La Humanidad ante una nueva oportunidad

La pandemia global y la necesidad de un nuevo orden mundial que deje atrás las lógicas de mercado, del individualismo liberal y del capitalismo salvaje. Un nuevo tiempo que nos permita una nueva utopía civilizatoria que ponga a la humanidad y el planeta en el centro, que nos permita imaginar que hay un futuro posible, hoy amenazado por un sistema que privilegia lucro, poder y riquezas casi ilimitadas para unos pocos.

Por Gustavo Sirota

El coronavirus se ha convertido en la primera pandemia de alcance global. Más de 180 países tienen contagiados por el virus y casi medio millón de personas de todo el planeta ya han sido confirmados como infectados. Los hábitos de vida han mutado al ritmo del covid-19 y las peores imágenes que solo conocíamos por lecturas o en películas de ciencia ficción o terror han pasado a ser parte de nuestra cotidianeidad.

Atrás queda lo que podíamos imaginar de la “peste negra” del siglo 14 o de la “fiebre amarilla” del siglo 19 – en nuestro cementerio municipal una fosa común nos recuerda los muertos entonces -, o la “gripe española” que entre 1918 y 1922 mató entre 50 y 80 millones de personas – seis o siete veces más que los muertos en la primer guerra mundial -. Todo parece empequeñece ante el temor de un virus que golpea las puertas de nuestros hogares y que no sabemos aún casi nada de él.

No abundaré en casi nada sobre lo que todos los días inunda la agenda de noticias de nuestra aldea global de este joven aún siglo XXI. Creo que nada que no ha dicho ya pueda sumar. Si me detendré en algunos datos de una realidad que desnuda la brutalidad del mundo que vivimos y que deja al descubierto el mayor drama que enfrentamos de cara a un futuro donde la sobrevida misma de la especie y el planeta está amenazada. Y esta amenaza tiene nombre, es conocida por todos y todas y asume la forma del capitalismo más brutal y salvaje, del peor liberalismo individualista que diezma y arrasa el presente y el futuro de nuestra casa común.

Un informe de UNICEF y la OMS de junio de 2018 desnuda algunos de los interrogantes más dramáticos que esta pandemia global deja al descubierto. Como hacer para que en un mundo tan desigual, inequitativo y sometido a la más brutal lógica del “mercado capitalista” millones puedan no solo sobrevivir al coronavirus, sino imaginar siquiera un futuro.

Señalan allí que “…3.000 millones de personas carecían en 2017 de instalaciones básicas para el lavado de manos con agua y jabón en sus hogares… casi tres cuartas partes de la población de los países menos adelantados no disponían de instalaciones básicas para el lavado de manos”. Como cumplir allí la recomendación primera y básica de lavar las manos cada dos o tres horas como forma eficaz de contener el virus y evitar contagiarse es lo primero que se me ocurre ante tan dramática estadística.

Las mismas organizaciones mencionan que “cada año, 297.000 niños menores de 5 años mueren debido a la diarrea relacionada con la falta de agua, saneamiento e higiene. El saneamiento deficiente y el agua contaminada también están relacionados con la transmisión de enfermedades como el cólera, la disentería, la hepatitis A y la fiebre tifoidea… 673 millones de personas todavía practican la defecación al aire libre” y uno piensa en las consecuencias devastadoras de cualquier virus – covid-19 incluido – en esos lugares que no existen en las noticias cotidianas.

Como explicaba al comenzar, no me propongo abundar en debates y reflexiones en torno a la situación de desastre y emergencia sanitaria global, ni los alcances de las medidas que se han tomado en cada situación. Como hacerlo cuando el 1 por ciento más rico – menos de 70 millones de personas – posee más del doble de riqueza que los restantes 7600 millones de habitantes del planeta y los 62 más ricos del planeta tienen más riqueza que 4000 millones de personas según se desprende del informe 2019 que la reconocida ong Oxfman entregará en la cumbre de Davos.

Los datos son elocuentes por donde se mire. En América Latina el diezmo más rico de la población concentra el 70 por ciento de la riqueza y la mitad más pobre accede apenas al 3, 5 de la riqueza total de acuerdo a los informes que proporciona la ong Oxman y que no deja de ser elocuentes al momento de cotejar el impacto de la desigualdad y la pobreza frente a la amenaza del virus global. Ejemplo de esto que 10.000 personas mueren por día por no recibir atención médica, es decir casi la mitad de los muertos hasta la fecha por el covid -19 – 21180 hasta la medianoche del 25 de marzo -.

En nuestro país también las cifras alarman. Más de cuatro millones de personas viven en “barrios populares, de urbanización precaria”, lo que en muchos casos significa condiciones de hacinamiento y ninguna posibilidad de hacer trabajo en casa. A eso se suman dificultades más básicas: lavarse frecuentemente las manos es una recomendación difícil cuando la red de agua potable es una canilla de uso compartido en un pasillo. En esos cuatro mil cuatrocientos barrios populares el 93,5 por ciento no tiene acceso formal a la red de Agua Potable de acuerdo a un informe de la Secretaria de Integración Sociourbana dependiente del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación.

Podríamos seguir con cifras, datos y números que desnudan la cruda realidad que nos toca vivir diariamente. Seguramente en nuestro país y en el mundo el virus afectará con más virulencia a los sectores más desprotegidos.

Quizás en un tiempo y cuando la pandemia retroceda olvidemos muchas de las cuestiones que hoy nos conmocionan, como la necesidad de sistemas de salud universales y accesibles a todos y todas – solo en los Estados Unidos el 20 por ciento de la población no tiene acceso a los servicios de salud -, de que cuestiones mínimas de acceso a agua potable, cloacas o viviendas de material – dignas diríamos en la jerga popular – solo en la Argentina faltan alrededor de 4 millones de viviendas…en pocas palabras, hay unos 12 millones de argentinos con problemas de techo, un tercio de la población total -.

La disputa está planteada en términos civilizatorios. O somos capaces de construir una nueva utopía civilizatoria que brinde un horizonte de futuro a todos y todas las que habitamos en el planeta, que nos permita nuevas formas de producción que no supongan el definitivo colapso del planeta o el futuro ya está marcado……

y no es otro que la posibilidad cierta de que la vida misma del planeta y de nuestra especie – de todas en realidad – tengan fecha de vencimiento. Está en nosotros desandar el camino brutal que enseñan los mercados insaciables de riquezas y acumulación en manos de pocos.

Quizás el coronavirus nos ofrezca una buena posibilidad de empezar esa nueva utopía civilizatoria……. Si es que aún no es demasiado tarde…