La “isla de las ratas”. Campamentistas se vieron invadidos por roedores de gran tamaño

El pasado martes, el periodista Alberto Pierotti dio a conocer en su programa radial de FM Inolvidable de Colón, Entre Ríos, la experiencia de un grupo de amigos que acamparon el fin de semana en la isla Boca Chica, al norte de la isla del Queguay, un poco más arriba de Banco Caraballo, en el río Uruguay.

De acuerdo a su relato, los campamentistas se instalaron en un área que ya conocían porque habían concurrido en otras oportunidades, frente a grandes bancos de arena fina que afloran en bajantes como la que se registraba este fin de semana, entre un monte natural y que es muy concurrido por quienes gustan de este tipo de actividades.

Pero esta ocasión no resultó tan placentera. Durante el día nada hacía pensar la pesadilla que vivirían cuando cayera el sol en el horizonte, hasta el amanecer del día siguiente.

De repente, mientras el grupo departía alegremente alrededor del fogón, simpáticos ratoncitos comenzaron a surgir de entre la vegetación. Al principio, apenas se los veía cruzar el terreno, pero luego fueron cada vez más. A su vez, se acercaban a la gente hasta pasar sin demasiado apuro entre las piernas de los aventureros.

El asunto pasó a mayores en la madrugada, cuando decenas de hambrientos roedores coparon el campamento en busca de comida, subiéndose a la mesa donde se encontraban los restos de la cena y los platos que serían lavados al día siguiente. Tampoco se salvaron los bolsos que contenían alimentos que les resultaron llamativos y los perforaron con sus filosos dientes hasta alcanzar su objetivo.

La experiencia terminó con malestares estomacales y otros problemas digestivos al regresar a casa, pero afortunadamente nada más grave que eso.

Tras este relato, Pierotti buscó la palabra de Guillermo Treboux, del Parque Nacional del Palmar de Colón, quien expresó que había escuchado un comentario de una situación similar que ocurrió la semana anterior, que “se tuvieron que ir de la isla debido a la cantidad de ratas” que había. Ante esto se comunicó con autoridades provinciales “para que la provincia organice una comunicación al respecto porque la leptospirosis y el hantavirus están muy presentes por estas zonas”.

Isla de las ratas

Sin embargo, no se vio sorprendido por estas historias, por cuanto “no es nada nuevo, en esas islas, principalmente la isla Boca Chica es conocida por algunos como la isla de las ratas”.

Pero advirtió que “algunas de las especies que están presentes en esas poblaciones son los colilargos, que son reservorios de algunas enfermedades ‘bien complicadas’, como el hantavirus y la leptospirosis”, por lo que sugiere que “en el caso de concurrir a alguna de esas islas hay que hacerlo con todos los recaudos ‘habidos y por haber’ y en lo posible evitar en estos tiempos acercarse a esos lugares”.

También se ha sabido de comentarios que la isla San Francisco estaría en similar situación, pero este extremo no ha sido confirmado.

Explosión poblacional

Si bien no es su especialidad, Treboux explicó que la “la dinámica de poblaciones estudia este tipo de fenómenos: por qué suceden este tipo de explosiones demográficas, por qué se dan en determinada fecha, por qué hay años que sí y otros que no”.

Sin embargo dejó en claro que tiene que ver con que “en un área determinada –como por ejemplo puede ser la isla Boca Chica, o isla de las ratas como le dicen ahora–, lo que sucede es que hay una población estable de roedores”. Estos a su vez “son controlados por distintos factores; por un lado los depredadores, que están en relación a la cantidad de población de roedores; por otro lado están los parásitos, y están las enfermedades. Todo esto junto incide sobre las tasas poblacionales, o sea la mortandad, el éxito reproductivo de la especie, etcétera”.

Dijo que “bajo determinadas condiciones, cuando por ejemplo aumenta la proporción de refugio o el alimento disponible (lamentablemente quienes acampan suelen dejar mucha basura, en lugar de llevarla de vuelta para desecharla al regreso) y las condiciones climáticas son beneficiosas, ocurren estos procesos. Esto es válido para los roedores, para los insectos” o para cualquier especie.

Cuando se dan esas condiciones “se produce una alta tasa de nacimientos con una baja tasa de mortalidad” que determinan “estas explosiones demográficas” que a su vez “son acompañadas con un repunte de los depredadores, que empiezan a incidir sobre la población, hasta que llega a una cúspide y ahí empieza a reducirse”. Esto genera que las poblaciones “un año sean tremendamente grandes y otras con menos individuos”.

Aclaró que este año además la prolongada bajante del río pudo ser un factor determinante para la situación actual.

Preocupación oficial

En tanto, el periodista coloniense Alberto Pierotti dijo a El Telegrafo que la información causó gran impacto en las autoridades de la vecina orilla. Es así que la secretaria de Turismo del departamento de Colón, Silvia Vallori, así como el director provincial y parques, reservas e islas, Alfredo Berduk están al tanto de la situación y manifestaron su preocupación por las denuncias de infestación por roedores que al parecer se han reiterado sobre algunas islas, y en especial de Boca Chica, al sur de Pepeají frente a Banco Caraballo.

Esto es así debido a que son muy concurridas por gente de la zona así como también por turistas, ya que distan apenas unos 15 kilómetros de Colón y menos de 10 de San José, poblaciones con un parque náutico muy importante y destino turístico de todo el año.

Fuente El Telégrafo