Febrero de 1982: Malvinas a 40 años de la guerra

 

La Juta Militar sigue con sus planes de ocupación, el ejército incorpora un mes antes de lo habitual a la clase 63, es para darle  más y mejor tiempo de instrucción, la marina entra a puerto, y de acuerdo a un plan pre establecido, distintas unidades para su mantenimiento e insiste ante Francia para recibir completamente el sistema Super Etendart Exocet, los franceses sospechan de la insistencia y demoran la entrega (nunca llegarían los instructores por ejemplo) y la diplomacia que venía explorando una vía de dialogo la encuentra, pero cuando Costa Méndez, el canciller, creyendo que estaba en condicione de frenar el conflicto, se lo comunica a Galtieri, este ordena desactivar los contactos  y acelerar los pasos para el desembarco en Malvinas, la fecha de agosto  que se venía  manejando ya  pasa a ser mayo o a lo sumo junio, es tiempo ahora de  revisar otros febreros.

8 de Febrero de 1792 se  plasma  una cartografía de una patrulla (de rutina) de la Armada Española, que incluye a las islas Malvinas. Buques al mando del teniente de navío D. Juan José Elizalde. Es carta contiene desde el Cabo Santa María en el Río de la Plata, hasta la Isla Nueva… corregida desde el cabo del Espíritu Santo en la boca de Magallanes hasta dicha Isla, como igualmente la Isla de los Estados y la parte septentrional de las Malvinas por los de la corveta San Pio y Bergn. Ambos buques al mando del teniente de navío D. Juan José Elizalde, además de adjuntarse copia del relato de la expedición por D. Juan José de Elizalde, 5 de marzo 1792 y  una carta de D. Nicolás de Arredondo al Conde de Campo de Alange, Buenos Aires, 31 marzo de 1792, todo conservado en Archivo español.

A fines de enero e inicio de febrero de 1813 el capitán del bergantín inglés “El Rastrero” solicitó a Buenos Aires y obtuvo licencia para cazar lobos marinos en las Islas Malvinas. El otorgamiento de este permiso es una de las evidencias más notables de que la soberanía argentina en el archipiélago comenzó a ser ejercida, luego de la revolución del 25 de Mayo de 1810, de forma automática.

El 2 de febrero de 1824 el gobierno argentino designó como Comandante Militar de las Islas Malvinas a Pablo Areguatí, un soldado guaraní que había combatido en las guerras de la independencia a las órdenes de Manuel Belgrano. El decreto de nombramiento además disponía que «a todo buque que arribase, ya sea por aguada, víveres u otro motivo, se le cobrará el derecho de ancoraje». Areguatí fue el tercer comandante dispuesto por las Provincias Unidas para ejercer el cargo luego de David Jewett y Guillermo Mason. Su misión fue la de organizar y comandar el primer grupo criollo destinado al archipiélago. Sin embargo, los problemas no tardaron en acumularse: dificultades climáticas extremas y caballos enfermos. A raíz de esto, la expedición retornó a Buenos Aires en agosto de 1824, solo 6 meses  duro esta experiencia de Pablo Areguatí, que había nacido en la aldea San Miguel de Arcángel en territorio que ahora pertenece a Río Grande do Sul Brasil. Educado primero por jesuitas en la provincia de Misiones y a partir de 1783 en Buenos Aires, el guaraní había estudiado en el Real Colegio de San Carlos. En 1811 Areguatí fue nombrado por Manuel Belgrano como primer alcalde de la población entrerriana de Mandisovì, de 650 habitantes fundada en 1777 por Juan de San Martin padre del Gral. José de San Martin. Los Areguatí eran una familia tradicional y de cierto prestigio en el espacio guaranítico previo a la revolución. Ello debido a que integraban una especie de elite local, conformada por los miembros aborígenes de los cabildos que habían instalado los padres de la Compañía de Jesús en cada una de las reducciones jesuíticas. Luego de la expulsión de los miembros de la orden fundada por Santiago de Loyola, los Cabildos guaraníes mantuvieron su impronta en la administración de los pueblos, ahora en una especie de co-gobierno junto a los administradores coloniales españoles. Con la aparición de Artigas y el federalismo, si bien muchos guaraníes se identificaron con el pensamiento del oriental pues coincida bastante con los de ellos, los Areguatí vieron cuestionada su posición social de privilegio, fueron enfrentados por Domingo Manduré y a la sazón derrotados debiendo marchara Buenos Aires y reapareciendo públicamente en el momento de ser designado por el gobernador Marín Rodríguez para cumplir las funciones  de Gobernador en Malvinas y dentro de ellas formar un cuerpo de milicias, luego de su paso por la Islas  termino su actuación como oficial de justica, como datos adyacente podemos citar  que su hermano Pedro Antonio fue uno de los “33 orientales” y que una tataranieta suya se desempeñó como docente en la ciudad de Concordia, es decir que su descendencia aún perdura entre nosotros.

El 2 de febrero de 1825 Gran Bretaña y las Provincias Unidas del Río de la Plata firmaron el Tratado de Amistad, Comercio y Navegación.

A través de este Tratado, las Provincias Unidas eran reconocidas como nación independiente del reino de España. Se establecía recíproca libertad de comercio, disminución de los derechos de importación, eximición de tasas portuarias para ambas partes y libertad de conciencia para los súbditos ingleses que residían en nuestro territorio. Además, Gran Bretaña aceptaba la prohibición de pescar y cazar en nuestras aguas jurisdiccionales y no objetó la soberanía argentina en Malvinas.

Pese a que este Tratado estaba vigente, los ingleses usurparon las Islas Malvinas el 3 de enero de 1833, territorio que por el Tratado de Tordesillas correspondía al reino de España y que luego, al ser reconocida nuestra independencia, pasaron a pertenecer a las Provincias Unidas del Río de la Plata.

El 8 de febrero de 1942, el ARA «1º de Mayo», al mando del Capitán de Fragata Alberto J. Oddera, fondeó en Isla Decepción tomando posesión formal del Sector Antártico argentino.

En este acto se izó el pabellón nacional, se leyó el acta de afirmación de la soberanía argentina en las Islas Malvinas, se fijó una placa de bronce en el pie del mástil y se depositó un cilindro de bronce con el acta de soberanía y documentos que fueron el primer mensaje de soberanía dejado por la Argentina en el territorio Antártico. La Isla Decepción forma parte del archipiélago de las Shetland del Sur, al noroeste de la península Antártica. Durante las décadas de 1940 y 1950, fue un lugar de conflicto entre la Argentina y Gran Bretaña, al punto que se temió un enfrentamiento militar que pudiera derivar en una guerra. Gran Bretaña no reconocía la soberanía argentina, atacando una y otra vez los campamentos argentinos.

3 de febrero de 1944. Comienza la operación secreta «Tabarin» de los británicos en la Antártida. Mientras Eurasia se desangra en la Segunda Guerra Mundial, la tranquila bahía interior de la Isla Decepción, en la Antártida Argentina, es perturbada por la incursión de dos buques británicos arribados en secreto absoluto. Sus tripulantes descienden y exploran la isla. Junto a la estación ballenera destruida por un crucero británico tres años atrás, encuentran una bandera argentina ondeando sobre proclamas de soberanía y placas depositadas por marinos argentinos. Luego de remover estos elementos el personal iza la bandera británica y descarga equipos comenzando la construcción de una base permanente en la isla. La empresa, consistía en la instalación de bases antárticas en el territorio disputado con Argentina y Chile, que no sería informada a estos países hasta comenzado el invierno, cuando ya no puedan enviar buques a la región e incluso entonces no se les informó la ubicación de las bases. Por ese tiempo Argentina y Chile eran los  países que formalmente más reclamaban espacios en el sector antártico y además llevaban a cabo tareas científicas en el mismo. El objetivo explícito de la misión, aquel que es informado a estos gobiernos y al estadounidense, es evitar la utilización de aquellos alejados rincones por parte de navíos y submarinos nazis.

Los hechos que sirven de base a la coartada son la expedición antártica que el Tercer Reich realizó en enero de 1939 en la Tierra de la Reina Maud y la captura de dos flotas balleneras noruegas por el corsario alemán” Pinguin” frente a aquellas costas en enero de 1941. Sin embargo, la situación ha cambiado desde entonces. Los corsarios ya han sido vencidos o se encuentran atrapados en las costas europeas. Los submarinos alemanes tuvieron su año negro en 1943 y ya casi no quedan flotas balleneras para capturar, al menos no se encuentren custodiadas y artilladas, y las tropas de Hitler retroceden hacia el centro de su imperio. Por otro lado, llama la atención la ausencia de armamento pesado en las bases instaladas por la Operación Tabarin y los miles de kilómetros que las separaban de aquella región en que los nazis habían actuado.

Todo indica que los verdaderos motivos de la operación son otros.

Desde el comienzo de la guerra, las tensiones entre británicos, chilenos y argentinos en torno a sus reclamos antárticos venían en aumento. Frente al imperio sajón, nuestra república gozaba de una estación antártica permanente, la Base Orcadas, única desde 1904.

Londres se alertó aún más al observar un buen entendimiento entre ambas naciones sudamericanas en lo relativo a sus reclamos antárticos y más todavía  cuando permanecían neutrales en la guerra. En enero de 1943, el ARA 1° de Mayo surcaba nuevamente aquellas aguas, reemplazaba los objetos británicos por los argentinos y los roces diplomáticos volvían a repetirse.

Fue durante esta última acción argentina que el Secretario de Estado de Asuntos Extranjeros en Londres alertó al Gabinete de Guerra y propuso instalar bases en los puntos, según él, «cariados» por los argentinos. Así, el Colonial Office junto al Almirantazgo planificaron la operación que le daría al Imperio Británico sus primeras cuatro bases permanentes en la Antártida, no casualmente instaladas tres de ellas en los lugares visitados por el ARA 1° de Mayo (Isla Decepción, Puerto Lockroy y Bahía Margarita) y una en la emblemática Bahía Esperanza, más una quinta, sin dotación, en las Islas Orcadas, donde Argentina poseía su propia estación. Tres de estas bases fueron instaladas a principios de 1945, cuando el nacional-socialismo se encontraba casi derrotado.

Pero la fachada del fantasma nazi, que había les había evitado a los británicos entrar en conflicto con Estados Unidos y Argentina durante la guerra, caería totalmente meses después cuando al finalizar el conflicto la operación continuó, cambiando sólo su nombre.

De todas formas, los objetivos reales no serán expuestos hasta 1955, cuando el Imperio Británico, desesperado frente al rotundo avance argentino en los diez años anteriores, en los que habían instalado numerosas bases, presentó el caso ante la Corte Internacional de la Haya, reconociendo involuntariamente en su informe a quién estaba dirigida la operación.

Para  sostener sus pretensiones antárticas para Inglaterra  era y es fundamental su presencia en Malvinas.

4 de febrero de 1976. El día que Argentina echó al pirata invasor de nuestros mares, la misión británica Shackleton estudiaba el Mar Argentino en busca de petróleo. En ese entonces, Argentina respondió echando al embajador en Buenos Aires y cañoneando a los ingleses por invadir el mar territorial.

A partir de 1969, el Gobierno británico había comenzado a percibir la resonancia política que podía generar la posible existencia de petróleo alrededor de las Malvinas. En aquella oportunidad, el Foreign Office concluyó que sería mejor no hacer nada al respecto por temor a provocar un aumento en la tensión política entre Gran Bretaña y la Argentina al punto de empujar a esta última a ocupar las islas por la fuerza.  Más tarde, el Gobierno británico decidió realizar sus propias exploraciones en las aguas de las Malvinas para constatar si efectivamente había allí petróleo. Para ello, a partir de 1970 se llevaron a cabo relevamientos en la zona. Hacia mediados de los 70 se habían acumulado pruebas que sugirieron que probablemente existía petróleo en la región. De inmediato, varias empresas petroleras se interesaron en la zona y, según manifestaciones del Secretario Principal del Territorio de Gran Bretaña, se estaban esperando los resultados de un informe que había sido encargado a un equipo de investigadores de la Universidad de Birmingham. Que  confirmaría esas posibilidades recién en marzo de 1975. Vale recordar que durante el año 1974  y poco antes de morir Perón, Argentina e Inglaterra acercaron posiciones  en torno a una propuesta inglesa de un posible condominio con ambos pabellones flameando en la Islas, sin embargo tras la muerte del general y con la posibilidad  de Petróleo en ellas, todo cambio incluso el canciller Vignes y los ingleses hasta negaron esos contactos. El 19 de marzo de 1975, la Cancillería argentina emitió un Comunicado de Prensa en respuesta de las intenciones británicas. Según este texto, la Argentina no reconocía el ejercicio de ningún derecho en materia de exploración o explotación de recursos naturales. El gobierno argentino considerará, además, la materialización de actos de la naturaleza antes mencionada, contraria a las resoluciones y consensos sobre las Islas Malvinas adoptadas por las Naciones Unidas, cuyo claro objetivo es la solución de la disputa de soberanía entre los países por la vía pacífica de las negociaciones bilaterales. Como respuesta al comunicado argentino, en el mes de abril, el recién designado embajador del Reino Unido en la Argentina informó, en su primer encuentro con el Canciller Vignes, que ante cualquier ataque a las Islas el Gobierno británico respondería con la fuerza militar. A pesar de la oposición argentina, el gobierno inglés mantuvo sus propósitos y el 16 de octubre confirmó el envío a las islas de una misión económica encabezada por Lord Shackleton. Ante este anuncio, el 22 de octubre, el Ministerio de Relaciones Exteriores declaró que no se concedía permiso oficial a la misión Shackleton. El 8 de noviembre de 1975, el representante argentino ante las Naciones Unidas sostuvo que dado que el estado presente de la situación entre ambos países era de ruptura de negociaciones, la Argentina no dejaría de valer sus derechos en la forma que considere más apropiada. El Gobierno británico consideró que este discurso contenía la idea de una acción unilateral por parte de la Argentina. La tensión siguió en escala cada vez más preocupante, en un encuentro entre ambos casilleres se buscó bajar esos niveles de tensión, Argentina propuso  transformar la misión Shackleton en un emprendimiento conjunto, pero al momento de enviar los nombres de los tres representantes argentinos (tal como se había acordado), los ingleses  aceptaron solo uno, por lo que el 13 de enero de 1976 Argentina expulsó al embajador de Londres en nuestro país.

El pico de la crisis se alcanzó el 4 de febrero cuando el destructor de la Armada Argentina ARA Almirante Storni, se dispuso a detener al buque de investigación oceanográfica británico RRS Shackleton que navegaba a 78 millas al sur de Puerto Stanley. Desde el destructor se ordenó: «Detenga las máquinas o abriré fuego». El motivo esgrimido por la nave argentina fue que los británicos se hallaban dentro del límite de la jurisdicción argentina de las 200 millas alrededor de las Islas. La Presidente de la Nación dio venia al posible ataque. El capitán del buque británico, actuando bajo órdenes radiales del gobernador de las Malvinas, Neville French, no detuvo la marcha, se rehusó a recibir un grupo de abordaje o seguir al Storni al puerto de Ushuaia. Con el fin de aumentar la presión, las acciones del destructor fueron apoyadas por un avión de reconocimiento marítimo Neptune de la Armada. El destructor entonces hizo varios disparos sobre la proa del Shackleton que a pesar de ello prosiguió su ruta hacia Puerto Stanley. El buque argentino no persistió en su accionar pero siguió a la nave inglesa hasta seis millas de ese puerto, desde donde finalmente emprendió el retorno. El hecho que la nave argentina se haya limitado a realizar algunos disparos y que no emprendió ninguna otra acción a pesar de su capacidad, parecería demostrar que sólo se buscó enviar un aviso: no se le reconocían derechos a Gran Bretaña para incrementar el desarrollo económico de las Islas.  Ante los hechos, se sucedieron las protestas británicas ante el Gobierno argentino y ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Elías Almada – DNI 14936811

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