Fue cuando la Patagonia se llenó de sangre obrera. Esa Patagonia con enormes extensiones de tierra bajo el patrimonio de ingleses, alemanes y otros apellidos compuestos, cuyos intereses había que defender contra las pretensiones de los peones que levantaban su voz reclamando por “una jornada de descanso a la semana, un lugar limpio para dormir y un paquete de velas” terminaron bajo las armas del cruel coronel Héctor Benigno Varela y su Regimiento 10 de Caballería. Terminó de raíz la protesta de esos reclamos sin asociaciones gremiales, sin ecuanimidad y sin piedad. Mil quinientos obreros fueron fusilados y enterrados en una fosa común; nada nuevo, ni el último de la sangre que derraman nuestras venas abiertas.
Ante la complacencia y el silencio de una sociedad que homenajeaba, en inglés, al autor de semejante masacre, se levantan las voces de cinco mujeres, que compartían con las víctimas la crueldad de los poderosos y exhiben la solidaridad de los que padecen la opresión y el sometimiento.
Estamos hablando de la “Rebelión de las pupilas de La Catalana”, prostíbulo de San Julián (Ciudad de Santa Cruz). Las autoridades del Regimiento 10 de caballería quisieron premiar a los soldados con una noche que los liberara de las “tensiones y el ajetreo” de fusilar a mil quinientas personas, con una visita al lupanar del pueblo.
Fue en esos momentos cuando: CONSUELO GARCIA, ANGELA FORTUNATO, AMELIA RODRIGUEZ, MARIA JULIACHE Y MAUD FOSTER, junto a la regente PAULINA ROVIRA, se armaron con escobas y palos y a las voces de: “no atendemos a asesinos” corrieron y golpearon a los verdugos.
La represión atroz de la policía no se hizo esperar, las mujeres fueron apresadas y castigadas, sus nombres desaparecen de la Patagonia, menos Maud Foster, quien años más tarde aparece regenteando “La catalana”. –
Como único gesto de lucha por la dignidad y la justicia nos encontramos con un grupo de mujeres, que se animaron a dejar el anonimato de ser “las nadies” para ser, con valor y coraje, las que apalearon a los perversos asesinos.
Imposible hacer referencia a este relato sin mencionar a Osvaldo Bayer, quien inscribió en nuestra Historia esa tragedia Argentina.
Prof. Celeste Pérez




