensaban, aún hoy no se sabe el número exacto de muertos, fueron detenidos varios conspiradores, entre ellos Rafael Videla, Suárez Mason, Bignone, Díaz Bessone, Harguindeguy, Menéndez, Montes, Riveros, Nicolaides, Suárez Nelson, Villareal, Vañek, Etchecolatz, Guañabens, y Lambruschini, nombres que estarían ligados a otros golpes militares futuros y que sobretodo serian la cúpula del último y más trágico de todos, si bien algunos fueron juzgados y condenados por la asonada, sus penas le fueron conmutadas tras el golpe del 16 de septiembre de ese mismo años y junto a los que huyeron fueron reincorporados en sus cargos. La noche de ese 16 fue trágica también, las huestes más fanáticas del peronismo atacaron la curia porteña e incendiaron varias iglesias en represalia, hay que resaltar que los aviones atacantes del pueblo llevaban pintados en sus fuselajes y alas la v de la victoria enmarcando un crucifijo y la leyenda “Cristo vence”, En el año 2008 la Cámara Federal Buenos Aires califico los crímenes del 16 de junio de 1955 como de lesa humanidad, pese a esto el juez Canicoba Corral archivo la causa, pues consideró que solo buscaron matara Perón.
Sucedió la “Revolución Libertadora” y en septiembre de 1956, en la localidad de Saavedra
se realiza un homenaje a tres miembros de la aviación naval que habiendo participado de la masacre de junio del año anterior al producirse el golpe que derrocaría a Perón se
presentaron en la base Comandante Espora y fueron derribados cuando intentaron volar
había Buenos Aires para repetir el genocidio, entre los presente un joven escritor Rodolfo
Walsh que escribía para la revista “Leoplan” bajo el seudónimo de Daniel Hernández, en ese medio y con el título de “ A un año de la gloria y de la muerte – AQUÍ CERRARON SUS OJOS “ realza y vanagloria en un tono épico y hasta romántico el accionar de los aviadores navales atacando a la muchedumbre de civiles en junio del `55 en una parte en que se refiere al momento de su abatimiento dice textualmente “"Estivariz, Irigoien y Rodríguez no alcanzaron a ver el triunfo. Ninguna apreciación serena de la gravísima situación militar les hubiera dado base para sospecharlo. Y, sin embargo, estamos seguros de que les habría bastado, para intuirlo con la tranquila certeza de los héroes, la mera conciencia del valor alucinado que les crispaba las manos en torno a los comandos y las armas de una máquina que vertiginosamente
los conducía a la muerte.
Esta documentación “incomoda” quizás, expresa también el deseo frustrado del escritor
de ser piloto naval, sueño que concretó su hermano Carlos quien llego a ser comandante de dicha aviación y quedaron mencionados en el expediente judicial cuando su viuda se presentó para reclamar ante la justicia por su cadáver en el año 1977.
Tiempo después conocería a un sobreviviente de los fusilamientos de José León Suarez y
escribiría “Operación Masacre” lo que le valió cierta simpatía del peronismo y hasta que
algunos lo consideraran parte del mismo pero lo cierto es que nunca lo fue, el mismo sostenía
“No soy peronista, no lo he sido ni tengo intención de serlo… Puedo, sin remordimiento,
repetir que he sido partidario del estallido de septiembre de 1955”.
La tragedia se repitió de la forma más cruenta en 1976, y Rodolfo Walsh, esta vez, fue
una de las tantas víctimas del terrorismo de estado. La historia tiene sus bemoles y es necesario conocerla completa.
Elìas Almada
almada-22@hotmail.com



