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Jugetes Sexuales, sí o no? Cuándo y por qué?

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  • Doctor Marcelo Lemus/ Sexologo Clinico: Desde tiempos inmemoriales el hombre ha desarrollado fantasías a partir del sexo. La relación sexual implica poner en funcionamiento una serie multifactorial de mecanismos del cuerpo partiendo del estímulo sexual, que genera lo que llamamos Respuesta Sexual Humana (RSH). Esta es la manera en que vivimos y sentimos todo el proceso del acto sexual, comenzando por la sensación placentera que genera aproximarse a la posibilidad de la relación, una caricia, un beso, etc., siguiendo por todo lo demás que nos sucede: excitación, aumento de la frecuencia respiratoria y el ritmo cardíaco (pulso), coloración de la vulva e ingurgitación del pene, secreciones vaginales y uretrales en el hombre, hasta concluir el acto sexual generalmente con el orgasmo.

Todos estos pasos, van unidos o ligados de manera perfecta como una gran obra de programación ya instalada en el organismo. Según la edad de la persona y diversos factores, la respuesta puede  ser de un modo más enérgico o menos, pero todos los seres humanos después del desarrollo puberal, vivimos este mecanismo como un estado placentero, agradable, que alimentamos con los sentidos, las fantasías, el contacto, la realidad de esa relación, etc. El cerebro, mandamás indiscutido de todo el proceso, da órdenes precisas a diversos órganos comenzando por el Sistema Nervioso, para que la RSH se desarrolle y concrete a la perfección, y así lo hace.

Claro que no siempre terminamos conformes con quien “tenemos” enfrente  o con nosotros mismos. Pero la mayoría de las veces (99%), esa disconformidad no tiene que ver con la respuesta que nos dio nuestro cuerpo, sino con expectativas que nosotros mismos generamos atento a otros factores que no están en nuestro organismo, sino fuera de él. Si nuestro compañera/o sexual no es de nuestro agrado, seguramente no estaremos satisfechos; si antes de la relación imaginamos varios orgasmos y no se lograron, tampoco… Pero en general, y a excepción de personas enfermas consciente o inconscientemente, o si estamos muy estresados o cansados, la RSH es perfecta, difícilmente el cuerpo nos traicione. Lo que lógicamente va a variar, es la adecuación a la RSH según la edad en que la analizamos.

Los juguetes vienen a reemplazar nuestras falencias a veces, o a completar nuestras fantasías otras tantas. De estos hay infinidad de tipos, desde pequeños reemplazantes del pene hasta muñecas casi humanas, hay de todo. Con o sin vibración, movimiento, sabores, sonidos, etc. Y muchas veces no sabemos cuál utilizar, cuándo y por qué lo hacemos. Entonces aparecen las discrepancias, las dudas, y tal vez la confusión. Muchas mujeres consultan porque se sienten más conformes con un vibrador, porque les genera tantos orgasmos como desean (mientras el juguete tiene pila, agrego yo), u hombres que los utilizan para conformar a una pareja exigente pero luego no pueden competir con ellos…, ya que los humanos nos agotamos en el exigido ejercicio que plantea el acto sexual, y debemos esperar un lapso para recomenzar, ya que “no tenemos pila” que nos permita continuar indefinidamente sin interrupciones de recuperación.

Y he aquí uno de los principales fenómenos que se generan en algunas parejas al utilizarlos.

Más allá de estos chiches, los dildos (así se llaman los juguetes sexuales), pueden ser utilizados en la medida que no confronten o compitan con el organismo en desventaja; un pene de plástico puede ser utilizado en un momento determinado (masturbación femenina), o una vagina artificial por el hombre. Todo vale en el sexo, mientras respetemos al otro sus deseos y gustos. Me gusta decir que no está mal ni bien usarlos, quienes prefieran hacerlo están en su derecho, pero hay que ser consciente de qué tipo de juguetes usamos, cuándo, y preguntarnos simplemente ¿por qué los usamos? Placer, fantasía, o.. ¿necesidad? Probablemente, esta última pregunta, plantee la posibilidad de alguna situación que debamos analizar.

En conclusión, nada es malo utilizado con inteligencia y cierto conocimiento de la respuesta que genera. Muchas personas prefieren los dildos a una mala compañía, otros disfrutan de los juguetes para prácticas sado, o ropas de fantasía para generar mayor diversión y creatividad en la relación. Cada uno elige. Lo importante es tener claro por qué lo hace, y qué generará ese chiche.