Con el Ejercito formado ante su comandante el Capitán General Don José de San Martín a las 4 de la tarde se procedió a la jura de la Bandera de los Andes por parte de la oficialidad y tropa, fue el Brigadier Estanislao Soler en su carácter de segundo comandante y jefe del estado mayor el primero en hacerlo, cruzando el paño con su espada, lo seguirían entre otros, Juan Gregorio de La Heras, Juan Galo de Lavalle; Mariano Necochea, José Félix Bogado, Antonio Alvares de Condarco, Pascuala Meneses (enrolada con el nombre de Pascual), Matías Zapiola; en un acto pleno de emotividad y patriotismo.
Estaban presentes además las tropas chilenas encabezadas por su jefe Bernardo de O’Higgins,
La enseña había sido solicitada en el brindis con motivo de las festividades de navidad y fin de año en la casa de los Ferrari-Salomón por San Martin a un grupo de damas entre las que se encontraban Laureana Ferrari, Dolores Prats, Margarita Corbalán, Mercedes Álvarez Morón y Remedios Escalada. El azul cielo se consiguió en un tienda de la calle “el cariño botao”. Remedios se puso a coser y sus amigas a bordar, Laureana Ferrari escribió que el óvalo del escudo fue diseñado por una tal señora de Huisi y las manos dibujadas por el brigadier Soler; también reveló que las lentejuelas de oro fueron sacadas de dos de sus abanicos (que hoy se encuentran expuestos en el Museo Histórico Nacional) y que el óvalo y el sol del escudo fueron adornados con rosetas de diamantes y perlas de collares suyos y de Remedios, y en cuatro días con sus noches se la confecciono estando lista casi como un regalo de Reyes.
Aunque historiadores como Adolfo Golman y Francisco Gregoric, cuestionan algunos de los datos de doña Laureana, esposa del coronel Manuel de Olazabal y sostienen que en realidad se juró la bandera de las Provincias Unidas, la tradición ha mantenido en el tiempo los dichos de la dama.
Ese 5 de enero por la mañana en la Catedral de Nuestra Señora del Carmen, se realizó la ceremonia en la cual el capellán Lorenzo Guiraldes bendijo dicha bandera y en la que además se puso al ejército libertador bajo la protección de la virgen. San Martín era muy devoto y nombro a la Virgen del Carmen Generala del Ejército. Al amanecer, el Ejército de los Andes abandonó el campamento del Plumerillo y se dirigió a la iglesia matriz en la Plaza Mayor de la ciudad de Mendoza. En el lugar y en presencia de la imagen de Nuestra Señora del Carmen, el capellán castrense bendijo la bandera del Ejército y pronunció un discurso resaltando la solemnidad del hecho. Tras una salva de saludo de 21 cañonazos, el general San Martín se dirigió a un tablado construido frente a la plaza y al costado del templo acompañado por el gobernador intendente de Cuyo y demás autoridades. Tras salir la imagen y la bandera en procesión de la iglesia, las tropas presentaron armas y batieron marcha de honor. El Libertador se acercó a la Virgen y colocó sobre el manto su bastón de mando. Acto seguido, tomó la bandera y dirigiéndose a las tropas formadas pronunció con voz vibrante:
“¡SOLDADOS!, ¡ESTA ES LA PRIMERA BANDERA INDEPENDIENTE QUE SE BENDICE EN AMÉRICA!”.
La batió tres veces y el Ejército junto al pueblo exclamaron:
“¡VIVA LA PATRIA!”.
Agregó el general:
“¡SOLDADOS! ¡JURAD SOSTENERLA MURIENDO EN SU DEFENSA COMO YO LO JURO!”.
“¡LO JURAMOS!”, respondieron todos a una voz
Las tropas tenían Patrona, Bandera, dejaban el campamento de El Plumerillo, la gesta estaba en marcha.
Elías Almada. DNI 14936811
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