Lucio Redivo habló con los juveniles de Rocamora

Lucio Redivo, surgido en Bahía Basket,  jugó su primer Mundial en el 2019 a sus 25 años con la selección Argentina, donde obtuvieron el segundo escalón del podio. En una enriquecedora charla vía plataforma digital con los juveniles del Tomás de Rocamora habló de sus comienzos, su carrera profesional y su preparación.

 

Mide 1,83m, en la posición de escolta y en el nivel internacional su puesto es para jugadores con más centímetros, sin embargo Lucio contó cómo contrarrestar el problema de altura y su perseverancia para poder llegar a sus objetivos: «Creo que es un problema mental en decir que tengo que ser alto para jugar, una vez que se rompe esa barrera mental tenés que decir estoy acá, y saber contrarrestar lo que tiene el más alto que yo. Hay que tener confianza y tener un objetivo, el mío era estar en un banco de la Liga Nacional.  A pesar de jugar poco o casi nada en mis categorías, le tengo que agradecer mucho a «Pechuga» Martinelli porque él me hizo meter en la cabeza, creer y confiar en que podía jugar la Liga Nacional a pesar de la baja altura, pero sabía que tenía que hacer otras cosas para lograrlo y ponerme objetivos cortos para poder llegar».

 

Lucio también habló del esfuerzo que hacía para entrenar día a día para poder llegar a su objetivo que era jugar la Liga Nacional: «Entendí que tenía que entrenar de lunes a domingo, me pasé veranos enteros entrenando de las ocho de la mañana hasta las doce y desde las cuatro de las tarde hasta las once de la noche, me perdí un montón de cosas, no iba a los cumpleaños de quince o me iba a las siete de la mañana a entrenar y veía a mis amigos volviendo del boliche. Sacrificarme como me sacrifiqué, entrenar lo que entrené no me garantizaba que iba a jugar en la Liga, pero no me arrepiento nada del esfuerzo».

 

El Bahiense destacó la experiencia, el esfuerzo y el logro de subir al podio con la selección: «Toda experiencia con la selección es increíble, desde el primer torneo que fui, el primer entrenamiento o torneo amistoso hasta el último partido de la final del mundo. Obviamente que Jugar un mundial tiene otro sabor en otras cosas: ver jugadores de todos lados, ver lo mejor de lo mejor…los entrenamientos fueron durísimos, estuvimos dos meses juntos y tuvo sus frutos, obtuvimos dos medalla en dos meses y medio una Oro (Panamericano) y el subcampeonato mundial. No fue nada fácil, todos los partidos eran una final, muy mental y el psicólogo deportivo importa un montón, los descansos, las comidas, es un conjunto de cosas. Haber estado ahí fue increíble, subir al podio y ver a mis compañeros y al cuerpo técnico con una medalla es increíble»