Juana Azurduy

Nace Toroca, el 12 de julio de 1780 y muere en  Sucre, el 25 de mayo de 1862.

Perteneció a una familia alto peruana de buena posición económica, su padre Matías Azurduy era propietario de varias fincas de la región, su madre Eulalia Bermúdez  era de Chuquisaca, y tenía un hermano, Blas,  que falleció prematuramente dos años antes. Este hecho presumiblemente hizo que sus padres esperasen otro varón y por eso criaron a su hija con características de un hijo hombre. Además la sociedad de Chuquisaca por esos años era muy conservadora, y un hijo varón permitiría mantener el apellido Azurduy que era considerado noble y también hubiese podido seguir con las actividades económicas de su padre cuando alcanzase la mayoría de edad. Luego nacería otra hermana, Rosalía. Su madre falleció de muerte súbita lo que obligó a su padre a mandarla a regresar a su hogar en el campo. Pero al poco tiempo su padre, que tenía una aventura amorosa, fue asesinado supuestamente por un aristócrata del que nunca logró conocerse su identidad, entonces debió completar su crianza alternando entre sus tíos y temporalmente en un convento. La vida en el convento no fue demasiado distinta de  lo rigurosa que la que llevaba con su familia por lo que a los 17 años volvió a su casa de Toroca. A los 19  contrajo matrimonio con Manuel Ascensio Padilla, hijo de un estanciero vecino.  De ese matrimonio nacieron cinco hijos, todos participaron en las batallas y los primeros cuatro fallecieron muy jóvenes a causa de la malaria. Con su esposo compartían ideales independentistas, lo que los impulsó a comandar un ejército con el propósito de independizar su territorio. A lo largo de su trayectoria militar fue relacionándose con varias personas, como Juan Huallparrimachi, a quien adoptó como protegido junto a su esposo, y posteriormente las acciones militares que provocaron su viudez la llevaron a  contactarse con Martín Miguel de Güemes, su máximo referente militar.

Azurduy y su esposo se sumaron a la Revolución de Chuquisaca que el 25 de mayo de 180​9 destituyó al presidente de la Real Audiencia de Charcas, Ramón García de León y Pizarro, levantamiento que culminó a principios de 1810 cuando los revolucionarios fueron vencidos por las tropas realistas que el virrey del Virreinato del Río de la Plata, Baltasar Hidalgo de Cisneros, envió al mando del brigadier Vicente Nieto, condenando a sus cabecillas a prisión y al destierro. Padilla tuvo la misión de impedir que los soldados leales al gobierno de Potosí reciban víveres, pero la revolución no tuvo éxito y el general español José Manuel de Goyeneche ejecutó a los principales cabecillas, y Padilla fue  encarcelado,  logró fugarse ayudado por los  aborígenes quienes lo albergaron en sus hogares hasta que la tranquilidad volvió a la zona. Y esta acción de fuga de Padilla provocó que toda la familia debiese vivir como guerrilleros expuestos a toda clase de peligros a partir de entonces. El 14 de septiembre de 1810 Cochabamba se sublevó contra el gobierno de España en apoyo a la Revolución de Mayo de  ese año, en el entonces Virreinato del Río de la Plata, y Padilla se alistó a las órdenes de Esteban Arce, el líder de los caudillos rebeldes. Derrotados la persecución se hiso más feroz aun.  Los esposos Padilla se ligaron, a partir de 1811, al Ejército Auxiliar del Norte enviado desde Buenos Aires, para combatir a los realistas del Alto Perú, y Azurduy recibió a los jefes revolucionarios Juan José Castelli, Antonio González Balcarce y Eustoquio Díaz Vélez en las haciendas de Yaipiri y Yurubamba. Tras la derrota de las fuerzas patriotas en la batalla de Huaqui el 20 de junio de 1811, el ejército del virrey del Perú, al mando de José Manuel de Goyeneche, recuperó el control del Alto Perú. Las propiedades de los Padilla, junto con las cosechas y sus ganados, fueron confiscadas; asimismo, Juana Azurduy y, en ese entonces, sus cuatro hijos fueron apresados, aunque Padilla logró rescatarlos, refugiándose en las alturas de Tarabuco. Entre la gente que reclutó para la causa independentista se destacó Juan Huallparrimachi, o Wallparrimachi, un poeta cholo quien se ofreció ante los esposos Padilla para ser parte de su tropa. Afirmaba ser hijo natural de Francisco de Paula y Sanz, ex gobernador de Potosí, y este a su vez era hijo ilegítimo del rey Carlos IV de España. Tenía odio contra el español porque fue testigo de la violencia que su padre ejerció contra su madre, una pobladora originaria de la región, y finalmente la abandonó dejándola en malas condiciones de vida. Huallparrimachi fue un protegido de los Padilla, casi como un hijo más. En 1812, Padilla y Azurduy se pusieron a las órdenes del general Manuel Belgrano, nuevo jefe del Ejército Auxiliar del Norte, llegando a reclutar 10.000 milicianos. Lograron la simpatía de Belgrano enseguida, según los informes que el general enviaba a Buenos Aires donde destacaba que había encontrado en los esposos dos colaboradores para la misión. Azurduy se encargó de recorrer la zona buscando voluntarios para participar de las misiones independentistas. Logró reunir diez mil reclutas entre los pobladores ayllus quienes eran convencidos por su presencia, vestida con vestimentas militares y manejando con destreza su sable. ​ El hecho de que era mujer le daba más ánimo a los hombres de alistarse y también a las mujeres. Azurduy organizó, utilizando bibliografía que le facilitó el propio Belgrano, un batallón que denominó “Leales” al que le enseñó tácticas y estrategias de guerra.  Empezó a utilizar en sus misiones un pantalón blanco tipo mameluco, una chaquetilla color escarlata o azul y una gorra militar con una pluma azul y blanca, los colores que Belgrano eligió para la bandera. Lo hizo como apoyo para el general y en protesta a la orden del Primer Triunvirato de Buenos Aires que le había mandado a Belgrano a no utilizarla. Producido el Éxodo Jujeño, prestaron colaboración con la retaguardia comandada por el mayor general Díaz Vélez. La popular entrada de Díaz Vélez en Potosí, el 17 de mayo de 1813, permitió que Juana Azurduy y su familia pudiera reencontrarse con Padilla. En la batalla de Vilcapugio, librada el 1 de octubre de 1813, el pelotón de los Padilla se encargó del transporte de los cañones por las montañas y su emplazamiento en los lugares adecuados. Con el Batallón Leales, los esposos Padilla participaron en la batalla de Ayohuma, el 9 de noviembre de 1813. En el frente de batalla se situaron en el flanco derecho, con la colaboración de Cornelio Zelaya, uno de los lugartenientes de la pareja. A pesar de que en esta batalla los “Leales” de Azurduy se destacaron, la misma significó una aplastante victoria realista. Belgrano en reconocimiento le obsequió a Azurduy su espada, arma que utilizó en todas sus acciones posteriores. En el Cerro de las Carretas los guerrilleros de Padilla se apostaron para enfrentar a los hombres del coronel Sebastián Benavente quienes estaban cumpliendo órdenes del general Joaquín de la Pezuela, el 2 de agosto de 1814, comenzó la acción entre el ejército realista, que contaba con varias armas de fuego, y los alto peruanos armados de hurracas, lanzas y flechas y algunas armas de fuego que habían logrado apropiarse en las anteriores contiendas con los realistas. La batalla se desarrolló durante tres días y una de las bajas sufridas fue Huallparrimachi, fueron derrotados con grandes pérdidas por lo que lo españoles se envalentonaron y decidieron aplastar la guerrilla. El 3 de marzo de 1816 cerca de Villar, Juana Azurduy al frente de treinta jinetes, entre ellos varias mujeres, atacó a las fuerzas del general español La Hera, les quitó el estandarte y recuperó algunos fusiles. Y cinco días después, Azurduy atacó el cerro de Potosí.

 

Debido a estos logros militares recibió el rango de teniente coronel por un decreto firmado por Juan Martín de Pueyrredón, director supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, el 13 de agosto de 1816. Además el decreto de Pueyrredón la puso al frente de una división llamada “Decididos del Perú” y le otorgaba el derecho a usar el uniforme militar. Los esposos Padilla y su ejército triunfaron en Tinteros, pero sufrieron muchas bajas, y aún sus enemigos estaban organizando ofensivas contra ellos, un espía les aviso que dos mil hombres al mando de Miguel Tacón salieron de Chuquisaca y otros setecientos hombres al mando de Francisco Javier de Aguilera lo hacían desde Valle Grande en una acción coordinada para lograr atacarlos desde dos flancos. Padilla intentó una operación de defensa y ordenó a un grupo de montoneros ir al encuentro de los atacantes para intentar detenerlos, pero ante la evidencia de que desde el Virreinato del Río de la Plata no llegarían más refuerzos y la gran duración de la guerra  varios de los guerreros desertaran y/o se cambiaran de bando como hizo Manuel Ovando, quien le enseñó al coronel Aguilera el camino para llegar a La Laguna. La estrategia de Padilla no funciono y tuvo que retroceder  hasta el Villar donde Aguilera los vuelve a atacar, Juana recibe dos heridas y su  esposo es muero, junto a él cae una amazona que fue confundida con Azurduy por lo que los realistas les cortaron las cabezas a ambos para ser exhibidas en una pica, era el 14 de septiembre de 1816. La reorganización de sus tropas y la elección del sucesor de Padilla no fueron exentas de disputas interna, no solo estaba en juego la jefatura sino también los fondos que disponían Padilla y Azurduy para aprovisionar a sus tropas, por lo que Juana recurrió al Gral. Güemes  quien nombró al teniente coronel José Antonio Asebey pero nunca pudo hacer efectivo su nuevo cargo porque los jefes de las tropas montoneras se negaron a aceptarlo por algunos cuestionamientos hacia su persona. Pese a ello  Azurduy emprendió la tarea de  recuperar los restos de su marido, cuya cabeza seguía expuesta en la plaza de La Laguna. Para esta empresa le encomendó a Caipé, un lanza flechas tacafucus que debía recorrer la zona reclutando voluntarios entre la población de la zona para conformar un batallón. Cien pobladores originarios se unieron a la misión, sumados a cien amazonas. Esta partida aún le resultaba insuficiente a Azurduy y les solicita a Esteban Fernández y a Agustín Ravelo que se unan. En el viaje a La Laguna se unieron guerreros pertenecientes a las poblaciones originarias que buscaban venganza. Al arribar  los guerreros iniciaron la batalla cayéndoles encima a los hombres liderados por el coronel Francisco Baruri, provocando una matanza, considerada la más cruel de las guerras independentistas de América, todo realista que se cruzaba en el camino fue muerto, las calles quedaban manchadas de sangre al paso de los guerreros. Más tarde se apoderaron de la cabeza de Padilla, y la trasladaron hacia la iglesia del lugar y la depositaron sobre el altar, allí oficiaron una ceremonia religiosa con los honores correspondientes a un coronel del Ejército Argentino. Juana  se había acercado al prócer salteño debido a las recomendaciones del Gral. Arenales y también por respeto que su esposo le tenía, este la incluyó en su ejército asignándole tares ejecutivas y de responsabilidad,  mantuvieron una relación muy estrecha que a lo largo del tiempo ha dado lugar a diversas especulaciones, lo cierto que la muerte de Güemes significo también el fin de la carrera militar y actuación de Azurduy. Le solicitó ayuda a las autoridades de la provincia de Salta para regresar a Chuquisaca y  la respuesta fue la asignación de cuatro mulas y cincuenta pesos para los gastos de su viaje, y finalmente después de siete años de permanencia en la capital salteña emprendió el regreso en compañía de su hija Luisa. Intentó recuperar las propiedades que había dejado para emprender su acción militar, pero algunas habían sido confiscadas por el gobierno y otras estaban a nombre de su hermana Rosalía, que se dedicaba a atender su hogar y criar sus hijos. Azurduy insistió en  recuperar la posesión de sus bienes pero el gobierno solamente le reconoció una sola: la hacienda de Cullco. Posteriormente y debido a las necesidades económicas que sufría la debió vender muy por debajo del valor que hubiese correspondido, ejercía el poder el mariscal Santa Cruz, quien combatió para los realistas al comienzo de la guerra y tuvo a su cargo la represión del levantamiento de La Paz, en 1809, por lo que no recibió ningún tipo de reconocimiento por su labor en favor de la independencia hasta que un día  se presentaron de sorpresa en su vivienda Simón Bolívar acompañado de Sucre, el caudillo Lanza y otras personas para homenajearla y reconocer su trayectoria. El general Bolívar elogió delante de los demás diciendo:

“Este país no debería llamarse Bolivia en mi homenaje, sino Padilla o Azurduy, porque son ellos los que lo hicieron libre”

Y ​le otorgó una pensión de sesenta pesos que posteriormente Sucre la aumentó a cien pesos por pedido por nota de Azurduy.

En Charcas conoció a otra mujer de la independencia americana, Manuela Sáenz, también con el grado de coronel, quien le escribió:

“El Libertador Bolívar me ha comentado la honda emoción que vivió al compartir con el General Sucre, Lanza y el Estado Mayor del Ejército Colombiano, la visita que realizaron para reconocerle sus sacrificios por la libertad y la independencia. El sentimiento que recogí del Libertador, y el ascenso a Coronel que le ha conferido, el primero que firma en la patria de su nombre, se vieron acompañados de comentarios del valor y la abnegación que identificaron a su persona durante los años más difíciles de la lucha por la independencia. No estuvo ausente la memoria de su esposo, el Coronel Manuel Asencio Padilla, y de los recuerdos que la gente tiene del Caudillo y la Amazona.”

Manuela Sáenz, 8 de diciembre de 1825

Por dos años cobro la misma hasta la muerte del  presidente Pedro Blanco, el estado argentino se desentendió  de atender sus necesidades pese  a los servicios prestado, previamente ya se había desentendido del Alto Perú, cuando fue consultado  por el mariscal Santa Cruz, sobre cómo proceder con las provincias de esa región y estas se independizaron.

A los 81 años, luego de una vida de lucha y compromiso, su cuerpo cansado decía basta y fallecía el 25 de mayo de 1862 en la más absoluta pobreza. Una de las más grandes mujeres que nuestro continente supo parir, una persona que nunca comprendió -ni quiso- el rol que la sociedad le tenía estipulado. Era demasiado rebelde para adoctrinar, demasiado solidaria para encerrar. Faltaría mucho tiempo, todavía, para que la historia le dé su justo espacio. Así como su primera gran aparición fue un 25 de mayo de 1809, un mismo día, en el 52 aniversario de la revolución de Mayo pasó a la inmortalidad.

Elías Almada – DNI 14936811

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